Repensar el lenguaje: entre el sexismo, el purismo y la inclusión

13 agosto, 2014 § Deja un comentario


Carmen Espino
(carmen.espino.rodriguez@gmail.com)

 

En la cosmovisión patriarcal, la mujer necesita ser enseñoreada por ser considerada biológica, social y culturalmente inferior al hombre. Esta idea defendida y propagada por la Iglesia y el Estado ha sido resistida y confrontada por las mujeres, a lo largo de la historia. La lucha de dominación de un género sobre el otro y la posibilidad de equidad entre éstos se ha extendido al lenguaje, ¿es posible que este desequilibrio entre géneros se dé también a través de la lengua?, ¿al hablar estamos reforzando la desigualdad entre hombres y mujeres?, ¿la mujer es invisible en el lenguaje? A tres voces se han respondido estas preguntas con la finalidad de repensar el lenguaje.

Antes de comenzar con las posiciones que dan respuesta a las preguntas anteriores, veamos cuál es la controversia. En nuestra lengua castellana, conocida como español, los sustantivos poseen géneros gramaticales, cuestión que no sucede, por ejemplo, en el idioma inglés usado por la sociedad estadounidense, igualmente patriarcal como la mexicana, en donde los sustantivos y los artículos son neutros.

En nuestro caso, la polémica se centra en el uso del género masculino para resolver las cuestiones colectivas, en donde de entrada se considera una situación androcentrista, en la que la visión del mundo y de las relaciones sociales están centradas desde el punto de vista masculino, por ejemplo: “el hombre y la Historia Universal” o “los trabajadores están luchando contra la Reforma Laboral”; en el primer ejemplo se utiliza el sustantivo para englobar también a la mujer, sin embargo la postura antagónica es que se le está invisibilizando, como si las compañeras no construyeran ni estuvieran presentes en la Historia; en el segundo caso, se hace uso de la economía para no decir “las y los trabajadores…” lo que también es considerado inequitativo, aunque no tan contundente como el primer ejemplo.

Otro caso, es el uso de los artículos de género femenino con sustantivos en masculino o con artículos y sustantivos femeninos cuando son para determinar oficios o profesiones de “baja” importancia, como por ejemplo: “la estudiante” en lugar de “la estudianta” o el uso de “la sirvienta”, “la secretaria” en vez de “la sirviente” o “la secretario”; ¿suena raro, verdad? Todos estos ejemplos entran a debatirse con el objetivo de emplear el idioma de una manera en el que se nombre lo diferente, lo silenciado; es decir, un lenguaje que no discrimine, que no excluya a ninguna persona, pero no todos están de acuerdo como lo veremos a continuación.

La primera postura es la del machismo, la del sexismo; en ésta no cabe siquiera la posibilidad de considerar que la inserción de la mujer en el mundo laboral y académico, y el reconocimiento de derechos que antes sólo eran para los hombres pueden y permiten cambios a la hora de hablar, de decir. Esta primera voz no permite modificación alguna simplemente porque se trata de las mujeres, no importa que existan neologismos en otros terrenos, como software o internet, para las mujeres nada.

La segunda postura es la del purismo en el lenguaje que está respaldada principalmente por los lingüistas de la Real Academia Española, —RAE—, al aprobar en el 2012 el informe “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”[1] realizado por Ignacio Bosque, quien también es miembro de la RAE. En el informe en cuestión se analizan nueve guías de lenguaje no sexista, realizadas en su mayoría por catedráticos de origen español, mismas que son rechazadas por contravenir las normas de la RAE y la Asociación de Academias, algunas de las normas gramaticales y numerosas guías de estilo elaboradas por diversos medios de comunicación.

El argumento de la REA recae en que si bien no hay ilegalidad en las recomendaciones que se dan sobre el uso no sexista del lenguaje, los organismos creadores de las nueve guías son incompetentes y no logran dar soluciones válidas a todos los contextos; lo importante de este argumento purista recae en que sí bien existe discriminación de la mujer en sus centros de trabajo, en la casa, en la publicidad; entre otros, son los comportamientos verbales sexistas los que la refrendan, no el uso no marcado del masculino para designar a los dos géneros. Además, acepta el desdoblamiento múltiple en ocasiones especiales, por ejemplo: —¿Cuántos hijos tienes? —Tengo una hija y un hijo; y la elección de la profesionista que quiera decir: “soy médica” en vez de “soy médico”, ambas formas reconocidas universalmente, contraviene a quienes intentan sustituir por ejemplo: “los interventores” por “quienes intervengan” ya que ambas fórmulas no son necesariamente equivalentes. Es decir, la voz purista del lenguaje establece que el respeto por la sintaxis y el correcto uso de sus normas gramaticales no son sexistas, sino el uso de frases que intentan agredir o discriminar a las mujeres como: “Hasta los acontecimientos más importantes de nuestra vida, como elegir nuestra esposa o nuestra carrera, están determinados por influencias inconscientes”, “Gente que solo busca su pan, su hembra, su fiesta en paz” o “Los ingleses prefieren el té al café, como prefieren las mujeres rubias a las morenas” pero también aclara que no es sexista utilizar “Todos los que vivimos en una ciudad grande”.

La tercer postura proviene por una parte de Instituciones gubernamentales y por la otra de colectivos y organizaciones independientes, algunas con tintes políticos y/o con ideario feminista. Esta última voz está en pro de la equidad de género y busca la inclusión de la mujer en el lenguaje. La primera parte ha creado un manual de nombre “10 recomendaciones para el uso no sexista del lenguaje”[2] en las que se destacan en gran parte las sugerencias de las guías españolas y que la RAE critica, por ejemplo, dicho manual propone sustituir “los trabajadores” por “el personal”; “será el juez el que lo determine” por “quién juzgue lo determinará”; en el último caso, la primera oración hace referencia al sujeto que tiene la facultad de determinar y en la última se habla en abstracto de quién tiene está facultad (¿puede entonces cualquier persona juzgarlo?, podría ser en todo caso “quien esté facultado para juzgar lo determinará”), por lo que, desde mi punto de vista, en muchos de los casos estás sugerencias resuelven la cuestión de género pero vuelve ambiguas o confuso lo que se quiere decir.

Otros de los casos que plantean son el desdoblamiento de los artículos, es decir: “los y las trabajadoras”, el uso de paréntesis o de diagonales: “interesadas/os” y/o “estimado/a”; lo más relevante que ataca este manual es la eliminación de la cortesía sexista, por ejemplo: “la Sra. de Pérez, la Sra. Gómez de Pérez o la Sra. Pérez” por “la Sra. Gómez”; y el uso de ciertas palabras como “mujer pública”, que en el mundo patriarcal denota que la persona en cuestión se dedica a la prostitución, y en cambio cuando se sustituye a “hombre público” significa que el sujeto interviene en la política. Por último rechaza el uso de las arrobas ya que no es un signo lingüístico. La segunda parte de esta voz suscribe las recomendaciones gubernamentales, sin embargo algunos colectivos feministas recomiendan el uso de la “x” o de la arroba para resolver la cuestión de género en el lenguaje, sin dejar de ser ultracriticadas.

Después de escuchar a tres voces cómo debe usarse el lenguaje, salta una pregunta obligada: ¿a quién le corresponde determinar qué es lo que discrimina en el lenguaje y cómo modificarlo? Como hemos hecho referencia las discusiones sobre el lenguaje no sexista se dan dentro de las universidades, en un ambiente totalmente académico, y/o bajo la institucional: el gobierno y la RAE, pero ¿estas recomendaciones trascienden en la cotidianeidad? ¿Significan en lo colectivo? A la mujer trabajadora, a la de la fábrica, la del hogar; a la que resiste en las esquinas; ¿a esas mujeres les representan estas tres posturas? ¿Se identifican, en lo colectivo, si se le incluye como “compañerxs, amigxs”?

Si entendemos que el lenguaje es un conjunto de signos verbales, escritos y señas que en un contexto determinado tienen un significado colectivo; en ese sentido ¿quiénes deben determinarlo? Esta pregunta es una invitación a repensar el lenguaje, porque no es una acción inacaba, está en movimiento, aparejada a los cambios que en la sociedad se presentan, que no nos dé miedo ser protagonistas y hacedores del lenguaje, repensemos el lenguaje para transformarlo, transformarlo en colectivo.

 

 

 Notas:

[1] http://www.rae.es/noticias/el-pleno-de-la-rae-suscribe-un-informe-del-academico-ignacio-bosque-sobre-sexismo

[2] http://www.censida.salud.gob.mx/descargas/10recomendaciones.pdf

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Repensar el lenguaje: entre el sexismo, el purismo y la inclusión en kioSco.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: