Actuación desde la sociedad en los entornos e instituciones culturales, un reto presente y un área de oportunidad

2 marzo, 2014 § Deja un comentario

El arte, la educación y la cultura podrían ser un gran motor para el desarrollo de la Comarca Lagunera

Por Daniel Maldonado

Ante el gatopardismo de las instituciones de cultura en la Comarca Lagunera, en las que todo cambia para persistir en una madeja burocrática al amparo de los intereses políticos, personales y grupales, la adhesión y exclusión basada en simpatías y antipatías, las actividades de relumbrón, elitismo o de signo populista con fines partidistas, sin olvidar las perjudiciales ocurrencias y la simulación (Gómez Palacio como “ciudad lectora”); el papel de los actores de la sociedad, tanto en organizaciones independientes como en gremios de creadores; es la de conformar mecanismos de trabajo y presión a través de proyectos y acciones institucionales e independientes para derrotar las taras que arrastra el entorno cultural lagunero: poco seguimiento de proyectos a corto y largo plazo, ausencia de creación de públicos, marginalidad de los creadores, desaprovechamiento de espacios públicos y privados, carencias formativas y de profesionalización, pauperización educativa, extinción de la memoria histórica ante la desaparición de edificios y desaprovechamiento de lugares existentes, poca inclusión de sectores marginados con proyectos culturales y económicos, desaprovechamiento de recursos públicos; además de los enunciados líneas arriba y otros identificados en los habituales reportes de diagnósticos.

Al hablar de cultura no me refiero sólo al entorno de las bellas artes sino al de las expresiones de todo tipo que conforman la identidad y la expresión de la vida lagunera en su pluralidad. Ahora que se habla de la reconstrucción del tejido social a través del arte, la educación y la cultura, cuando se han dado recursos económicos de monto histórico, que esperemos no terminen en las campañas de las elecciones más cercanas como suele suceder (hay una relación entre el aumento al presupuesto de la Dirección de la Juventud y el que su titular haya dejado el puesto para ser precandidata, por ejemplo, o el hecho de que los recursos destinados a proyectos para combatir la violencia serán manejados directamente por los departamentos gubernamentales); ahora que como en la administración pasada de Torreón nos traen conferencias y charlas de colombianos y personajes de instituciones para ejemplificar el modo en que a corto y largo plazo se transforma un entorno; ahora que se conjuga el arte y la educación en un Instituto municipal de la ciudad de Torreón y ante todas esas condiciones, se presenta una conjunción de factores que, de existir la voluntad política de ciudadanos, empresarios, medios de comunicación, instituciones, creadores y organizaciones independientes, nos otorgaría como ciudad y como región las posibilidades de transformarnos en un espacio con alta expresión cultural, de industrias culturales fuertes y espacios que conseguirían reconocimiento en el ámbito nacional e internacional como ha sucedido de manera aislada. Si aprovecháramos la situación geográfica de la Comarca Lagunera (ser el punto nodal en el delta de las rutas hacia el norte del país), nuestra región podría detonar un potencial cultural no sólo turístico, sino fincado en las ya reconocidas capacidades de sus creadores y ciudadanos, la cultura del trabajo y la forma en la que se sortean obstáculos.

Cuando uno se ve inmerso en el entorno cultural, tanto de las bellas artes como de las expresiones cotidianas, se da cuenta de que es prioritario nivelar ambos campos: dejar a un lado la burbuja elitista del mundillo del arte y sus veleidades, no despreciar las diversas funciones de lo popular, y saber reconocer las carencias que las instituciones no han sabido o querido eliminar, ya sea por su dinámica al servicio del partido en el poder en turno, por su falta de presupuesto y por la visión corta o los intereses de quienes las encabezan. (Si es verdad lo publicado en la columna “Verdades y rumores” de El Siglo de Torreón acerca de “Laguna, yo te quiero”, esa supuesta organización emanada de la comunidad, con enfoque hacia acciones de impacto social, no es más que el disfraz de las ambiciones de un joven político ligado al PRI, una manipulación de la voluntad social para fines particulares de una carrera política).

Las preguntas principales son qué hacer, cuáles expresiones pueden identificarse y potenciarse para combinar la educación enfocándola al desarrollo social, la liberación de la conciencia, la educación en el civismo, el humanismo y la participación, sin olvidar la concepción de una dinámica en la que se engarce la diversidad de expresiones.

Si ya existe una cantidad de diagnósticos y planes, si quienes han visitado la ciudad nos han dado ejemplos adaptables, sólo faltaría la voluntad y una suma de esfuerzos que podrían aplicarlos, como otra vía de acción e incluso de adhesión, las áreas encargadas de cultura en los partidos políticos y las asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales, siempre dándole prioridad a la labor y creación de bases: desde la instauración de cines itinerantes que entremezclen el cine de tono social con el de entretenimiento; la identificación y estímulo a expresiones juveniles como el grafiti, el hip hop, las artes circenses, los grupos musicales de diversos géneros, los bailes populares, el deporte en todas sus vertientes; y la creación de comunidad no sólo aprovechando las redes asistencialistas que ahora se utilizan para la compra y coacción del voto mediante el reparto de despensas –que en una visión no paternalista ni de lucro electoral con la pobreza tendría que llevar proyectos productivos en lugar de la mera limosna del apoyo–; se podría, en el caso de las expresiones culturales, concebir signos de identidad barrial mediante el impulso al mural grafitero; la transformación gráfica de la memoria popular con la decoración de fachadas y la pintura en las casas; llevar hojas volantes, cuentacuentos, jóvenes malabaristas y artistas callejeros, teatro y danza popular a las plazas de las colonias generando una dinámica de hábito-costumbre-tradición semejante a lo que acontece en barrios del Distrito Federal donde semanal, quincenal o mensualmente se reúnen para bailar en las plazas, vender productos relacionados con el baile y fomentar el comercio de antojitos, comidas típicas – explosión de cultura gastronómica–, entre otros productos, lo que concibe la solidificación de la identidad barrial. Sería plausible transformar los centros educativos en centros comunitarios de cultura a los que se llevaran talleres diversos y que terminaran como parte integral e influyente de su comunidad con actividades extracurriculares.

Uno de los grandes problemas de las actividades culturales es la falta de públicos, a menos de que se le dé una gran difusión mediática centrándose en lo llamativo de la farándula, la gente por desconocimiento no asiste a las actividades culturales, siempre vemos a las mismas personas y rara vez se crean públicos. En las charlas de fomento a la lectura que brindo en primarias, secundarias y preparatorias, no sólo me topo con los prejuicios habituales respecto al libro y la lectura; atestiguo el desconocimiento general de los calendarios de actividades, la ignorancia acerca de los grupos diversos que existen y de los creadores en general; también noto un intenso afán de conocer y darse cuenta de las actividades para asistir a ellas.

Si se hiciera un banco de datos de escuelas primarias, secundarias y preparatorias, públicas y privadas, y se otorgaran a los encargados de difusión los calendarios que se dan en ruedas de prensa cada mes, sin olvidar el seguimiento, los públicos juveniles (la mayor parte de la población gracias al bono demográfico) tendrían conocimiento de las actividades y asistirían a ellas.

Aquí tendrían que modificarse tanto los horarios de las actividades debido a las dificultades que representa el clima comarcano, así como el transporte público: a pesar de la recuperación paulatina de la vida nocturna, el transporte sigue representando un gran impedimento no sólo para los trabajadores que terminan sus turnos vespertinos o entran al nocturno, sino para los habitantes de una región en la que ya resulta inconcebible que los camiones dejen de circular a las diez de la noche, dado el crecimiento de la mancha urbana. Los costos de las actividades también tendrían que ser reformados dándole prioridad a la atracción masiva en lugar del lucro, mayores descuentos para estudiantes, profesores y personas de la tercera edad, y promociones atractivas.

Prioritario resulta, ahora que se ha creado un área gubernamental de Comunicación Educativa, el que la presencia mediática se detone y se vuelva un bombardeo cotidiano con un programa televisivo y radiofónico, con cobertura en internet y redes sociales que cubran las actividades e informen acerca de lo que se presentará cada semana. Ahora sólo se da cabida a las fotos de sociales y se anuncian con premura o demasiada antelación las actividades. El presupuesto no puede ser un pretexto: sólo hay que ver cómo hacen las asociaciones religiosas para tener a diario programas en los que fomentan la asistencia y captación de personas a sus congregaciones e imitar ese modelo. Por lo menos se pueden producir cápsulas y utilizar los espacios de tiempos oficiales, lo que se ha hecho sin continuidad ni permanencia.

Cuando han existido carteleras culturales en la región, ya sea por esfuerzos privados o institucionales, éstas carecen de una distribución efectiva. Si se concibiera la base de datos de instituciones educativas se tendría la posibilidad de hacer llegar esas carteleras a muchísimos jóvenes y a sus familias y que el impacto fuera efectivo, pues como sabemos quienes asistimos a teatros, bibliotecas y demás recintos de la mal llamada “alta cultura” (elitismo que tendría que ser devastado aumentando la presencia en lo cotidiano y combinándolo con lo popular), las carteleras permanecen allí empolvándose o terminan en la basura.

En la Laguna existe también la poca valoración por el pago al trabajo artístico y por el pago al trabajo en general; no sólo es un asunto de modelo socioeconómico de capitalismo salvaje neoliberal; aún persiste la idea de que la creación de cultura es un territorio sólo de entretenimiento o pasatiempo, no una labor ni una profesión vital, trabajo cuya gratuidad es malentendida como obligatoria: como si los creadores y los artistas en general no tuvieran la vocación, el desempeño y la subsistencia a través de la expresión.

Esto se debe al poco contacto cotidiano y al mencionado modelo cuya ideología transforma a la vida en mercancía y a la expresión humana del arte en mero simulacro improductivo. La cohesión de los artistas en asociaciones, gremios y colectivos podría ir rompiendo esta perjudicial dinámica en la que se pide trabajar gratis, como si un mariachi no cobrara por su presentación o como si le dijéramos a un plomero que nos haga una reparación por amor al arte o por ampliar su currículum, o por el privilegio del espacio, tal como se engaña a los estudiantes en algunos medios de comunicación en los que sorteando una tableta o un aparato electrónico se garantiza llenar las planas de colaboraciones gratuitas.

Por supuesto que todo lo anterior y muchas ideas más que pueden ser aplicables, son sólo plausibles en un entorno y escenario en el que se transformaran muchas voluntades y se dejaran a un lado los intereses políticos y económicos, lo que por desgracia no está presente en la Comarca. Es como si quisiéramos que una fábrica donde existen esclavos de facto hiciera conscientes a sus explotados de la explotación existente.

Ni los políticos y personajes encargados de la cultura, en su mayoría, tienen la voluntad ni la capacidad para encaminar la transformación del entorno (demasiado ocupados están en asumir una postura que les reditúe cotos de poder, posiciones políticas y el encabezar centros culturales o de formación artística), ni los medios ni los empresarios están dispuestos a ceder sus cuotas de poder dado que el lucro y la adquisición económica antepone el interés particular al general, la devastación del entorno a la ganancia, el lucro con la pobreza a la creación de comunidad y ciudadanía y la eliminación de la pobreza, sin olvidar la permanencia de un estado de cosas perjudicial que condena el futuro de la región.

Serán sólo las acciones desde la sociedad organizada las que harán un contrapeso a esta dinámica y las que abrirán posibilidades de desarrollo y transformación de una región con gran potencial cultural, ecológico –faltaría hablar de la carencia de una cultura de la sustentabilidad– y una diversidad que bien potenciada haría reconocer a la región lagunera como un crisol en gran ebullición.

Sólo recordemos cuando existían los festivales de los grupos étnicos y lo que tantas vertientes posibilitarían como expresiones culturales populares; también el hecho de ser región de baile y cumbia, de creadores con gran talento que lo potencian debido a la necesidad de abrirse paso en un páramo carente de instituciones formativas, y tanta riqueza inmaterial cuya veta está desaprovechada y que hay que empezar a detonar con fuerza (esfuerzos aislados aunque notorios ya existen, por fortuna) para evitar la perspectiva de condena y extinción que la información dura vaticina. Nos encontramos en un tiempo propicio, no lo desperdiciemos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Actuación desde la sociedad en los entornos e instituciones culturales, un reto presente y un área de oportunidad en kioSco.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: