Una Sociedad Gerontofóbica

24 septiembre, 2014 § Deja un comentario


Jorge Villalobos

Desde hace aproximadamente cinco años, el escribidor ha deambulado en varias entidades del país por bastantes oficinas de personal de empresas de comunicación y de publicidad, algunas instituciones educativas de nivel medio y superior e innumerables bolsas de trabajo, obviamente con el objeto de conseguir un empleo, ya no digamos formal y con todas las de la ley, sino un empleo que al menos permita allegarse el dinero mínimo necesario para desahogar los apremios que presenta la existencia cotidiana de este infausto presente que vivimos la inmensa mayoría de los mexicanos, sobre todo y muy marcadamente los que pasamos de los cincuenta años de edad…

Los resultados de mis pesquisas, huelga decirlo, han sido infructuosos en todo este lustro transcurrido, y no sólo eso, sino también frustrantes, al encontrarme invariablemente, con rotundas negativas que me hacen sentir una discriminación inexplicablemente feroz; y digo que es incomprensible esta actitud, ya que siempre supuse que la experiencia profesional (y existencial también) era un valioso capital, pero que en la actualidad es menospreciado y hasta ignorado por los variopintos (y bisoños) jefes de personal, directores, gerentes o mandamáses en turno. ¿A qué se debe este fenómeno social?

Hace poco tiempo apareció una estadística en una publicación nacional (1) que me puso los pelos de punta y de pasada me sumergieron en una depresión como la que, supongo, un condenado a muerte debe de experimentar al escuchar su sentencia. La información aparecida en la mencionada publicación, fue proporcionada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación en cuanto a ofertas laborales en México, y señalaba que un 90 por ciento de las vacantes laborales ofrecidas en el país, dejan fuera a los mayores de 35 años; el 10 por ciento restante de las vacantes son empleos de bajo salario que no tienen que ver con el perfil académico.

En dicho informe también se incluyen datos, más que reveladores, demoledores: de acuerdo a la Asociación Mexicana por la No Discriminación Laboral por Edad o Género, el 46 por ciento de los casos de discriminación laboral, la edad es el motivo; el 27 por ciento de los casos es la apariencia física (¡y yo que no soy guapo!), y el 10 por ciento es la preferencia u orientación sexual de la persona; amén de lo anterior y para rematar, el 81.6 por ciento de las personas mayores de 60 años carecen de prestaciones sociales; y el 63.9 por ciento de 50 a 59 años tampoco poseen prestación laboral alguna.

Ante tal situación, las voces de nuestros dichosos políticos enquistados en instancias tales como la Secretaría del Trabajo y otras apéndices más que cuelgan de ésta, o satélites de índole empresarial como las cámaras que gravitan en torno a la Coparmex, etcétera, parece no importarles el asunto (para qué, sobra la carne joven de cañón), mismo que cobra dimensiones, sin exagerar, de catástrofe humanitaria, sobre todo cuando también encontramos datos de una investigación realizada por el doctor César González González, miembro del Instituto Nacional de Geriatría; trabajo que tituló como “Participación económica y salud en la población en edades avanzadas, México 2001-2012”, donde informa que se mantienen en el mercado laboral entre el 40 y 45 por ciento de los adultos mayores, en su mayoría hombres, que siguen trabajando incluso en edades más avanzadas, algunos hasta de 80 y 85 años, que aunque en un porcentaje mínimo, es muy representativo ya que éstos no gozan de pensión, por ejemplo. A su vez el doctor ofrece un dato más que revelador: sólo uno de cada cuatro trabajadores de más de 60 años no tiene pensión.

Los adultos mayores que cuentan con trabajo formal y sus debidas prestaciones como la contribución para una pensión, son un porcentaje de 20 a 25 por ciento, únicamente, el resto tienen un empleo informal sin las prestaciones de ley y con exiguos ingresos. Si a esto le añadimos que por ser viejos padecen enfermedades crónicas, principalmente la hipertensión arterial y la diabetes, las cuales necesitan para ser tratadas de visitas al médico, la compra de medicamentos y hasta hospitalizaciones, la gran mayoría de estas personas no tiene dinero para sufragar tales gastos ya que no pudieron ahorrar a lo largo de su vida por la falta crónica de empleo o porque el dinero de sus pensiones no les alcanza.

La investigación del doctor César González concluye que para evitar que esta situación se repita en las generaciones del futuro y siga incrementándose, hace falta crear programas para la formalización del empleo, ya que en la actualidad  dos terceras partes de personas con edades entre 20 y 59 años o más, están en un empleo informal. Lo que no toma en cuenta el galeno en cuestión, es que cada vez que el gobierno, en todos sus niveles, junto con la iniciativa privada, diseñan estrategias y programas a favor de la formalización del empleo, son sólo estrategias políticas para atenuar la problemática y con ello mantener el control sobre la población y seguir medrando con el poder… no para resolver de fondo, algo que nos está ahogando paulatinamente.

Y para colocarle la cereza a este pastel, me percato a través de una nota periodística (2) aparecida precisamente el 29 de agosto, un día después en que se celebra a los adultos mayores, que el doctor José Alberto Ávila, jefe del servicio de Geriatría del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”, manifestó que México vive una “epidemia” de envejecimiento debido a que la proporción de personas mayores es superior a la población menor de cinco años… No sé si el término tan alarmante de “epidemia” sea el adecuado en la jerga médica acerca del envejecimiento de la población, pero creo que con este sustantivo la cosa se vuelve más que espantosa y no ayuda en nada para sensibilizar a nuestros gobernantes y empresarios acerca de que los “viejos” de 40, 50, 60 o más años, sean considerados como útiles portadores de experiencia y sabiduría, vitales para cualquier sociedad.

(1) REPORTEINDIGO.COM  / 9 de julio 2014

(2) “El Siglo de Torreón”  / 29 de agosto 2014

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