Mediazapping

16 enero, 2014 § Deja un comentario

Un recorrido por diversas apreciaciones mediáticas

Por Daniel Maldonado (dems64@hotmail.com)

Responsabilidad por omisión. Desde hace unos meses he notado el modo en que se da una diferencia entre la señal análoga y digital de televisión en los canales de Televisa: mientras que en la señal digital recibida autoprogramando cualquier televisor de pantalla plana se transmiten segmentos políticos de partidos denominados de izquierda, al sintonizar el mismo canal en la señal análoga lo que se recibe en cualquier televisor en esos momentos son promocionales de música, deportes, programas y segmentos de propaganda gubernamental de institutos federales, tal como sucede con la sustitución de publicidad nacional en el tiempo de los informativos locales.

Esto resulta notorio cuando distinguimos la omisión informativa de segmentos como el que se estuvo transmitiendo durante el mes de diciembre respecto a la Reforma Energética y el deterioro histórico que provocará. En este espot de varios minutos de duración, signado por el Partido de la Revolución Democrática, se difunde la opción de reforma que el partido presentó y que busca convertir a la paraestatal en motor del desarrollo nacional eliminando las fallas actuales de corrupción y malos manejos –tan bien documentadas en el libro “El cártel negro, cómo el crimen organizado se ha apoderado de Pemex” (Grijalbo-proceso, 2012), investigación pormenorizada de la reconocida periodista Ana Lilia Pérez; reportajes que le llevaron a pedir asilo político en el extranjero debido a las amenazas de los políticos evidenciados, principalmente del panista Juan Bueno Torio–.  

La sustitución de contenidos en el ámbito de la señal difundida en el ámbito local también se ve trastocada por la enajenante repetición de telenovelas y programas de entretenimiento idiotizante. Ocultar información y crear percepciones distorsionadas es uno de los fines ideológicos de los medios masivos presentes en el país, dado que los dueños de las grandes empresas tienen participación mediática en publicidad y en los consejos administrativos de las televisoras; pero la omisión y sustitución de propaganda gubernamental oficial, sobre todo la concerniente a la exhibición de los vicios sistémicos y los daños en aumento a la población, constituyen un delito o una contradicción entre la legislación federal y estatal cuya responsabilidad se lleva en la omisión y en la ya de por sí empobrecida capacidad informativa de la televisión.

Agrego que la sustitución del contenido también se da con los espots de Movimiento ciudadano y del Partido del Trabajo. Ante la sociedad teledirigida no importa que se tenga la colaboración de políticos de algunos miembros de estos partidos hacia el poder en turno: se explota hasta lo ineludible el dominio mediático.

“Por eso mejor contrato el cable o escucho la radio”. Hace tiempo que pienso en el término “televisión de paga” y en el aumento en el consumo de este servicio. ¿Pagar por ver televisión?, ¿no sería mejor tener una diversidad en la señal abierta que supliera este gasto en ese entretenimiento dominante o aún mejor: buscar otras vías para transitar el tiempo libre o tener una televisión pública de alcance nacional, productoras independientes, canales comunitarios?

Existen fotografías de hogares mexicanos sumergidos en la miseria dentro de colonias marginales que ostentan –las casas de cartón y materiales endebles– su antena individual de televisión de paga. Este modo en el que se ha disparado el consumo de televisión de paga en el último año no se debe sólo al aumento de opciones en competencia por el mercado; otro de los factores es la misérrima calidad de los contenidos existentes en la televisión abierta, la uniformidad de los mismos y sobre todo la inundación publicitaria que fatiga dentro y fuera de los programas transmitidos.

Hay algo curioso en estos servicios de relativo bajo costo: la ausencia de canales culturales como Once TV y Canal 22 u otras televisoras internacionales dedicadas a la difusión de cultura. La mayoría de los canales son de entretenimiento o deportes o la mezcla de ambos en el llamado “infotainment”. Una sociedad neuroplastificada, que ha recibido un bombardeo mediático desde la infancia se transforma en una sociedad adicta a los medios audiovisuales (¿Es su primera actividad matutina prender la televisión?, ¿lo despierta la alarma de la radio?, ¿Revisa las redes sociales mucho antes de abandonar la modorra e incluso antes de despertar por completo, ya no digamos antes de ir al baño?).

El ensayista mexicano Naief Yehya en su libro “Pornocultura, el espectro de la violencia sexualizada en los medios” (Tusquets, 2013) explica en el último capítulo cómo la producción de dopamina en el cerebro está asociada a la búsqueda de estímulos placenteros, a la anticipación y al deseo más que al placer mismo: “la incertidumbre de la recompensa es más estimulante para la segregación de dopamina que la certeza, lo que explica la adicción a los juegos de azar”, escribe. ¿Será esta espera ante estímulos novedosos lo que nos lleva a estar cambiando constantemente de canal entre las decenas o cientos de opciones en la televisión de paga, a canjear el canal a pesar de haber encontrado algo que pueda obtener la brevedad de nuestra atención, siempre dispuesta al estímulo de la búsqueda concretada en la sorpresa del hallazgo?

Algo similar sucede con internet y las redes sociales, el autor comenta: “Internet podría describirse como un inmenso sistema de recompensa y gratificación instantáneas. Cualquier búsqueda e interacción puede ser satisfecha en segundos; sin embargo, buscar información en la web es un proceso sin fin, en buena medida por su propia estructura y por los hipervínculos que conectan una idea con otra, así como por los pasajes entre dimensiones o formidables pies de página que cuentan nuevas historias y nos mantienen en un feliz vagabundeo entre diversos intereses.

Lo mismo sucede con las comunicaciones personales, ya sean textos, correos electrónicos o en las redes sociales, su inmediatez nos lleva a revisar continuamente los buzones de llegada con la esperanza de encontrar nuevos mensajes, lo que nos mantiene en un estado de expectación permanente. Todo esto se traduce en secreción de dopamina y dado que lo impredecible estimula poderosamente el sistema, entonces este parece encontrarse siempre activo, lo que finalmente se refleja en agotamiento, incapacidad de concentrarse, síndrome de deficiencia de atención y frustración constante ante la monotonía de una realidad lenta y con pocas recompensas”.

 

De lo reaccionario y conservador como discurso dominante (comentario redux). No sólo existe una postura conservadora y progobiernista en la barra de Azteca Opinión (transmitida de lunes a viernes de las cero a la primera hora cada noche y retransmitida en Proyecto 40 a diario cerca de las 10:00 p.m.) en la que los comentaristas abiertamente piden linchamientos de movimientos sociales, aplauden decisiones y (contra) reformas dañinas para el país, hacen entrevistas serviles, defensas de personajes políticos de trayectorias criminales, y por supuesto dan espacio a una o dos voces críticas para dar la idea de pluralidad.

El discurso progobierno y a favor de los grandes empresarios que rapiñan el país se reitera en los diversos canales de televisión, en radiodifusoras en las opiniones de las direcciones de los noticieros (a pesar de que pocos de los noticieros puedan tener un estilo crítico y de análisis centrado como lo hace el celebrable informativo “Trayecto” de noticieros GREM, conducido por Manuel Serrato y Miguel Espino y que se transmite de una a tres de la tarde en la frecuencia del 91.1 de FM, noticiero salpimentado con comentarios distantes del arrodillamiento y la zalamería ante figuras gubernamentales acostumbrada por quienes conducen en Grupo Radio Estéreo Mayrán), en la mayoría de los espacios informativos, en la infinidad de pequeñas publicaciones que circulan sólo en las dependencias gubernamentales, en puestos de revistas y en internet.

También contribuye a sustentarlo la ausencia de los temas políticos en las radios universitarias (otrora lugar donde se estimulaba el carácter crítico y combativo de la juventud, ahora botín político de los partidos dominantes y de la visión de la sociedad como empresa privada; sin olvidar la infantilización de los universitarios, hecho que se nota en las deficiencias de muchos de los aprendices de locutores que participan en Radio Universidad de la Universidad Autónoma de Coahuila en 89.5 FM –si “audioactivan sus ideas” como lo dice su eslógan, deberían “audioactivarlas” en verdad teniendo cuidado con sus capacidades lingüísticas aumentándolas junto con sus conocimientos a profundidad de los temas procurados dentro y fuera del aire, además del profesionalismo para no cometer y exhibir tantas imprecisiones y un vocabulario cercano a lo balbuceante–; en contrapeso diré que la pluralidad presente en la estación, la algarabía y la diversidad sonora y temática es algo que los cuadrantes tenían pendiente desde hace años y Radio Universidad, con todo y sus fallas producto de la inexperiencia y evidente mala preparación y compromiso de los alumnos, es de las pocas deliciosas y vivificantes opciones con verdadera diversidad existente junto a Frecuencia UAL en el 98.7 FM) así como en la radio pública de Radio Torreón, que ahora es una mera repetidora del dominio comercial en lo que a música y contenidos se refiere –cuánto se añoran los tiempos en que portaba la batuta de esa estación Rocío Mícher y cuánto daño le hizo a la estación Armando Cobián–.

Hay que agregar que el discurso reaccionario y conservador dominante se refleja en una sociedad inmóvil, incapaz de organizarse, egoísta, enajenada, antisolidaria, individualista, enfocada en lo material, temerosa de cualquier idea que signifique una agresión a la comodidad, antiprogresista, doblemoralista, sumida en la falsa armonía de lo devastador, ignorante y ajena a reconocer los males de su entorno, paternalista, censuradora y satanizadora de la protesta y de la organización social en busca del bien común; una sociedad ignorante que opta por el silencio y el dejar hacer y dejar pasar abusos y arbitrariedades antes de tomar las riendas de su existencia histórica.

El discurso conservador y reaccionario da sustenta a explicaciones que volatilizan la coincidencia entre el discurso y la realidad circundante. Como suele acontecer, a pesar de este remachamiento ideológico el peso de lo real se impone y la adquisición de una mayor conciencia social, ya no digamos de clase, sino sólo de la circunstancia propia en los ámbitos en que nos desenvolvemos, se puede dar mediante la creación y la procuración de nuevos métodos ciudadanos informativos y la pluralidad existente en internet y redes sociales, sin olvidar salir a las calles explotando medios pequeños y comprometidos con el bien común, como arenal de contrapesos al dominio y bombardeo constante ejercido por el monstruo mediático.

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