Las posibilidades de una cultura ecológica y del desarrollo sustentable

3 abril, 2014 § Deja un comentario

Indispensable cambiar las dinámicas sociales respecto a la ecología apoyándose en campañas de concienciación con alto impacto mediático

 

Por Daniel Maldonado

 La conformación de la línea de producción y la brusquedad del modelo consumista que desde finales del siglo XIX se instauró inundan, desde la segunda década del siglo XX, el mercado con una saturación de productos innecesarios. Estos productos, aunados a una cultura de lo desechable y del consumo incesante resultan en una enorme y apabullante cantidad de basura producida y en una explotación de los recursos naturales que amenazan la vida de las comunidades e incluso de la misma raza humana.

Puede parecer apocalíptico pero en los hechos nuestro modelo económico devora y devasta la ecología en beneficio del corporativismo local, nacional e internacional. Si usted revisa sus hábitos cotidianos se dará cuenta de la gran cantidad de basura que produce y del modo irracional en el que se desperdician tanto energéticos como los materiales vitales como el agua.

Sólo por poner un ejemplo note cómo si usted va a desayunar a algún lugar de comida rápida su producto estará envuelto en un papel, luego en un envase desechable, además será puesto en una bolsa y los agregados (popotes, servilletas, cubiertos, salsas, condimentos, etcétera) estarán también envasados de manera individual; así sea en un negocio callejero de gorditas el consumo de alimentos implica el desperdicio de varios productos cuya vida útil será de sólo unos minutos para convertirse en una enorme cantidad de basura que tardará cientos de años en degradarse. Hablamos de la producción cotidiana de basura no sólo de envases, sino de la mencionada cultura de lo desechable: carecemos de conciencia acerca del fin que tendrán los desechos, sólo los arrojamos a los depósitos y luego sacamos estos a la calle para que el servicio de limpieza se encargue de ellos, así desaparecen de nuestra conciencia.

Esta irracional y perjudicial producción de basura debe ser combatida con una restructuración de las dinámicas sociales respecto al uso y reutilización de los recursos: el bombardeo mediático de campañas ecológicas ha logrado insertarse en el imaginario colectivo con acciones como la ochentera “Amanda, ciérrale”, respecto al cuidado del agua en el Distrito Federal y “gota a gota el agua se agota”, aplicada durante los años noventa, por poner un par de ejemplos. Si comenzáramos un bombardeo mediático y cruzadas con campañas de reciclaje y cuidado de los recursos no sólo dejaríamos de denominar “desechables” a los objetos utilizados habitualmente; podríamos llamarlos “reutilizables” e influir para que sean reusados de la mayor forma posible y dejemos de convertir en basura tal cantidad de platos, vasos y recipientes cuya vida útil es muchísimo mayor a los pocos minutos o días que ahora se le otorgan. Todo recipiente de plástico o vidrio puede ser reutilizado reciclado en varias ocasiones en nuestros hogares o negocios para luego reciclarlo.

Tengo pegado en el refrigerador el “Decálogo del buen uso del agua”, una decena de consejos útiles para no desperdiciar el “vital líquido” (hermoso, certero e inigualable lugar común) impreso por el Sistema Municipal de Aguas y Saneamiento y su departamento de Cultura del Agua. Por desgracia este decálogo no tiene presencia mediática ni una difusión masiva ni se habla del grave riesgo y la amenaza presentes en la sobrexplotación de los acuíferos. El hecho de conocer la propuesta gubernamental del alcalde Miguel Riquelme de abrir más pozos como respuesta a la falta de agua significa profundizar, en los diversos sentidos de la palabra, la explotación masiva de un recurso natural no renovable, al menos en nuestra región semidesértica, en vez de buscar modos de contrarrestar el destino de sequía, aumento de enfermedades relacionadas con el consumo de arsénico y metales pesados y el insalvable éxodo masivo que en verdad y en silencio nos amenaza.

Ante la inconsciencia dominante y una idiosincrasia que nos hace creer que “vencimos al desierto”, -cuando en los hechos el desarrollo industrial y la creación de presas hizo que el territorio desértico aumentara- pareciera un alarmismo el tener en el pensamiento nuestra situación respecto a la ecología. El escenario es de verdadera alarma y la sobrexplotación del agua y los recursos en beneficio de algunas familias y personas dueñas de industrias y tierras de cultivo condena a la región. Recordemos que ningún desarrollo económico puede sostenerse en un territorio carente de recursos naturales.

 No sólo se trata de emplear y aprovechar la producción de basura para crear una industria basada en el reciclaje, el impulso al autocultivo, el uso de energías alternativas – la solar y la eólica las principales en nuestra región– y formas de cuidar el agua, que al final terminarían concesionadas a particulares dado el carácter privatizador del modelo económico, aspecto que podría aprovecharse desde lo municipal para la obtención y aplicación de recursos públicos tal como resulta el ejemplo de Islandia y los Países Bajos, que incluso se quedaron sin basura para reciclar y tienen que conseguirla en otras naciones.

Desde lo ciudadano es prioritario organizarnos, exigir, fomentar y aplicar cambios en las dinámicas sociales dado que Torreón y la Comarca, por ejemplo, han rebasado en días recientes los niveles de contaminación del aire. Esta información pasa desapercibida pero sus efectos los constatamos en el aumento de enfermedades respiratorias y cancerígenas. Es necesario impulsar campañas respecto al uso de los vehículos y la cultura vial y la forma en la que afectan o contrarrestan el entorno –mayor impulso al uso de la bicicleta–.

Si bien existen voces y asociaciones muy reconocidas que con frecuencia nos hablan de estos aspectos de la ecología, tendríamos que evidenciar el carácter impostergable del cuidado de los recursos y hacer muy patente la amenaza ecológica en la que nos encontramos y la ineludible y prioritaria necesidad de contrarrestarla. Si las campañas mediáticas de pánico moral y de amenazas ficticias han probado ser tan efectivas; tratándose de un peligro real resulta ineludible comenzar a aplicarlas. El futuro de la región se encuentra bajo el filo de la espada y la mayoría de sus habitantes, hasta no padecer los problemas, deja a un lado su ceguera. Si usted lee la “Crónica de Caracas” de Gabriel García Márquez, podrá constatar la tragedia y las transformaciones que resultan de la sequía en una ciudad. Al menos en Caracas la sequía se soluciona gracias a la lluvia. En nuestra comarca, cuyo nivel de lluvia es ínfimo, esa salida es inviable. Debemos impulsar con urgencia muchas otras.

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