Mis aprendizajes con don Julio Scherer

28 enero, 2015 § Deja un comentario

Pilar López

Es un hecho que anécdotas relacionadas con Don Julio Scherer hay miles, pero yo guardo las mías desde una perspectiva incomparable y con mi gran reconocimiento hacia su personalidad: a mí me cautivaron sus formas y el fondo de sus comportamientos, además de su estilo tan subyugante y tan sugerente, que tuve la oportunidad de apreciar precisamente en Proceso.

Va un breve recuento: Yo entré a CISA-Proceso por recomendación del sacerdote jesuita Enrique Maza, quien sin casi conocerme confió en mí y me dio entrada en la revista, y desde un principio me dieron la fuente de Cultura y Espectáculos, lo que me permitió viajar a diferentes partes del país como a Guanajuato al Festival Cervantino, a Acapulco al Encuentro Internacional de Comunicación y a Veracruz a un Evento de Editorialistas, en fin… Pero la fuente daba para mucho, había que cubrir muestras cinematográficas, exposiciones de artes plásticas, presentaciones de libros, todo lo relacionado con las televisoras, con los sindicatos cinematográficos, entrevistas con personalidades de la academia, detalles de la política de medios, cultura popular -como la entrevista que me publicaron sobre Rigo Tovar-…

En un ambiente de validez y de credibilidad en el trabajo que se daba en Proceso, por ahí de los años 1980 se dio una dinámica de confianza y de compañerismo, y así en ese acogimiento de cordialidad festejamos, no recuerdo porque motivo un evento de convivencia, y en uno de los ratos de familiaridad y ya cerca de Don Julio, él se dirige a mí y me dice: ¿a ver Doña Pilar, dígame, pero en verdad dígame a que personaje le gustaría entrevistar como un hallazgo periodístico o como una conversación para la historia? Y pues, además del gusto enorme que me dio tan espontánea pregunta procedí a contestarle de inmediato, pues lo traía a flor de piel.  Pero lo importante no fue lo que lo que le conteste sino la selectividad de su preferencia, creo que fue una distinción clara a mi persona.  Y lo que le contesté fue que me hubiera gustado entrevistar al líder chino Teng Hsiao Ping, y creo que la respuesta le satisfizo, pues expresó una sonrisa de aprobación con su felicitación; y yo pensé en Hsiao Ping porque de hecho, en esa época él fue un personaje que pasó por una serie de vaivenes políticos hasta instalarse en el poder con medidas economicistas como la racionalización y  planificación económica, la liberación de empresas del control estatal y la inclusión del beneficio económico como principio básico.  No le di en aquel entonces a Don Julio tan claras y específicas razones de mi preferencia respecto a la entrevista con Hsiao Ping, pero le di a entender lo que entonces significaba esta figura para mí, que estaba en el centro de la geopolítica y lo que Don Julio claramente sabía.

Más lo sustancial de mi relación con Don Julio surge de lo siguiente: como les decía, la dinámica y el trabajo en Proceso era de equipo, además de la eficacia y la entusiasta colaboración que se daba; pero yo personalmente tenía el interés y el ojo puesto en participar en el trabajo de organización social y comunitario, por lo que el periodismo, aunque ha sido para mí siempre un atractivo y precisamente ahorita ando aquí en él, lo veía en aquel entonces como aspecto secundario. Entonces yo comencé a descender en las entregas de mi trabajo y lógicamente esto se comenzó a notar: por lo que de parte de la jefatura de información (que no vale la pena ahorita indagar) me presentó una disyuntiva: o dejaba Proceso o me bajaba de reportera de la fuente de cultura y espectáculos a la guardia.

Pensando y repensando las cosas, -además de las cuestiones económicas-, consideré lo que para muchos era solamente un despido, en cambio yo lo vi como una oportunidad: es decir, estar en la guardia implicaría estar en las oficinas cerca de mis jefes inmediatos, ya no salir a  la calle en busca de noticias.  Y como yo soy muy buena para escribir a máquina sin ver y en la guardia se requería una persona que escuchara por el teléfono lo que le dictaran los reporteros, que continuamente estaban hablando para reportar las notas y pasarlas a la agencia de Proceso, CISA; entonces el estar en Fresas N° 13, las oficinas de Proceso, que por cierto quedaba muy cerca de donde entonces vivía, fue convivir con todo el personal y además demostrar mi aptitud en el trabajo, gracias al bendito teclado el cual manejo de maravilla.

Creo que a Don Julio le llamó la atención el que no tuviera soberbia reporteril, de haberme quedado sin fuente de la noche a la mañana.Además, el haber reconocido con honestidad mis fallas en la tarea encomendada,habló a mí favor, y digo esto con toda seguridad porque aquí viene lo importante de lo que me hace sentir el aprecio, la consideración y la gratitud hacia Don Julio: y es que ya para entonces eran los finales de 1981, y se me había presentado la ocasión de trabajar en una zona indígena del país y comencé a enfilar mis baterías hacia ese proyecto, por lo que presenté mi renuncia al trabajo de Proceso, y cuál sería mi sorpresa que en una de esas me aborda Don Julio y me dice: “No se vaya Doña Pilar, no se vaya, mire, le ofrezco la fuente campesina, ¿qué le parece?” y ante su despliegue carismático, tipo órdenes de Zeus -como dice Juan Villoro-, yo la verdad me sentí perpleja, pero entonces ya estaba decidida a retirarme y me dije a mi misma “yo ya me voy”, y Don Julio me dijo “piénselo, piénselo Doña Pilar”.  Total que yo valoré el panorama y opté por el trabajo comunitario desde la plataforma indígena.

Y así ahora aquí estoy frente al teclado reviviendo una excelente etapa de mi vida que fue el magnífico Proceso, y desde aquel entonces y en un par de ocasiones me hice presente en las oficinas de la Revista, para manifestar mi agradecimiento a ese gran grupo que es el de Proceso.

Algo que no puedo olvidar y que me trae a la memoria es un referente que no he leído ni escuchado en los medios, ahora que se ha tocado el tema del periodismo y de lo que fue Don Julio Scherer, sobre todo para todos nosotros que fuimos reporteros. El asunto es, nada más y nada menos que lo relativo a  los tipos de dirección periodística que se dieron a partir de la gran ruptura que fue la salida del Excélsior.

La formación de Proceso fue el modelo inicial, el más vulnerable, el de los grandes desafíos, y a la vez el más rico en autores: periodistas, poetas, ensayistas, caricaturistas, etcétera; pero a la vez el de las cabezas y de los talentos protagónicos, por otro lado se constituye otra agrupación que pugnaba por otro proyecto, también de gran riqueza en planteamientos,no obstante con otra concepción de dirección y de mecanismos de trabajo, me refiero al de Uno más Uno, que devino luego en lo que es ahora La Jornada.

Los estilos en el periodismo, que para muchos son sólo forma, singularizan las iniciativas de trabajo y las caracterizan, y eso es algo que lo vivimos a diario quienes cubríamos las diferentes fuentes y que palpábamos en lo que estaba sucediendo día a día al investigar  las noticias, y esto nos permitía observar dos diferentes formas de concebir el trabajo periodístico.  Pero creo que esto es tema para otro artículo, que hoy solo esbozo, y a propósito de esta cuestión de la direccionalidad de la prensa y/o de los medios, cito lo  que diría Don Julio al comentarle cualquier información, reflexión o anécdota, “no me lo platique, no me lo platique, Doña Pilar, escríbalo”

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