Ineficiencia, simulación y pobres resultados en el área de literatura de la DMC

3 octubre, 2013 § 2 comentarios

La tarea del escritor Carlos Velázquez marcada por el abandono de sus responsabilidades

Por Daniel Maldonado (dems64@hotmail.com)

Hace algunos años en estas páginas, atrincherado en la máscara del pseudónimo, el escritor Carlos Velázquez realizó fuertes críticas a la labor editorial de la Dirección Municipal de Cultura de Torreón, (DMC), en ese entonces encabezada por la panista Gabriela Nava. En ellas comentaba con su habitual aspereza las decisiones respecto a libros publicados y a la ayuda otorgada a personajes del entorno literario. Por obra y gracia de las adhesiones al priísmo, el en otra época feroz crítico Velázquez fue nombrado coordinador del departamento de literatura, puesto hasta entonces inexistente, creado por la entonces  directora de cultura, Norma González, quien dejó a la mitad de la gestión su cargo para buscar una diputación. Aclaro que este texto no es un ataque a la persona o a la entretenida, meritoria y reconocida obra escrita del autor; quien suele concebir como agresiones la crítica, el análisis y el infranqueable comentario sobre su trabajo literario y los ahora famélicos resultados en el área a su cargo. El examen a las particularidades de su obra, la pericia lingüística y las fallas estructurales merecerían un texto aparte.

Tuve la oportunidad de atestiguar y padecer de cerca, junto con otros escritores, el paso de Velázquez por el área de literatura, tránsito cuyos notorios signos fueron los de la incompetencia, la simulación y el ausentismo. Al realizar un balance de las actividades del departamento a su cargo nos daremos cuenta que se careció de un programa o plan mínimo: la mayoría fueron ocurrencias del escritor viajero, diligencias sin continuidad alguna que dejaron en mal con los creadores a la ya de por sí malparada DMC.

Velázquez comenzó creando dos actividades que se suponía tendrían una trascendencia inigualable: la cátedra Enriqueta Ochoa y el Diplomado en creación literaria. La cátedra sólo se realizó el primer año de la administración. Se gastaron varias decenas de miles de pesos en traer al escritor colombiano Fernando Vallejo –uno de los ídolos literarios del coordinador– para que inaugurara la cátedra con una exposición. Si bien el colombiano donó el monto a una de las asociaciones pro-animales a las que acostumbra apoyar, ese despilfarro pudo haberse utilizado en las siempre pendientes acciones de efectivo y trascendente impacto social de la literatura comarcana, deseo que Velázquez comentó hace años a quien esto escribe; frase que terminó siendo un aborto de voluntades.

La actividad consistió en escuchar al colombiano repetir algunos datos de su obra La puta de Babilonia y pasar a una polémica que terminó en firma de libros. Fue como si se hubieran pagado miles de pesos por un audiolibro en vivo. El coordinador aprovechó esta visita para realizarle una entrevista a su ídolo, publicarla y hacerla participar en un concurso de periodismo obteniendo el premio. La presencia del colombiano así como la cátedra resultaron intrascendentes y de nulo impacto en el estado y fomento de la literatura en la comarca.

Ese primer año gracias a la publicación de su libro La Biblia vaquera, comenzaron los continuos viajes del coordinador para presentar la obra en diversas ciudades del país. No es admisible que un escritor deje sus funciones burocráticas ausentándose con gran frecuencia para cumplir con sus compromisos literarios, mucho menos cuando exhibe ese ausentismo y su irresponsabilidad en las diversas columnas que publica dejando registro de ello en las redes sociales y en periódicos diversos. Estos viajes impactaron al Diplomado en creación literaria, un esfuerzo formativo sabatino que duró dos años de pena sin gloria. En él se seleccionó a una veintena de personas interesadas en desarrollar sus habilidades en la escritura. La distinción luego fue dejada a un lado cuando se empezó a incorporar a varios elementos que entraron sin pasar por la evaluación y que se retiraron tiempo después. A consecuencia de los viajes de Velázquez, quienes participamos como profesores (Saúl Rosales, Yohan Uribe, Daniel Herrera y su servidor) por invitación del escritor padecimos el descuido y la nula atención del coordinador. Yo entré a dar la clase de poesía después de que el escritor Carlos Reyes se retirara aduciendo causas personales. En ese entonces yo tenía decidido dejar de tener tratos con la DMC, pero la necesidad económica y la insistencia de Velázquez pudieron más. (Todas las veces que he participado en actividades de las dependencias culturales han sido por invitación, jamás he optado por tocar esas puertas).

Debido a la negligencia del coordinador hacia los profesores, terminó supervisándonos la contadora de la DMC mientras él seguía en la promoción de su obra. Si el diplomado llegó al final, con poco más de una cuarta parte de los que entraron, fue por el esfuerzo e interés de los profesores y los alumnos. En ese entonces, tras el conflicto de un año respecto a las rígidas exigencias en los documentos para obtener el pago, después de la exhibición en notas periodísticas de tal arbitrariedad impulsada por el encargado de las finanzas del ayuntamiento, Chávez Rosique; su servidor recibió un comentario en boca del coordinador de literatura quien señaló cómo la administración de Norma González me tenía marcado por ser “demasiado pejista”. Como si en lugar de un pago por el trabajo, retribuido con recursos públicos emanados de nuestros impuestos, se comprara la  conciencia, el voto de silencio o la nulidad crítica; como si el propietario de los recursos públicos fuera el partido en el poder, la administración en turno y no los habitantes a los que los impuestos deben retornar en forma de servicios, uno de ellos la cultura. Soy de la idea de que es indispensable terminar con el paternalismo, ejercer la crítica y la autocrítica y hasta gritar la soga en la casa del ahorcado.

El conflicto concluyó con menos requerimientos para el pago aunque permaneció espaciado el estipendio bajo las veleidades de la contabilidad municipal, terreno sin injerencia de la DMC. El diplomado concluyó ajeno a la presencia y atención de Velázquez, quien siguió viajando a encuentros de escritores y presentaciones amparado por la omisión de Norma González. Se suponía que los alumnos del diplomado obtendrían al finalizarlo un reconocimiento emitido por una universidad local. Jamás se nos invitó a los profesores a ceremonia de graduación alguna e ignoro si tal documento fue tramitado. La irresponsabilidad de Velázquez era enorme en ese entonces e iba a superarla.

Al año siguiente, tras la fallida campaña electoral de Norma González y en un año en el que se suspendieron las actividades gracias a una arbitraria interpretación de la ley, el escritor Jaime Muñoz Vargas tomó la dirección de la dependencia. Mucha gente pensó que se desharía de la presencia de un elemento caracterizado por el trato grosero, el ausentismo y los malos resultados. En palabras de Jaime Muñoz “no llegué a tanto y le asigné otras tareas”. Aunque se rumoró que a Velázquez lo protegía algún encumbrado personaje del Partido Revolucionario Institucional. Sólo así podría explicarse tal permanencia. En ese entonces se incorporó a la DMC la editora Ruth Castro, quizás para suplir lo que el coordinador no realizaba.

Otros de los hechos suscitados durante la administración fueron la suspensión durante dos años del premio nacional de poesía Enriqueta Ochoa; la negación de apoyo al escritor Julio César Félix, uno de los personajes que más promueve la literatura comarcana,  se presume que por tener conflicto personal con Velázquez no fue auxiliado; la nula creación de lectores y la escasa difusión de la literatura, no sólo en el entorno local sino además en los resultados de la convocatoria Caza de letras –emitida sólo un año–, donde sólo se publicaron cuatro libros y una selección de narrativa de Francisco Amparán en convenio con la editorial Jus. A pesar de ser obsequiados en cada una de las presentaciones no se les dio mayor promoción que el insertarlas en un mercado nacional caracterizado por el bajo consumo de libros. El precio de los libros no resulta accesible para el ciudadano promedio. El impacto en la población torreonense resultó nulo.

Notoria fue la ausencia del coordinador de literatura cuando se nos invitó a escritores y periodistas a participar en el proyecto de la Colección Trayectorias (la creación de esbozos biográficos de personajes importantes para la cultura lagunera, 500 ejemplares de cada cuadernillo que se presentan y son obsequiados desde hace un par de meses), charla a cargo de Muñoz Vargas y Ruth Castro; proyecto en el que al final no participé debido a que jamás se me pagó la presentación del libro Cosmonauta, pues Velázquez alegó que al ser profesor del diplomado no podría tener algún trámite extra en contabilidad. La retribución por el esbozo habría significado abultar los obesos conflictos con el departamento contable municipal (desde inicio de año 2013, año electoral en el municipio, se argumentó la falta de presupuesto y se cancelaron talleres pero se mantuvo al coordinador en nómina; conociendo la falta de retribución, por fraternidad con Jaime Muñoz, otros escritores y personajes más presentamos libros durante este año sin recibir pago ¿cuántas de esas actividades habrían sido cubiertas si en lugar de pagarle a un elemento ineficiente, durante un año se hubieran aprovechado los recursos?).

Otro problema se dio con los citados talleres de literatura y con los de artes en general, a los que los mismos conductores debíamos de dar promoción a pesar de existir en la DMC un encargado de ello. No hubo la mínima intervención para que se efectuara. Los talleres de literatura tampoco tuvieron la supervisión, el cuidado o la mínima atención del coordinador, quien para entonces sólo efectuaba espaciadas presentaciones de libros editados por Tierra Adentro. La falta de atención a su trabajo burocrático llego al punto en que Velázquez permaneció, según lo dice en una columna ligada en su perfil de Facebook, un mes en España este año revisando la edición de su libro de crónicas. Otro de los perjuicios lo constituyó la disminución en el monto del pago por presentaciones de libros: debido a la presunta intervención de Velázquez disminuyó casi a la mitad y fue restablecido tras la llegada de Muñoz Vargas.

Si preguntáramos al personal de la DMC y a otros autores y creadores su opinión acerca del tránsito de Carlos Velázquez en la coordinación de literatura (el nombre del escritor ha sido omitido en las páginas legales de las últimas publicaciones), tendríamos un anecdotario de vicios burocráticos. Incluso la conciencia del escritor acerca de sus fallas le hizo expresar como saludo a un músico, conocido común, la sorpresa sigilosa enclaustrada en la frase “aún no me han corrido”. Como si esperara como consecuencia, finalmente no acontecida, ese hecho. El coordinador podrá argumentar haber obtenido “logros” en su área pero el peso de los hechos, la evaluación que realizamos los creadores y la intrascendencia de su paso lo desmentirán.

Por el bien de la literatura comarcana, por el bien del desarrollo artístico y la cultura, exijamos que personajes como Carlos Velázquez no permanezcan ni se presenten en la administración que está por iniciar encabezada por Renata Chapa. La experiencia muestra que lo requerido son gestores culturales a cargo de las áreas administrativas más que creadores para los que la obra propia resultará prioritaria. Indispensable resulta evitar a los personajes que perpetuarán, por omisión, falta de capacidad, franca pereza, intereses personales o actitud acomodaticia, la mediocridad e intrascendencia de las dependencias gubernamentales. Sirva esta administración como ejemplo del escritor quien en su momento fue mordaz crítico y al arribar a las funciones que fustigaba terminó cayendo en lo que reconvenía, incluso ejemplificando e incrementando lo que Ramón López Velarde llamó “las ineptitudes de la inepta cultura”.

Un reporte pormenorizado de actividades y resultados, sería la mejor réplica.

§ 2 respuestas a Ineficiencia, simulación y pobres resultados en el área de literatura de la DMC

  • Sobre la gestión de Carlos Velázquez hay comentarios encontrados, pero sobre su talento literario objetivamente somos mayoría los que se lo reconocemos. Respeto y admiro a Daniel, amigo lúcido y querido, pero no comparto su crítica sesgada sobre la obra como escritor de Carlos.

  • He defendido la obra literaria de Carlos Velázquez porque nadie puede negar con justicia su originalidad y su abundante espíritu lúdico. También creo que Carlos como coordinador de literatura tuvo aciertos y logros, verbigracia la edición de la antología de Paco Amparán y el apoyo a Nazul y a Daniel Herrera, gente talentosa, pero NO voy a defender sus mentiras. Me consta que Carlos miente al decir que Pepe Lupe González escribió ataques contra Gaby Nava y el escritor Vicente Alfonso, exalumno de un servidor. La persona que usando pseudónimos escribió hace casi cuatro años viles denuestos contra las personas señaladas fue Carlos Velázquez. Él lo sabe y muchos lo sabemos. No se trata de un error de su parte señalar a Pepe Lupe, es llanamente una grotesca mentira. Equivocaciones podemos cometerlas todos, pero las calumnias sólo los individuos de mala entraña. Qué pena que Carlos caiga tan bajo.

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