La construcción del cuerpo: cuerpos mediatizados

5 abril, 2013 § Deja un comentario


Por: Ana Laura Castillo Hernández

Al igual que las condiciones materiales de la existencia determinan y dan sentido de autodeterminación al individuo, las estructuras simbólicas de lo social, es decir lo cultural, conforma todo un entramado que no puede ser excluido sino constantemente interrelacionado con los aspectos físico-materiales de la realidad.

Históricamente los cuerpos han sido separados y construidos en contraposición al pensamiento, a los sentimientos, etcétera. La dicotomía cartesiana “cogito, ergo sum” (pienso, luego existo); ha colocado al cuerpo en desventaja y supeditado al pensamiento. De tal manera que el cuerpo además de su constitución físico-biológica es únicamente un depositario de lo social y de lo cultural, una metáfora o expresión simbólica de las relaciones sociales existentes.

Ante esta visión homogénea que se ha desarrollado desde el siglo XIX, surgen nuevas miradas hacia los cuerpos, como una construcción social e histórica, interrelacionado con lo que pensamos, sentimos y accionamos. Algunos autores como Pierre Bourdieu, Fernando García Selgas, entre otros, han señalado la importancia de mirar el cuerpo más allá de su objetivación, sino como “una construcción social arbitraria y artificial que define su autonomía y tiene reglas explicitas y especificadas en espacio y tiempo”. Que si bien podemos señalar que los medios de comunicación por excelencia presentan y reproducen las representaciones ideales y exacerbadas sobre el cuerpo; también en la vida cotidiana se construyen e incorporan a diario las estructuras sociales, dotando de sentido las acciones a través de la corporalidad, es entonces “la mitología política realizada, incorporada, vuelta disposición permanente, manera perdurable de estar, de hablar, de caminar, y, por ende de sentir y de pensar” (Bourdieu. P, 1991)

Por lo tanto si en los medios de comunicación masiva y específicamente en la publicidad se nos presenta el cuerpo erotizado de mujeres y hombres, como vehículo para ofrecer productos de higiene personal, ropa, bebidas; o se convierte en una pauta al aparecer en videos musicales, en series televisivas y programas de entretenimiento, no solo están influyendo a comprar determinado producto, elegir consumir un programa, o buscar tener un cuerpo parecido, sino conlleva todo un entramado, de pensar, sentir, de acción y construcción de identidades. El cuerpo es moldeado de acuerdo a patrones culturales que son expandidos por los medios de comunicación, su constitución carnal, física y biológica va intrínsecamente ligada a lógicas culturales y simbólicas que dan sentido a nuestro pensar y actuar.

“Lo que somos lo somos semiótico-materialmente y lo que significamos lo significamos semiótico-materialmente” (García, Selgas. 2006)

El control social se ejerce desde una base material- estructural, social, política y económica; y por supuesto desde una lógica simbólica desde donde podemos observar a los medios de comunicación masiva con un potencial de introyección increíble, que si bien algunos proponen dejar de ver al televidente o interlocutor como pasivos y pasar a darles voz como sujetos pensantes y contestatarios, con lo cual estoy un tanto de acuerdo, sin embargo no podemos dejar de ver las relaciones desiguales de poder entre quienes emiten y quienes reciben la información. Ya Michel Foucault mencionaba como el poder y las relaciones desiguales se vive en el cuerpo y desde el cuerpo.

Así con ayuda de medios de información y divulgación; el control de los cuerpos se ejerce a través de políticas públicas diversas como: control natal, políticas sexuales, campañas de la salud, (enfermedades cristalizadas en el cuerpo), como la desnutrición y paradójicamente contra la obesidad en cierto sector de la población. Alexandra Kollontai, desde 1921, en la Rusia comunista, fue una ferviente crítica de la cultura política en torno al cuerpo femenino, donde se planteaban temas como aborto, el matrimonio como institución opresora, la libertad sexual contra una doble moral que negaba el placer sexual a las mujeres y por otra parte fomentaba la prostitución y la poligamia masculina.

La construcción del cuerpo y el lenguaje, forman parte de cómo entendemos y apreciamos la realidad, si nuestros referentes son programas y una publicidad que presenta al cuerpo como objeto sexual y como meros percheros donde quitamos o ponemos, artículos de belleza o imágenes; es cuestionable que tipos de cuerpos construimos o reconstruimos y en función de qué o para quienes; qué lógica política, ideológica y de mercado; subyace del ideal de cuerpo y del no-cuerpo, de salud, de sexualidad y belleza.

Fuentes consultadas:

Bourdieu, Pierre (1991). El sentido práctico. Madrid: Taurus

García Selgas, Fernando José (2006). Apuntes sobre la interdependencia entre sentido y corporalidad. Cuerpo y medicina: textos y contextos culturales / coord. Por Beatriz Muñoz González, Julián López García.

 

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