Consejos prácticos para la libertad de expresión

11 julio, 2014 § Deja un comentario


El deber ser del reportero: sin compromiso social, el discurso se convierte en una caja sin resonancia

Lilia Ovalle

Para los jóvenes que están a un paso de concluir la carrera de Periodismo o Ciencias de la Comunicación, se podría suponer,han quedado claras a través de la revisión de manuales y de los propios códigos deontológicos, las formas a que deberán sujetartanto su conducta profesional, como losgéneros en la confección de los productos periodísticos que desarrollen en su desempeño laboral.

Sin embargo,dichos recetarios reporteriles, avocados a desarrollar un estilo, distinguir géneros y razonar tópicos gramaticales, no contemplan el rubro del compromiso social ni asumen que el ejercicio periodístico, como cualquier otro, puede medir o considerar utilidad, en este caso pública.

Como guía de conducta, precisan los códigos deontológicos, fundamentos generales que regulan el comportamiento de los informadores, con el objetivo de mejorar el tratamiento informativo de algunas de las cuestiones sociales de mayor actualidad.

Sus recomendaciones no aplican sólo a los profesionales sino incluso a estudiantes y consisten respetar la verdad, investigar los hechos que se expondrán, perseguir la objetividad vía contraste de hechos y consulta de fuentes diversas, así como la distinción entre información y opinión, lo que anula de tajo que el reportero exponga su opinión directa ante un hecho de interés público.

Finalmente los códigos discurren también sobre la rectificación de información considerada errónea o falsa, mediante la publicación de una fe de errata, que está visto en la práctica, en variadas ocasiones se publica al mismo tamaño de letra aplicada en los seguros de vida o en los clausulados bancarios que pudieran afectar al cuentahabiente, (es decir, las inmortales letras chiquitas); esto para proteger el prestigio de la empresa periodística que cometió el error, aún por encima del daño social o patrimonial ocasionado a un particular.

El útero vacío que le dio la vuelta al mundo

Ejemplos sobre cómo no se respetan en la práctica periodística los códigos deontológicos sobran, pero centraré la atención sobre un caso que dio la vuelta al mundo tras darse a conocer en medios informativos locales y nacionales.

A finales de abril de 2012,empresas como Televisa, Grupo Reforma, Proceso y Noticias MVS, a través de sus corresponsales(que en su mayoría duplican la información al trabajar en losmedios de comunicación estatales), informaron sobre la existencia de Karla Pérez Castañeda, mujer de 32 años y originaria de Arteaga, Coahuila, de quien se afirmó, se encontraba gestando nueve hijos.

La noticia inmediatamente corrió a través de las redes sociales, lo que logró captar a su vez el interés de agencias informativas internacionales. En la confección de la historia, no pocos reporteros destacaron la condición de pobreza de la mujer: esposa de un joven empleado en una vulcanizadora, dijeron, era madre ya de un niño de cuatro años de edad y de trillizos que aseveraron, habían nacido medio año atrás.

Otros comunicadores, buscando el filo emotivo de la historia, sumaron y proyectaron la cantidad de pañales y botes de fórmula láctea que consumirían semanalmente los recién nacidos, de los cuales pormenorizaron, serían tres hombres y seis mujeres. E incluso en algunos casos, particularmente en las televisoras locales, se inició una campaña solicitando apoyo y cuestionando a su vez, el abandono por omisión que ejercían las autoridades sanitarias.

Para obtener información los reporteros acudieron directamente a la casa de la mujer, quien contó la historia ante la presencia de un funcionario médico del DIF local. Y aunque jamás vieron físicamente a los hijos de Karla, aceptaron su existencia cuando ésta les mostró una fotografía de los trillizos.

No pasaron ni veinticuatro horas para que los enviados extranjeros arribaran a tierras coahuilenses, pero la noticia había dado un vuelco de 180 grados. En una rueda de prensa ofrecida el 27 de abril, la Secretaría de Salud Estatal desmintió el embarazo múltiple y reiteró que la mujer tampoco había parido trillizos; sólo Grupo Reforma llegó a esta conclusión cuando su reportero, verificando el dicho de la mujer, rastreó la fotografía, logrando ubicarla en un portal de internet editado en Alemania.

¿Qué ocurrió entonces con los comunicadores? En primera instancia podríamos pensar que los reporteros jamás preguntaron el nombre del ginecólogo de Karla Pérez Castañeda y, si lo hicieron, no insistieron lo suficiente toda vez que no les interesó verificar la información a sazón de ser los más rápidos y poder adjudicarse una noticia exclusiva. De ahí también el peligro de intentar manejar información “en tiempo real” a través de las redes sociales.

El escándalo cobró notoriedad mundial dejando en este caso en evidencia el nulo profesionalismo de los comunicadores y sus empresas que, ante la sobreexposición a que fueron sujetos, dieron continuidad a la noticia, ejerciendo esta vez opiniones personales y aplicando adjetivos calificativos, peyorativos, para argumentar que la mujer padecía de sus facultades mentales.

Es decir, una mujer que padecía afectaciones emocionales reveló sin proponérselo, una verdad insoslayable: los trabajadores y las empresas de comunicación no verifican, no investigan, no cruzan información, no son objetivos, no consultan fuentes, no distinguen entre opinión e información y, el colmo, no están acostumbrados a emitir una fe de erratas.

Sólo un medio local, Agencia Infonor, ofreció una disculpa a sus lectores en tanto que ningún reportero fue suspendido o despedido.Lo demás fue intentar volver a su zona de confort lo más rápido posible, ensañándose con la mujer que los evidenció, insistiendo en que estaba loca.

Compromiso social del reportero

Si se logran evadir los códigos deontológicos en su totalidad, ¿resultaría entonces inaceptable aplicar filtros, aún más comunes, que permitieran al reportero aceptar que tiene implícito en su ejercicio un compromiso y una obligación social? Yo no lo creo. Sin compromiso social, el discurso periodístico se convierte en una caja vacía, sin resonancia.

Si todo es medible en términos cualitativos y cuantitativos, y en cualquier proceso laboral o de producción existen mecanismos que permiten proyectar utilidades, el caso del periodismo no debiera ser la excepción.

Incluso en conceptos como el amor, del cual se conciben ideas subjetivas o triviales, la utilidad es medible; el amor debe ser ante todo pragmático y permitir a sus poseedores, ser consecuentes. Si los padres dicen amar a sus hijos, deben procurar su bienestar; deben estar atentos a sus necesidades, educarlos en una cultura de respeto y sobre todo, proveerlos de herramientas que les permitan llegar a una madurez sana y equilibrada.

Los filtros socráticos

Al compartir en las redes sociales algunos consejos prácticos para la libertad de expresión, filtros socráticos que consisten en apegarse a la verdad, la bondad y la utilidad, cuatro personas, entre ellas tres de oficio periodistas, aprobaron la idea. Ya saben, (los que conocen esto del Facebook), la clásica manita con el pulgar al cielo. No obstante los filtros alcanzaron un punto de debate interesante toda vez que José Lupe González, desaprobó la idea refiriendo justamente la existencia de códigos deontológicos y estatutos de redacción. (José Lupe está preparando un texto sobre el tema de la utilidad periodística/de la difusión de la información, para la edición de agosto de kioSco).

Su idea partió de explicar como reportero: “Si descubro que algo es verdad, como periodista jamás estaré obligado a saber si es útil o inútil a los consumidores de información o noticias, ni a los poderes legales o fácticos”, situación que además consideró, escapa a la labor periodística. Además agregó que el periodismo no se caracteriza ni deberá caracterizarse jamás, por ser bondadoso o dar a conocer sólo información o noticias buenas.

En primera instancia los filtros me parecen prácticos y los tres aplicables. En el primero, no creo que exista objeción alguna. En cuanto a si es algo bueno lo que se dirá, justamente no creo que sea el reflejo de un eslogan del presidente Vicente Fox, que afirmaba que las buenas noticias también son noticia. De cualquier forma, este filtro puede ser obviado y continuar con el último, que generó mayor debate.

En el caso de la utilidad, estoy segura que el reportero más modesto, puede hacer algunos pronósticos sobre el resultado que tendrá alguna de sus investigaciones. El problema del narcotráfico ha dejado clara esta posición, proporcionalmente a la inversa, ya que en el publicar información considerada sensible, el periodista literalmente se arriesga a perder la vida. Es decir, no es fortuito que reporteros que cubrían la fuente policíaca en esta región hayan renunciado, al proyectar posibles afectaciones personales.

A veces la utilidad derivada de la confección de un material periodístico es justamente dar a conocer un hecho inédito, o en revelar una situación socialmente inaceptable. Cierto que el reportero directamente no modificará una realidad concreta, pero si su trabajo es realizado con compromiso social, podría propiciar que los ciudadanos, partidos políticos y funcionarios públicos hicieran su tarea.

 

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