Jenny, la sociedad y los medios del espectáculo

8 mayo, 2013 § Deja un comentario

Nabor Garrido

Hija de emigrantes mexicanos, la cantante Jenni Rivera nació con el nombre de Jenny Dolores Rivera Saavedra el 2 de julio de 1969 en Long Beach, California, en Estados Unidos, una ciudad con una gran población de origen mexicano.

La cantante, conocida por el mote de “La diva de banda” tuvo una vida muy parecida a la de miles de latinos pobres en Estados Unidos. Sus padres llegaron a vivir a esa zona conurbada de la ciudad de Los Ángeles en los años cincuenta y Rivera se convirtió en madre a los 15 años cuando todavía estudiaba el bachillerato, por lo que debió ganarse la vida vendiendo discos y casetes en mercados de los alrededores. Rivera pudo estudiar administración de empresas pero siguió los pasos de “Lupillo” Rivera, su hermano, que se convirtió en cantante profesional de música norteña y que a veces dejaba que Jenni cantara apenas una canción durante sus presentaciones.

La vida de Jenni Rivera no tenía muchas diferencias con la de cualquier heroína de telenovela mexicana, excepto que en su caso sus problemas no eran actuados: al iniciarse como cantante tenía sobrepeso y una de sus parejas abusó, al parecer de sus hijas, luego Rivera padeció violencia doméstica. La línea entre su vida pèrsonal y la letra de las canciones que escribió era prácticamente inexistente: Rivera cantaba sus propias penas y muchas veces lloraba en el escenario al interpretar sus composiciones.

La cantante creó su público, primero entre los migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos y más tarde, cuando decidió comenzar a cantar en México, entre la población de escaso poder adquisitivo, un paso que la distanció de su hermano Guadalupe “Lupillo” Rivera. En términos generales su audiencia es una gran consumidora pero a bajos precios. La fama y el dinero no evitaron que su vida personal siguiera teniendo problemas que alimentaron interminablemente las revistas de espectáculos: en 2009 fue detenida en el aeropuerto de la Ciudad de México pues transportaba 50 mil dólares en efectivo, una cifra cinco veces mayor a la permitida al viajar a EU, y recientemente se divorció del ex beisbolista Esteban Loaiza por una infidelidad en la que supuestamente estuvo implicada su hija la “Chiquis”, a quien perdonó públicamente en su último concierto en Monterrey.

Sobre el muerto, los spots

El pasado domingo 9 de diciembre, el avión Learjet 25, con matrícula N345MC, en el que viajaba Jenni Rivera de la ciudad de Monterrey a Toluca se estrelló en el municipio de Iturbide, Nuevo León, luego de que la “Diva de la banda” diera un concierto ante 150 mil regiomontanos en la Arena Monterrey. Al morir, Rivera tenía 43 años, 12 de carrera como cantante, cinco hijos, fue nominada cuatro veces al Grammy Latino, había vendido 20 millones de discos y estaba por aparecer en una serie cómica de televisión para el público hispanoparlante en Estados Unidos.

El mismo domingo apenas se supo de la caída del avión de Jenni Rivera, Televisa cambió su programación usual para dedicársela a la cantante: inició a las 18:30 horas y a las 20:00 horas el programa “La Voz… México”, un reality show musical  en el que participaba regularmente la cantante, cambió su contenido usual para dedicárselo a ella.

La amplitud de la transmisión televisiva generó mucha suspicacia en redes sociales, además, casualmente, ese domingo por la mañana habían sido liberados 56 de los 69 detenidos el 1 de diciembre, luego de los disturbios ocurridos en la toma de posesión de Enrique Peña Nieto como presidente constitucional de México, y tras que varias figuras públicas iniciaron una campaña en pro de su liberación, al señalar la arbitrariedad de sus detenciones, ocurridas lejos de los desmanes, junto con la difusión de videos en Youtube que muestran el arresto de personas que protestaban pacíficamente.

El programa de televisión, en vivo, que narraba una y otra vez la noticia del accidente, recreaba escándalos de la cantante, mostraba parte de sus concierto y recogía reacciones de “famosos” ante su muerte, opacó la liberación de los detenidos y el cuestionamiento a las autoridades mexicanas por la ausencia de procedimientos policiacos definidos y por la falta de información sobre los responsables de ordenar las detenciones, pues ni el gobierno de la ciudad de México ni las autoridades federales podían, ni han podido, explicar quien ordenó y coordinó el operativo policiaco y mucho menos quienes eran los vándalos que al parecer operaron con una eficacia inusual al atacar a los policías.

La dimensión de la “noticia” fue tal que el mismo secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, confirmó el desplome de la aeronave en la que ,además de la cantante, viajaban seis personas más, en total fueron siete los muertos, una cifra menor a los 11 asesinados el viernes 7 en el poblado de Guadalupe y Calvo, en el estado de Chihuahua, por una banda armada que mantuvo el control de la localidad por varias horas en lo que cometía los asesinatos casa por casa, un hecho del cual Televisa aparentemente no se enteró o no quiso enterar a nadie.

¿Cuál fue el criterio para dedicar varias horas de una transmisión televisiva a “informar” de la muerte de Jenni Rivera y sus seis acompañantes, así como para juzgar que la muerte de otras 11 personas que no eran famosas (ni quizás generaban ganancias a la industria discográfica), no era lo suficientemente importantes para dedicarle tiempo? Tal vez la clave esté en el concepto “entretenimiento” que es la divisa principal de Televisa: posiblemente narrar la muerte de “La diva de la banda” tiene un valor monetario del que carecen la información sobre los 11asesinados en un pequeño poblado chihuahuense.

Alvaro Cueva, periodista especializado en programas de televisión llamó la atención sobre el espacio dedicado por Televisa a comentar la muerte de Jenni Rivera y se preguntó “¿Por qué no se hacen cortes de última hora cuando hay terremotos, cuando hay estallidos sociales y sí cuando muere Jenni Rivera?” y agregó “Quiero pensar que ahora, cada vez que muera una luminaria, grupera o no grupera, México se va a paralizar como se paralizó el domingo pasado, que esto forma parte de un nuevo espíritu periodístico, de una reivindicación de la fuente de espectáculos que coincide con el cambio de sexenio.”

Finalmente cabe preguntarse ¿la cobertura que vimos el pasado domingo sobre la muerte de Jenni Rivera se trata de una nueva era para los medios del espectáculo o es simplemente más de lo mismo?: el uso de los medios masivos de comunicación para desviar la atención de una discusión pública, en este caso el uso indebido, inadecuado, de la fuerza pública que tiene, entre otros, antecedentes no muy lejanos en Atenco, Estado de México, entidad gobernada hasta hace poco por el hoy presidente de la República.

http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=16574

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