El grito mexicano mundialista: catarsis, pensamiento mágico, ideología y semiótica social en la palabra Puto

11 julio, 2014 § Deja un comentario


Indispensable observar el lenguaje como fenómeno social en un contexto determinado

Por Daniel Maldonado

1. Un guardameta de apellido Quevedo.

Como ente vivo cargado de una pluralidad de significados, el lenguaje no sólo desnuda el pensamiento, también nos muestra el contexto y las relaciones sociales que determinan su uso, su semántica.Necesario es recordar que en relaciones de podery en jerarquías donde la dominación se hace patente, el lenguaje se transformará en un mecanismo de catarsis ysuspensión del dominio mediante la creación de códigos de significación novedosos cuyo efecto es dar un giro invirtiendo las posiciones del subyugado y del poderoso (“Los dominados y el arte de la resistencia” de James C. Scott). Así resultará fácil comprender que el grito mundialista de los mexicanos, provocador de tantos análisis y debates, el uso de la palabra “Puto”, es explicado por el portal fanbolero.com:

«Los primeros inicios del grito dicen ser de Guadalajara, por ahí del año 2003, poco después de que Oswaldo Sánchez regresara a la ciudad a jugar con las Chivas, venía del América y antes había estado en el Atlas. Lo que se dice es que los aficionados tapatíos, principalmente los de una barra del Atlas, estaban enojados con él (por traidor) y se lo quisieron hacer saber cada que cobraba un saque de meta. Ahora, no es como que de la nada se les ocurrió, el grito de ‘puto’ se usaba desde antes, cuando se decía la alineación visitante, se escuchaba la palabra tras oír cada jugador del equipo rival, este intensificándose más con alguien que era particularmente odiado por la afición.»

Vemos que en su origen, ante la impotencia y la ofensa (real o imaginaria) realizada contra la afición por el aparato económico del espectáculo deportivo, la situación de indefensión es suplida por el grito de reclamo que evidencia la prostitución del portero; imprecación expelida, —escupida—, en cada saque de meta y acompañada de un movimiento de manos con supuesto lanzamiento de mala vibra:pensamiento mágicoal que se atribuye el poder de “ciscar” el despeje.

En algún texto del caudal analítico de este fenómeno mundialista que puso amenazas de multas a la Federación Mexicana de Futbol en el juicio de la FIFA, las cuales no procedieron, se intentó explicar el uso habitual de la palabra trayendo a la memoria el poema burlesco de Francisco de Quevedo “Desengaño de las mujeres” (“Puto es el hombre que de putas fía, / y puto el que sus gustos apetece; / puto es el estipendio que se ofrece / en pago de su puta compañía. // Puto es el gusto y puta la alegría / que el rato putaril nos encarece; / y yo diré que es puto a quien parece / que no sois puta vos, señora mía. // Más llámenme a mi puto enamorado, / si al cabo para puta no os dejare; / y como puto muera yo quemado, // si de otras tales putas me pagare; / porque las putas graves son costosas, / y las putillas viles, afrentosas.”).Esta comparación es, si no pueril, ingenua: obligatorio es recordar como Quevedo le da el significado y la intención satírica mientras que el grito mundialista ha llevado la palabra hacia un nuevo campo semántico de interpretación social enclaustrada y emergida desde las canchas, una situación específica de origen traspapelado por el uso ritual. La palabra se ha transformado: de un insulto que aún porta elementos de  trasfondo ideológico; un término despectivo, homofóbico y misógino ha pasado a ser un ejercicio elemental de catarsis en el ritual de choque de fuerzas que representa el futbol. Baste recordar que el ineludible Juan Villoro ha definido a este deportecomo “un sistema de representación del mundo” en el más reciente libro “Balón dividido”.

2. El insulto como expresión ideológica.

El tema de la ideología tendría que ser uno de los principales materiales de estudio. Quienes nos interesamos a profundidad en ello realizamos una distinción entre el sentido habitual de la palabra “ideología” como conjunto o sistema de ideas, cualquier discurso o doctrina particular (ideario político: “su ideología es de izquierda”, frase representando un contrasentido) y otro, el que nos interesa, donde se constituye y se desmonta la superestructuraexistente: elreflejo invertido en las ideas dominantes emanadas de un sistema de producción;esas ideas a la vez justifican, explican y mantienen falsamente un orden social y económico (esto es la ideología): “sensibilidades, ilusiones, modos de pensar y concepciones de vida diversos y configurados de un modo peculiar. La clase entera los crea y los configura a partir de sus bases materiales y de las correspondientes relaciones sociales. El individuo aislado, a quien se los imbuye la tradición y la educación, puede imaginarse que son los móviles genuinos y el punto de partida de su conducta” (“El 18 Brumario”, Marx, citado por Luis Villoro en “El concepto de ideología”).Para explicarlo sin tanta bruma conceptual, y recordando la famosa frase donde se nos dice que en un entorno determinado las ideas dominantes son las pertenecientes a la clase dominante,pongo,en el ejemplo que nos ocupa, el carácter desigual existente entrelas cuestiones del sexo masculino, femenino y de posturas diversas (homosexual, transgénero, etcétera)donde lo masculino es lo dominante emanado de una relación patriarcal y lo femenino una expresión de vasallaje. Así, la justificación de fuerza contra debilidad nos llevará a expresiones culturales que refuercen los estereotipos y abonen, de manera encubierta, a la persistencia de la desigualdad y a la suposición de un falso carácter “eterno e inamovible” en ello (“siempre han existido ricos y pobres” es otro ejemplo de pensamiento ideológico que se desmantela si estudiamos las diversas relaciones económicas presentes en la historia). No es gratuito que insultos como “nena”, “jotillo”, “floripondio”, “morrita”, “lilo”, “mujercito”, y más, estén ligados a unas condiciones sociales en las que la misoginia, el machismo, la homofobia y la intoleranciason la constante. Baste ver el más reciente reporte de Sin Embargo donde se nos informa como México es uno de los países del mundo donde se perpetran más agresiones físicas contra los homosexuales, sin olvidar el machismo atávico y el carácter conservador-doble moralista de gran parte de la sociedad mexicana que asocia la debilidad a lo femenino, y que constituye como insulto el evidenciar la transgresión de un supuesto orden establecido (a las mujeres homosexuales se les tilda insultándolas con la palabra “machorra”, encasillamiento de prejuicios respecto a lo masculino). Así la palabra “Puto” resulta, en su contexto original y en lo actual subterráneo, una expresión de condiciones de machismo y desprecio y agresión a la pluralidad y a lo individual, una forma de evidenciar relaciones de poder que desprecian y dan menor valor a lo que cuestiona y pone en jaque un orden ideologizado.Esto, insisto, subyace en la palabra aunque en el ritual deportivo vaya adquiriendo otra semiótica social ampliada en su alcance por los medios de comunicación, grandes portavoces y pilares de la expresión ideológica.

3. Triunfo del pensamiento mágico:Si cierro los ojos en los penales, no nos meterán gol. Si grito ¡Puto! y muevo las manos, el saque de meta fallará.

El ritual del grito de “Puto” acompañado del movimiento de manos “lanza vibras”, transforma el insulto en interjección y le otorga lo que M.A.K. Halliday denomina “potencial de significado”:transformación del sistema lingüístico como componente esencial del sistema social, es decir, el lenguaje explicado según los términos de la función representando características de la interacción humana (En el libro “El lenguaje como semiótica social. La interpretación social del lenguaje y del significado”).Esto nos lleva a observar que en el entorno futbolístico la palabra Puto ha trastocado su origen de insulto para sumarse a la innumerable cantidad de rituales portadores del pensamiento mágico, infantil y elemental, que el juego como relación social detona.

Tal como reza el lugar común, el grito de Puto y el movimiento de las manos llegaron para quedarse y han trascendido el entorno y el contexto nacional.Como en el caso del lenguaje sexista, la discriminación, las relaciones económicas y otros aspectos sociales de inequidad existente, es prioritario recordar que no es la transformación de las ideas lo que detonará los cambios de la estructura social, (la prohibición del grito no transformaría las condiciones que lo generaron, ni la supuesta discriminación que se le atribuyó)es mediante la práctica como se crítica a la ideología y por medio de lo cual se llega a la transformación de las relaciones socioeconómicas que generan su sistema de ideas, por esto la ideología pone tanto hincapié en el individualismo y en la catarsis grupal: el individuo se enclaustra en su mentalidad enajenándose de lo que lo rodea, se intoxica de optimismo y pensamiento mágico;mientras que la colectividad tienen el consuelo y la oportunidad de expulsar todas las pasiones soterradas y obtener un sentido mediante el rito sacralizado.

Ahora ya nohay que esperar hasta desgañitarse con el grito de Gol:Encada saque de meta el aficionado estalla con la catarsis del grito de ¡Puto! y la satisfacción adictiva del rito recreado.

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