Olvidos, omisiones y contubernios: la amenaza de continuidad en las políticas mediáticas

23 enero, 2013 § Deja un comentario

Por Daniel Maldonado
(dems64@hotmail.com)

 No es gratuito que tengamos un gobierno entrante cuyo origen espurio y dependiente de la influencia mediática vuelve a repetirse; esta ocasión a través de la compra de la presidencia: desde el canje del voto por despensas, materiales, obsequios diversos, tarjetas Soriana y Monex o dinero en efectivo, pasando por las trapacerías electorales acostumbradas, hasta la intervención de grupos del crimen organizado y la triangulación de fondos ilícitos. Sin olvidar la fabricación de un candidato televisivo y la imposición de su figura a través de la omnipresencia en los monitores; sucesos bien documentados y explicados en el libro “Si yo fuera presidente: el reality show de Enrique Peña Nieto” del periodista y especialista en medios Jenaro Villamil.

Debido a esto el gobierno de este sexenio está nuevamente encabezado por personajes sobre los que pesan reportes de investigaciones y actos fuera de la ley y carreras constituidas por la corrupción, la malversación de fondos, las trapacerías y el dominio de los intereses cupulares y de grupos económicos, políticos y mediáticos nacionales y transnacionales. El entrante es un gobierno de corte salinista que continuará las contrarreformas lesivas para la mayoría de la población, políticas que seguirán profundizando la concentración de la riqueza junto con el mayor deterioro de las condiciones de vida en un país que ya tiene cuatro quintas partes de su población padeciendo algún tipo de pobreza: 13 millones de personas en extrema pobreza reportadas por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y 87 millones de pobres en total según el Informe de pobreza multidimensional en México realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Sólo el 18.3 por ciento de la población es considerada “no pobre” y “no vulnerable” por el gobierno federal, como nos lo informa el reportaje de Contralínea del 18 de mayo de 2011: “Aumentan a 87 millones, mexicanos en pobreza”; disponible en línea. Para matizar el efecto de esta información se habla de 52 millones de «pobres multidimensionales»: personas que presentan al menos una carencia social y no tienen dinero suficiente para satisfacer sus necesidades. Esta información fue presentada el año pasado en una medición realizada por entidad federativa, donde se habla de un aumento de 3.1 millones de ciudadanos en pobreza extrema, parte de la población que se suma a la carne de cañón electoral que en su necesidad o ignorancia vende su voto o lo canjea por la dádiva mínima.

Por supuesto que tanto esta información como muchísima otra concerniente a las condiciones de la vida diaria de los mexicanos nos es escamoteada por el dominio mediático en un entorno en el que la difusión informativa y de entretenimiento se encuentra concentrada en dos televisoras. Ambas presentan un control del 95% del espacio —Televisa con el 56% de las frecuencias (canales) concesionadas por el Estado, TV Azteca con el 39%, según cifras de la comisión de Radio, Televisión y Cinematografía del Senado; fenómeno único en el mundo—. Al ser los niveles de lectura de periódicos y revistas mínimos; sabiendo que el uso de internet llega apenas a una tercera parte de la población y es utilizado en forma mayoritaria para el entretenimiento; ante la omnipresencia de los televisores y gracias al poder que se les ha otorgado a las empresas de medios, el conocimiento de la información relevante y primordial acerca de lo que en verdad nos perjudica es eliminado de la conciencia de los mexicanos: se omiten o maquillan las cifras; se dan explicaciones que tranquilizan a los espectadores; se transforma a los noticieros en programas de entretenimiento insustancial plagados de videos de internet, publicidad disfrazada de información (“La línea de la salud”), gacetillas gubernamentales y notas efímeras; o se elimina la información acerca de protestas o hechos violentos, como se acata mediante el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, que en un episodio reciente nos mostró como el caso de los supuestos perros asesinos de Iztapalapa sustituyeron en los espacios de mayor alcance los reportes acerca de los asesinatos y ataques en bares de la Comarca Lagunera, que como sabemos está conformada por una de las ciudades más violentas del mundo: Torreón, Coahuila.

En México se continúa con la presencia de los medios masivos como principal protagonista de los aparatos ideológicos del estado y como un prioritario motor de la enajenación, la ignorancia y el sometimiento, que aunado a la deficiente calidad de la educación no sólo usurpa esta función sino que se ha transformado en el poder máximo de la nación, a tal grado de que llegamos a escuchar en la calle máximas populares como “si no sale en la televisión nunca sucedió” o la escalofriante “si lo dice la televisión tiene que ser verdad”.

El gobierno entrante, encabezado por un títere incapaz de hilar un discurso coherente cuando carece de teleprompter y cuyas pifias nos han traído la burla internacional, además de estar acompañado de una actriz contratada para ese papel, no sólo inaugura un nuevo modo de hacer política: la telepareja —modelo repetido por el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco y su novia procedente de las pantallas de televisa, Anahí Puente— sino que también actualiza el salinismo (baste ver los nexos de los funcionarios titulares de las principales dependencias con Carlos Salinas); augura un gobierno represor (manifiesto en las experiencias de los casos Atenco, Aguas Blancas y tantos otros, sin olvidar la proposición de crear una gendarmería: la reedición de la memoria sangrienta de la Dirección Federal de Seguridad, la policía política encargada de reprimir los movimientos de protesta y subversivos en las últimas décadas del priísmo previo al foxismo). Podemos ver que el gobierno entrante buscará nivelar las relaciones entre los poderes fácticos e intentará retornar al presidencialismo omnímodo, a ello debemos las proposiciones lanzadas por Peña Nieto: aminorar el poder de las televisoras a través de las licitaciones de dos nuevas cadenas; reducir la influencia de Elba Esther Gordillo y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), buscar la privatización del sector educativo mediante la Reforma Educativa para Transformar a México (que no contempla cambios en los procesos formativos y se aplica sin haber pasado por ningún debate público); continuar con el camino abierto que dejó Felipe Calderón para privatizar el sector energético, la Comisión Federal de Electricidad y Pemex; poner IVA a alimentos y medicinas para contrarrestar los efectos de estas privatizaciones y continuar con los privilegios fiscales de las grandes empresas que pagan menos del 4% y además tienen una gran cantidad de privilegios tarifarios e impositivos (mientras que nosotros pagamos más del 40% y la banca internacional y las empresas mineras y transnacionales tiene a México como su mina colonizada); mantener los gasolinazos hasta el 2014 cuando el litro costará entre 18 y 20 pesos con el consabido aumento de precios debido a las cadenas productivas, costo en que se traduce en la pobreza y la devastación al poder adquisitivo que nosotros padecemos y se ahondará (recordar que con Calderón disminuyó 42% en su sexenio); y en general se abre un panorama de fauces rígidas y despiadadas que seguirán destrozando el tejido social, ahondando la dependencia alimentaria, sumergiéndonos en un entorno de falso e inútil combate al crimen organizado (tener en cuenta que Calderón recibió al país con 7 cárteles y deja 31, además del aumento en el consumo de sustancias y los 150 mil muertos calculados por Estados Unidos, una deuda pública que aumentó en 50%, más pobreza, impunidad, corrupción, violación a los derechos humanos, y una devastación mayor).

Ante este panorama los medios masivos de comunicación, dominados por la inversión publicitaria gubernamental y privada, que es en casi todos los casos el mayor financiamiento, continuarán su sometimiento a la línea editorial marcada, una degeneración de los contenidos y una manipulación de la conciencia pública. Lo que nos queda a nosotros como consumidores y ciudadanos es desarrollar la conciencia crítica, buscar y difundir medios de información alterna que nos otorguen una perspectiva diversa de los fenómenos sociales; no casarnos con un medio o peor aún, con un canal televisivo, reconocer a quiénes pertenece y cuál es la línea editorial; siempre dudar y sobre todo fomentar la indispensable educación para la recepción crítica de los medios; realizar círculos de estudio, tener al internet como plataforma plural, buscar nuevos métodos de información, interesarnos por la política, que es lo que define nuestras condiciones de vida, y no evadirnos ni utilizar placebos ante la decadente situación nacional; organizarnos para la defensa y paulatina transformación de la vida pública. Es indispensable que veamos a nuestro alrededor sin espejismos televisivos o con la visión que nos imponen los medios. Recordemos que como dice Paulo Freire en la Pedagogía del oprimido: no se trata de recibir la información y acumularla, sino reconocernos como sujetos de la historia inmersos en el mundo, reflexionar y concienciar nuestra condición y transformarla en empatía (la capacidad de ponerse en lugar de las demás personas) para llegar a la acción para liberarnos de la opresión existente.

 

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