Cien años de eternidad inmortal

7 mayo, 2014 § Deja un comentario

Aquella tarde frente al parque de los evangelios…

Rodolfo Guzmán

En la carrera en que andan los periodistas debe haber un minuto de silencio para reflexionar sobre la enorme responsabilidad que tienen.
Gabriel García Márquez

El mejor oficio del mundo se quedó el mes pasado sin su principal impulsor y promotor contemporáneo, sin embargo su legado perdurará entre los que siempre busquen la noticia mejor trabajada y no la más rápida. Y es que Gabriel García Márquez siempre defendió que las obras escritas emanadas de la labor periodística también eran literatura, pues aseguró que no bastaba escribir con datos duros sino con creatividad, es decir, recrear la atmósfera de los hechos y la motivación de sus protagonistas.

En ese sentido, vale la pena recordar el discurso que rindió durante una asamblea internacional en octubre de 1996 y que al analizarse nos confirma que hoy más que nunca el periodismo necesita reformarse: “Los periódicos han priorizado el equipamiento material e industrial, pero han invertido muy poco en la formación de los periodistas. La calidad de la noticia se ha perdido por culpa de la competencia, la rapidez y la magnificación de la primicia”, asegura en el escrito intitulado El mejor oficio del mundo.

En el mismo, relata la manera en que en las primeras décadas del siglo pasado los periodistas tenían su formación más importante en las redacciones y aunque no existían juntas formales entre reporteros y jefes de información había una comunidad entre ellos. Así también afirma que la columna vertebral del oficio no eran los editorialistas como se pensaba sino los reporteros, quienes eran los generadores de información y carecían en su mayoría de una formación profesional.

“Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo…”, reza el escrito que también cita como ejemplo a Alberto Lleras Camargo, quien ejerció el trabajo sin siquiera tener una formación de bachiller y que alcanzó también la presidencia de Colombia.

De tal forma, García Márquez ascendió, como el mismo se nombró, de escritor de textos editoriales al grado más alto de reportero raso. Quizá otra de las cosas que destaca ese discurso es la crítica que el colombiano hace de las escuelas de periodismo y sus egresados, de éstos últimos afirmó que la mayoría carece de vocación y está desvinculado del contexto social en que habitan.

“Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida”, reza el discurso disponible en cientos de portales de Internet.

El Premio Nobel de Literatura fue la prueba viviente de que el mejor reportero se forma con empirismo y no por teoría, pues comenzó a los 19 años en el ejercicio de la labor cuando él mismo se catalogó como el peor estudiante de derecho. Sin embargo, el periodista no se detuvo ahí y siguió con las cátedras del oficio en diversas presentaciones, publicaciones, foros y entrevistas.

Tenía claro que la ética y la práctica son dos virtudes que van de la mano para los reporteros, lo cual afirmaba no es frecuente ver en los que hoy ejercen esa labor. En ese sentido, hablaba de que los trabajadores de este gremio suelen escudar su información en fuentes anónimas que no pueden ser reveladas y que en algunas ocasiones resultan ser falsas.

“Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre -y que en realidad no existen-, o la de supuestos observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes, porque nos atrincheramos en nuestro derecho de no revelar la fuente… otras tantas que avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad sino por falta de dominio profesional.”, pronunció en el discurso inaugural de la primera actividad de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.

García Márquez defendió que el género rey del periodismo debía ser siempre el reportaje, ya que ofrece al lector una aproximación de cómo sucedieron los hechos noticiosos. Según el periodista Miguel Ángel Bastenier, quien un par de días después de la muerte de colombiano publicó una columna en el diario español El País, ahora más que nunca las redacciones necesitan un Gabo.

En el texto titulado: El escritor de periódicos, el columnista asegura que la prensa tanto impresa como digital sufre una embestida de comunicación contra la información. “Y en tan azarosos momentos haría más falta que nunca un Gabo en cada redacción, para que nos recuerde en qué consiste eso del periodismo. Pero escritores de periódico y periodistas no se prodigan”, afirma.

En ese sentido, la explicación del columnista es que García Márquez sabía perfectamente que el periodismo necesitaba historias con personalización, protagonistas y visibilización, así como narrativa. Es decir, todo lo que debe recibir el lector para sentirse dentro de las historias.

Otra cosa peculiar del colombiano era su desprecio por el género de la entrevista, ya que en tiempos recientes consideró que su ejercicio era muy convencional y los entrevistadores dejaron “el amor de lado”.

“Las entrevistas son como el amor: se necesitan por lo menos dos personas para hacerlas, y solo salen bien si esas dos personas se quieren. De lo contrario, el resultado será un sartal del preguntas y respuestas de las cuales puede salir un hijo en el peor de los casos, pero jamás saldrá un buen recuerdo”, afirmó.

A decir del escritor, una de las cosas que propició la perversión de dicho género periodístico fue la aparición de las grabadoras, ya que con ellas pueden grabarse las palabras que dicen los declarantes, sin embargo no captan su esencia y para eso la libreta apuntes es lo ideal.

 

Su labor como periodista

La labor de Gabriel García Márquez en los diarios comenzó cuando tenía 20 años de edad y publicaba cuentos y poesía en el periódico El Espectador. Según la información disponible en diversos portales de Internet alusivos a la vida del literato, su labor periodística inició en 1948, cuando fue asesinado el candidato presidencial del partido liberal Jorge Gaitán y surgió la era de violencia conocida como Bogotazo. En ese entonces, Gabo radicó en Cartagena y el diario El Universal le ofreció una columna diaria.

Dos años después, luego incursionar con la columna Punto y Aparte, el escritor se mudó a Barranquilla, donde siguió con labor reporteril y editorialista con artículos firmados con el sobrenombre de Septimus. Posteriormente, el escritor regresó a Bogota e ingresó a El Espectador. En 1955 publicó para ese diario uno de sus reportajes más conocidos, Relato de un náufrago, el cual polemizó al gobierno de esa nación que era encabezado por Gustavo Rojas.

Dicho material provocó que el diario exiliara a Gabo a Paris, ya que la investigación exponía la historia del único sobreviviente de una tripulación que presuntamente desapareció a causa de una tormenta en el mar caribe.

Sin embargo la conversación con el personaje reveló que la nave de carga llevaba carga de contrabando  y no fue un fenómeno natural lo que causó la perdición de los trabajadores.

Entre otros trabajos que García Márquez ejerció está la dirección de la agencia de noticias Prensa Latina en Cuba, la edición en México de las revistas La Familia y Sucesos para todos. También publicó su obra periodística en el diario español El País, donde ejerció su labor de 1979 a 2007.

Sin embargo, Gabo no se limitó solamente a escribir y decidió retribuirle algo al mejor oficio del mundo y, junto con otros colegas, fundó la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano a mediados de la década de los noventa.

Y consiste en un proyecto educativo internacional enfocado a la reflexión, los debates y la experimentación de laboratorio sobre el oficio que tanto quería, a decir de Jaime Abello Banfi, director actual del organismo. Por su parte, García Márquez argumentó: “la Fundación no entrega diplomas o certificados a quienes participan en sus talleres. La vida se encargará de decir quién sirve y quién no sirve”.

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