Periodismo a la mexicana

11 julio, 2014 § Deja un comentario


Jorge Villalobos

 La mayoría de los medios de “información” periodística, tanto impresos como electrónicos, particularmente la tv, no pueden alentar la democracia y la participación de la ciudadanía, ni en el actual proceso que ocurre en Coahuila ni en ningún otro proceso electoral. Y no pueden porque sólo son mecanismos de poder de poderosos cárteles políticos y empresariales.

En general la prensa mexicana, con excepciones que pronto son eliminadas por su espíritu independiente, analítico y crítico; es una instancia a modo de las clases dominantes, particularmente la de los políticos.

Quien esto escribe, tiene más de tres décadas de andar en diferentes medios de información del país, y hasta la fecha la cosa no ha cambiado mucho. Recuerdo cómo el entonces gobernador de Nuevo León, Alfonso Martínez Domínguez, movió sus tentáculos subrepticiamente para crear un periódico que apuntalara a su administración; por estas tierras coahuilenses tenemos el caso de Braulio Fernández Aguirre quien consiguió, entre otras cosas, una concesión de radio; y más reciente, Humberto Moreira o el clan Moreira, quien en estas tierras laguneras rentaron una frecuencia de radio y crearon la desaparecida empresa CoahuiltecaMedios y una publicación mensual, (que aún circula), denominada Metrópolis; esto con el evidente propósito de embalar sus políticas y tener forma de contrarrestar a oponentes ideológicos. Esto es el pan nuestro de cada día.

Por ello y sin temor a equivocarme, una buena parte de los “medios periodísticos mexicanos” fueron creados con capitales sustraídos del erario público, esto bajo complicidades políticas, comenzando por las de los gobernadores, que desde el momento en que asumen el poder suelen adquirirlos o los crean para contrapesar a medios críticos o no serviles.

Estos medios, evidentemente, no podrían subsistir sin la asignación de publicidad oficial, por vías formales y/o informales, así como la partidista en tiempos electorales. También son productores de las versiones oficiales en los ámbitos políticos, de gestión gubernamental, policial y judicial;invisibilizando al grueso de la comunidad.

Muchos de estos medios informativos tienen dueños favorecidos con contratos para proveer al sector público de productos y/o servicios, o detentar concesiones de negocios dedicados, por ejemplo a la publicidad exterior, la impresión de papelería oficial y libros, y en otros ámbitos ajenos al periodismo.

Algunos de estos medios –me consta porque he trabajado en algunos de ellos–, son “críticos” para así ejercer presión hasta que el poder político les asigna publicidad (hoy esto incluye al internet). Ante estos, sólo aparecen un puñado de otros medios informativos marginados, acosados, reprimidos o quebrados por ser independientes.

Pero no queda ahí la triste realidad. Un sistema de medios así produce periodistas que, asignados a las fuentes o sectores políticos, económicos, policiales y judiciales; cobran un porcentaje de toda la publicidad que recibe su medio de tales sectores. También se dedican a la venta de publicidad, sobre todo oficial, así como vender entrevistas, artículos y comentarios ad-hoc en sus columnas periodísticas o espacios especiales; utilizan de igual manera estos mismos espacios para hacer publicidad “encubierta”.

Cuando llegan las fiestas navideñas (o sin fiestas), reciben regalos que van desde una pluma “MontBlanc”, iPads, Lap-tops y hasta automóviles. Son también proveedores, contratistas o concesionarios del gobierno. En el caso de los que cubren fuentes policiales reciben salarios o “apoyos” de diversas dependencias; les son “asignados” vehículos que fueron requisados y hasta armas –recuerdo el caso del director de una revista en el sur del país que traía en la cajuela de su auto un fusil de asalto, que se lo había regalado el general, jefe de la zona militar–, y cubren de manera acrítica y a modo las “presentaciones” de detenidos y los operativos policiales y militares, a cambio de recibir información muchas veces sustraída ilegalmente de expedientes judiciales.

Dichos colegas, son críticos hasta que reciben prebendas del poder. De igual manera llegan a ser mensajeros del crimen organizado hacia el resto del gremio periodístico. Los que quedan, unos pocos independientes y honestos, que por ello son perseguidos y en ocasiones marginados, golpeados, desaparecidos, asesinados y/o expulsados de sus comunidades. Y hay algunos, muy pocos en realidad, que sobreviven dignamente del ejercicio de la profesión.

En estas condiciones, nadie puede llamarse a engaño. La prensa –impresa y electrónica– no está al servicio de la democracia. Los medios siempre llevarán agua a su molino. Y apoyarán al candidato que, siendo gobierno, les garantizará la libertad para seguir medrando y… jodiendo.

Con esta perspectiva, que la vislumbramos cuando jóvenes estudiantes de periodismo, la experimentamos en carne propia en la medianía y ahora maduros nos agobia, nos hace flaquear al espíritu y nos deja la sensación de que los periodistas en México estamos atrapados en un laberinto.

 

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