Cartografías imposibles (Clásicos de ayer)

5 diciembre, 2013 § Deja un comentario


Por Antonio Constantino

 El público exige limpieza y técnica, pienso que es un fallo pero hay que hacerlo así: el público se fija mucho más en una técnica rápida, en una técnica limpia, en la facilidad de dedos. Lo más importante para mí es lo que el artista expresa a través de estos dedos, pero el público exige limpieza y hay que estar muy preparado para ello
Paco de Lucía

Homero fue el primer poeta de Occidente, la Iliada y la Odisea fueron escritos entre los siglos VIII y IX antes de Cristo, en su tiempo no se tienen referencias de otros que escribieran, y su obra es la primera que conservó la tradición oral por medio de la escritura, y obviamente esa tradición oral pertenece al pueblo, eran los cantos que entonaban los aedos, cantantes griegos.

Dante y Cervantes alimentaron la fábula, el cortejo fúnebre de los días de quienes en su cotidianidad no encontraban suficiente vena, y estos universales de cualquier época en su momento fueron coloquiales, no inventaron nada, usaron palabras tangibles y ordinarias.

Dante escribió su obra cumbre, La Divina Comedia, en pleno Medioevo, en toscano, la lengua del vulgo, para ser leída por el mayor número de personas; Cervantes rompió el esquema de su tiempo, no el lenguaje, sino el esquema, la forma de abordar el texto, con el Quijote nace la novela moderna, una nueva forma de escribir, que a pesar del tiempo sigue siendo nueva e insuperable, probablemente él no sabía que su obra sería la referencia obligada de la lengua castellana más de 4 siglos después, y definitivamente no la escribió para un grupito de intelectuales.

Es obvio que para aquel entonces no mucha gente sabía leer, por lo que en esa época tener “muchos lectores” es bastante relativo; aun así, había textos especializados a los que sólo tenía acceso un grupo pequeño de personas, por ejemplo los miembros del clero y había textos que eran de dominio público, es decir, para el que supiera leer; tanto Dante como Cervantes escribieron para este público.

Luego, por fortuna, llegaron Desbordes-Valmore, Rimbaud (quien sí rompió el lenguaje, con elegancia, no con un machacado absurdo del  idioma y de manera párvula, aquí nace la poesía contemporánea), Laforgue, Baudelaire, Mallarmé, a mostrar con su cinismo que las reglas y fórmulas retóricas, aunque los académicos se enfaden, no son indispensables, que pueden ser un estorbo, que detienen si se anteponen a la naturalidad, si atentan contra el significado exacto de lo que el escritor pretende, ellos conocían las formas clásicas. Baudelaire y Mallarmé hicieron sonetos pero la temática era lo que los volvía contemporáneos.

Aquí la cuestión es ¿qué ocurre actualmente con las letras?, ¿son los llamados “de rompimiento”, tratando de no generalizar, el futuro inmediato de las nuevas generaciones o solamente como yo lo afirmo: una panda de pobres, lastimosos, una enorme masa de payasos que se dan la razón entre ellos mientras los realmente valiosos prefieren escribir y no perder el tiempo figurando?

Kerouac solía burlarse de la rutina, de llevar una existencia enfermiza y sustentarse

por medio de un empleo común, viajaba por donde le fuera posible haciendo amistad con quien estuviera dispuesto a darle alojamiento, medios para seguir su camino, rayando a mi gusto en la apariencia de alguien que no puede en un entorno real encontrar poesía, vivencia, que debe arrastrar su espíritu ante una sociedad entera con tal de sentir que tiene algo propio cuando hace lo mismo que todos: ulular en su pose.

Bukowski, en cambio, dentro de su desquiciante forma de vida muerta, apostando a los caballos, ebrio en tugurios y eventos atestados de miseria neuronal, era capaz de encontrar poesía, cosas dignas de resaltarse, sin la necesidad de que otros lo aprobaran o corrigieran, tomando en cuenta elementos “normales”, colores cotidianos.

Hoy los escritores van a encuentros, imparten talleres, figuran, beben whisky o mezcal, se toman fotos con seguidoras de galería o con colegiales ansiosos, escuchan cumbia y heavy metal para decirse open mind, acuden a cantinas de arrabales cuando andan con sus camaradas, se hospedan en hoteles cinco estrellas en eventos “literarios” de difusión nacional, sin que nada de esto sea malo, pero tampoco implica calidad de obra a criterio de cada lector, sino en mi pensar, únicamente modas de nuestro tiempo.

Lo que pregunto es ¿acaso las modas de hoy serán los clásicos del mañana con sus absurdos ripios “intencionales” porque quienes los ejercen no aspiran a más (lo cual aseguro sin lugar a dudas)?, ¿serán recordados quienes tras sus papeleras prefieren escribir a figurar por doquier?, ¿falta mucho para que los de “rompimiento” admitan que no pueden romper nada porque todos escriben igual y han creado no una escuela sino una resignación a sus posibilidades para hacer de cuenta que los clásicos se quedaron en su tiempo cuando en realidad son la prueba irrebatible de que lo auténtico siempre ha estado por encima de la faramalla?

Algo que a través de la historia se muestra irrefutable ha sido que prevalecen las formas naturales de la obra, considero que el futuro de las letras está en donde siempre: en los escritorios y partituras de quienes escriben, en ningún otro lado.

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