Recuento de los años y de los daños

23 enero, 2013 § Deja un comentario

Carmen Espino

 Los medios de comunicación de derechas, los empresarios y el Gobierno federal irrumpido por Enrique Peña Nieto comienzan este año con el pie izquierdo. El “adiós al año viejo” no hace que se borre de nuestra memoria colectiva la censura, la información manipulada, el favoritismo para los de arriba, la explotación laboral, la pobreza, la miseria, la desigualdad, el hostigamiento, la represión, el terrorismo de Estado que hemos venido padeciendo.

A más represión más lucha, a más desigualdad más lucha. Movimientos sociales emergentes y viejas organizaciones guerrilleras —por separado—, sembraron en el año viejo la esperanza de luchar pase lo que pase, hasta la victoria siempre, hasta un mundo donde quepan muchos mundos.

La expresión “con el pie izquierdo” se debe leer junto con dos hechos realizados por la izquierda política —no domesticada—, que anuncian posibles grietas al sistema capitalista neoliberal que nos está destruyendo de a poco. El primero es la manifestación legítima de un pueblo harto del mismo circo electoral y político, que desembocaba en la toma de protesta de EPN en San Lázaro el 1D— primero de diciembre—; el segundo es la marcha silenciosa del 21 de diciembre que reunió a más de 40 mil zapatistas en cuatro ciudades de Chiapas, las mismas que tomaron en enero del 94.

Los dos acontecimientos cierran el año mostrando las diferentes maneras de resistencia. Viejos guerrilleros y principiantes luchando por un país sin desigualdades, sin explotación, con tierra y libertad. Combatiendo desde su trinchera para la destrucción de este sistema económico, político y cultural.

El pronóstico para el año entrante no es nada grato: el viejo régimen priista comenzará con la ejecución de las violentas políticas públicas de saqueo, explotación, abuso y represión para con su gente. Pero también la digna rabia hará lo suyo. Si no hay justicia para el pueblo, no habrá paz para el gobierno.

Para abatir la rebeldía de los desposeídos, el Estado mexicano hace uso del terror. Las reincidentes violaciones de los derechos humanos han provocado daños irreparables: vidas humanas. Sólo un acto de justicia permite cerrar un capítulo, pero no basta. Ni perdón, ni olvido.

La matanza de Acteal es uno de los episodios más crueles en donde se representa a la perfección las estrategias terroristas ejecutadas por el gobierno. En el año de 1997, mientras Ernesto Zedillo y Julio César Ruíz Fierro, eran presidente de la república y gobernador de Chiapas respectivamente, un grupo de paramilitares durante el amanecer del 22 de diciembre asesinó a 45 indígenas tsotziles de las familias denominas “Las Abejas”, de los cuales 21 eran mujeres —cuatro de ellas embarazadas—, 9 hombres, 15 niñas, niños y jóvenes, mientras se encontraban en una jornada de ayuno y oración por la paz.

La intención de este acto de lesa humanidad fue desarticular la base social de “Las Abejas”, quienes habían acusado a las autoridades de la zona de ser caciques protegidos por el PRI. El lugar estaba asediado por paramilitares que combatían a la guerrilla del EZLN —Ejército Zapatista de Liberación Nacional—. Este grupo de familias simpatizaba con la lucha zapatista pero no con el empleo de armas.

A 15 años, Acteal sigue sin justicia. Más de 40 mil zapatistas marcharon en silencio por las principales cabeceras de los Altos el 21 de diciembre. Dos conmemoraciones acompañan la reaparición pública del EZLN: la fecha en que la cultura Maya representa el inicio de una nueva era de la humanidad, y que la marcha se realiza un día antes de la masacre de Acteal. Luego del silencio, el sub comandante  Marcos, vocero del EZLN, emitió un comunicado: “¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo. El día que fue el día, era noche. Y noche será el día que será el día”.

Este acontecimiento fue mínimamente televisado, prueba del cerco informativo que sufren los movimientos populares. Fue a través de las redes sociales donde circuló la reaparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional causando alegría el enorme poder de convocatoria, la fuerza y el nivel de organización que conserva a 19 años de su levantamiento.

México está lleno de sangre pero también de subversión. Tlatelolco del 68, Jueves de Corpus del 71, Aguas Blancas del 95, Acteal del 97, Atenco y Oaxaca del 2006 son un breve recuento de los daños a través de los años.

¿Qué nos queda por hacer en este nuevo año tras el regreso del viejo régimen? Seguir luchando por y con nuestro pueblo, por nuestra emancipación, por nuestra tierra. Nos queda seguir luchando contra el explotador y el aparato mediático que lo defiende. Nos queda nuestra rebeldía, nuestra digna rabia.

 

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