No somos anti-sistémicos, el sistema es anti-nosotros

21 diciembre, 2012 § Deja un comentario

Carmen Espino

 El “Buen Fin” es anti-nosotros.

El “Buen Fin” es un programa que se instauró en el 2011, para reactivar la economía mediante el fomento del consumo. La iniciativa privada, el gobierno federal y los medios de comunicación; pretenden “solidarizarse” ofreciendo un fin de semana de grandes ofertas a todas las familias mexicanas para mejorar su calidad de vida, según lo expresan en su página virtual: http://www.elbuenfin.org/.

En términos reales, el “Buen Fin” no beneficia ni a los de abajo, ni a la pretendida clase media, tampoco es un acto de solidaridad, ni mucho menos mejorará la calidad de vida de nuestras familias. Es importante que entendamos que para el sistema capitalista lo único importante es el dinero, no las personas.

Los empresarios capitalistas idearon esta forma de consumo ante la crisis de sobreproducción, es decir, las industrias están haciendo más de lo que pueden vender. Para no tener pérdida en su economía, se estimula el consumismo en la población, creando necesidades artificiales que son respaldadas por cruzadas de publicidad que transforman lo que antes era un lujo para los sectores de menores ingresos, en necesidades.

Así los trabajadores son invitados a imitar a los ricos, a estar a la moda, logrando convertir lo superfluo en necesidad. El endeudamiento con las compras a plazos y los créditos sirven para mantener o ampliar las ventas de los empresarios. ¿Cómo el endeudamiento puede mejorar nuestra calidad de vida? y ¿cómo pueden ser tan cínicos para llamarle a su enriquecimiento, solidaridad?

Además con esta actividad se logra que los trabajadores pierdan combatividad; para pagar las cuentas y poder ampliar nuestro nivel adquisitivo es necesario asegurar el puesto de trabajo y hacer méritos que permitan lograr el ascenso profesional, por tanto, no se deben crear dificultades a quienes dan la “oportunidad” de trabajar y comprar. Por otro lado, la mayoría de las familias mexicanas no tienen los salarios suficientes para cubrir los gastos de lo que se induce a consumir, por eso se buscan horas extras o un segundo trabajo, para así tener más dinero y seguir comprando. Si se trabajan 8 horas para sobrevivir y 7 para consumir, ya no habrá tiempo para trabajar activamente en los sindicatos, en la comunidad o interesarse en la política nacional.

Y así se logra matar dos pájaros de un tiro: ellos tienen más ganancias y se somete al trabajador de una manera más sutil para que siga siendo explotado. El capitalismo crea a los trabajadores que necesita: obedientes y manipulables, en el que su único derecho es el de reventar de miseria.

El fin del Calderonato pero la “guerra” sigue

Hoy por fin ha concluido el sexenio de Felipe Calderón, sin embargo, las problemáticas más graves perdurarán aun con la partida del espurio. Como de costumbre las consecuencias de su mal logrado gobierno las seguiremos pagando los mayoría de los mexicanos: los de abajo y a los que se les hace creer que están en medio.

Los gasolinazos que provocan el alza del precio en el transporte público; el aumento del IVA al 16%; la extrema pobreza; la desigualdad social; la precarización de la salud; el desempleo y la Reforma Laboral que por ser de corte empresarial no cambiará la situación de los trabajadores, por el contrario, provocará que la riqueza producida por todos se siga quedando en manos de unos cuantos; el caótico sistema educativo; la falta de garantías a nuestros hermanos migrantes e indígenas; pero sobre todo este sexenio nos deja el miedo de un Estado que es incapaz de procurarnos  seguridad. El país se cae a pedacitos, pero aún viene lo peor: el impuesto regreso del PRI a Los Pinos.

Los preparativos para el primer día de diciembre se hicieron en dos sentidos: unos festejaron el regreso del PRI a la presidencia de México; otros luchamos por impedir que Enrique Peña Nieto tomara protesta. Se logro consumar el fraude electoral.

El capitalismo es anti nosotros.

El sistema capitalista neoliberal, que nos tiene inmersos en esta crisis, tiene como su mejor aliado a los medios de comunicación. El Estado mexicano y los grupos hegemónicos hacen uso del duopolio Televisa y Tv Azteca para concretar el engaño de que este sistema, si bien tiene fallas, es el único camino que nos llevará al desarrollo.

Ese “desarrollo” del que hablan, nos tiene hundidos en una tragedia ambiental y humana. Por una parte, el capitalismo es incapaz de resolver la contradicción de que existan tierras ociosas y campesinos sin tierras; que el conocimiento y la riqueza estén acaparados por unos pocos; que la producción de bienes de lujo sea más importante que los bienes más elementales para la vida del pueblo; que para justificar el aumento de productos básicos se inventen epidemias a costa del hambre y pobreza de la gente —como pasó en meses recientes con el huevo— y que además el potencial humano esté desaprovechado. Por otra parte, esta sociedad destruye la naturaleza. Los bosques se han empequeñecido, se debilita la capa de ozono y hay cambios climáticos.

Para el capitalismo lo más importante es el dinero, no las personas. Su objetivo es ganar siempre más dinero, sin importarle la devastación de la naturaleza ni la explotación del hombre. Hay que dejar de reformar el sistema capitalista, debemos destruirlo antes de que él nos destruya a nosotros.

 

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