Gabriel García Márquez y su ejercicio periodístico

7 mayo, 2014 § Deja un comentario


Mónica Perla Hernández

Gabriel García Márquez, siempre mantuvo esa simbiosis entre la literatura y el periodismo, lo cual le valió darle a sus novelas verosimilitud, una característica que es indispensable en los textos periodísticos.

El Gabo como lo conocen sus lectores ahora huérfanos de su presencia física, pero no de su obra, se formó como periodista en las cátedras ambulatorias de una redacción, que en ese entonces no era un área silenciosa, ni de especialistas, como ocurre en muchas redacciones en los últimos años.

Para él, la importancia de la formación del reportero tenía que ver con la pasión por el oficio, de ahí que concluyera que alguien que no podía hablar las 24 horas sobre éste, no tenía en realidad madera para dedicarse a hacer periodismo.

Sobre su simbiosis, basten dos ejemplos, sus novelas Relato de un náufrago y Crónicas de un secuestro, dan cuenta del rigor que requiere una historia en la prensa, de los factores como novedad, hazaña, conflicto, prominencia, proximidad, actualidad, entre otros.

Y esos textos o el de Crónica de una muerte anunciada, dan cuenta de la multiplicidad de fuentes a las cuales el reportero debe recurrir a fin de entregar como él dijo, no la nota de forma más rápida, sino la mejor nota, la más confiable.

El amor del Gabo al que calificó como el mejor oficio del mundo, quedó en sus obras como la edición de Textos Costeños, en los cuales hay escritos donde firmaba como Septimus, inspirado en el personaje de la señora Dalloway de la novela de Virginia Woolf.

El colombiano nacido en Aracataca siempre destacó que la ética siempre debía seguir al periodista como moscardón y que la lectura en la formación de quienes nos dedicamos a este oficio debe ser una adicción laboral. Los reporteros carentes de esta adicción dan cuenta en sus trabajos deficientes y carentes de vocabulario.

Sostener el oficio con ese adjetivo del mejor del mundo era una tarea en la cual Gabo, se esmeró y dio cuenta fiel con su prosa, en Memoria de mis putas tristes, el personaje principal es un reportero.

Con su muerte ocurrida el pasado jueves santo, medios de comunicación como Etiqueta Negra de Perú, recordó con algunos textos su paso por las redacciones periodísticas, mientras otros medios como ocurrió con Televisa, a unos minutos de su fallecimiento, le dio por recordar que uno de los amigos de Gabo fue Fidel Castro Ruz, y otros medios como Proceso hablaron de los silencios que tuvo frente a situaciones de carácter político. Baste decir que el premio nobel de literatura 1982, nunca negó a sus amigos y estuvo convencido de declararse un ser simpatizante de la izquierda, lo cual le valió tener que exiliarse en la década de los sesentas a nuestro país, ante los señalamientos de que tenía nexos con la guerrilla del M19.

Y en ese momento crítico, él no perdió el estilo de la réplica periodística y mediante un escrito de este tipo, aclaró todos los señalamientos que se hacían sobre su salida en algunos medios colombianos.

El colombiano que decidió vivir en nuestro país, fue un hombre que nunca negó a sus amigos, aunque estos fueran personajes polémicos, ya citamos el caso de Fidel Castro-cuya corona fúnebre para Gabo fue destacada en más de una imagen mediática-, ahora citaremos el de Jacobo Zabludovsky, quien en opinión de algunos no debió ser parte de su círculo de amigos, y para con quien el premio nobel siempre fue obsequioso.

Y aunque son más conocidas y leídas sus novelas en diferentes partes del mundo, sus textos periodísticos también son prolijos, de ello dan cuenta los cuatro tomos sobre sus trabajos desde mediados de los años cincuenta hasta los años noventa, se han compendiado sus trabajos.

Defensor del reportaje como el máximo género, a través de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), el padre del realismo mágico siempre defendió la permanencia de este género en los diarios de Latinoamérica, y alertó de que durante los últimos años los periódicos han ido relegando este género periodístico.

Conocido por su carácter siempre afable, sobre el cual se han contado diversas anécdotas y también por su humildad, hay escasas escenas donde se haga referencia de descortesía o de molestia, una de estas es la que narró el cronista Julio Villanueva Chang. El director de  la revista Etiqueta Negra se encontró con García Márquez, cuando este visitó al periodista polaco, Ryszard Kapuscinski, durante un taller que éste último impartía, y le preguntó que le había parecido su crónica  García Márquez va al dentista, y su respuesta fue que su odontólogo se había excedido en lo que le contó al periodista peruano, y se fue. El texto esboza que el Gabo padecía de cáncer.

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