¿Quiénes temen a la revolución?

5 noviembre, 2012 § Deja un comentario

Carmen Espino

¿Quiénes temen a la revolución? Es la pregunta que contesta el 19 de noviembre de 1910 Ricardo Flores Magón en el periódico Regeneración: “Los mismos que la han provocado; los que con su opresión o su explotación sobre las masas populares han hecho que la desesperación se apodere de las víctimas de sus infamias; los que con la injusticia y la rapiña han sublevado las conciencias y han hecho palidecer de indignación a los hombres honrados de la tierra”

Estas palabras escritas hace más de 100 años siguen vigentes, es el mismo tirano: el capitalismo, que con sus diferentes rostros — a veces engañándonos que es “humano—” le teme a la revolución.

Tras 34 años de explotación, miseria y entreguismo de la nación al extranjero el pueblo mexicano se levantó en armas en 1910. Nosotros bajo esa misma bandera de falso progreso tenemos 71 años de mandato priista y 12 panista.

Sin una democracia auténtica, los fraudes electorales suceden cada seis o dieciocho años, y sí se parece mucho a la historia de Porfirio Díaz, que en 1910 realizó un simulacro democrático para legitimar su reelección, luego de ser presidente de México por 34 años. Francisco I. Madero, quien fue su adversario político, fue encarcelado para anularlo de la contienda electoral.

Una diferencia, quizá determinante, es que mientras Madero hizo un llamamiento a través del “Plan de San Luis”, en el que convoca a los ciudadanos de la república a tomar las armas el día 20 de noviembre para arrojar del poder a Díaz, los “líderes” populares de nuestro tiempo llaman a la resistencia civil pacífica o a la creación de un partido. En 1988 Cárdenas forma el Partido Revolucionario Democrático. En 2006 López Obrador, el Movimiento de Regeneración Nacional y en el 2012 se anuncia la creación de otro partido tras la imposición presidencial.

La vía pacífica o la armada fueron también temas de debate en aquellos tiempos. Pero en 1910 comprendieron que Díaz no dejaría la presidencia a través de una derrota electoral. La dictadura se sostenía por la fuerza de las armas y sólo por la fuerza de las armas podría caer.

El uso de la vía armada se fundamentó en lo siguiente: “nos siguen llamando insensatos porque hemos apelado a la revolución. Se nos ha llamado ilusos porque hemos procurado que el pueblo, con sus propios puños, rompa los yugos que envilecen y haga triunfar los principios que lo emancipan. Los últimos acontecimientos políticos han venido a robustecer nuestra posición y a confundir lastimosamente a los señores independientes que pretendían creer en la posibilidad de que en los medios pacíficos habrían de realizarse el prodigio de transformar a la cafrería porfiriana en una república de seres libres. Los medios pacíficos se acaban de ensayar y han fracasado. Por dolorosa experiencia sabíamos que tenían que fracasar. Los grupos independientes se condujeron con escrupulosa moderación durante toda la campaña electoral. Su respeto hacia las autoridades traspasó los linderos de la sumisión y sin embargo ¿Qué resultados prácticos obtuvieron? Soñaciones que los animaban a esperar que Díaz, la ‘bestia senil’ de rencores feroces se transformara en venerable patriarca de plácidas admoniciones y suaves enseñanzas que condujeran a su pueblo por senderos floridos de paz y amor, a la republica de la luz y la libertad. ¿Quiénes son los ilusos? ¿Quiénes son los insensatos?”

Por esas razones se eligió el levantamiento armado que comenzó bajo el principio de “sufragio efectivo, no reelección”. Pero combatir la dictadura porfirista no fue la única razón. Zapata, el caudillo del sur, expresa en una de sus cartas: “el campesino tenía hambre, padecía miseria, sufría de explotación y si se levantó en armas fue para obtener el pan que la avidez del rico le negaba. Se lanzó a la revuelta no para conquistar ilusorios derechos políticos que no dan de comer, sino para procurar el pedazo de tierra que ha de proporcionarle alimento y libertad, un hogar dichoso y un porvenir de independencia.”

Esta situación no es ajena a nuestra realidad. No se busca cambiar de amo, es decir, un presidente impuesto por otro que reproduzca el mismo sistema neoliberal, donde la explotación del hombre se disfraza de progreso

En la conmemoración 102 de la Revolución no se debe olvidar que a través de las armas: Villa en el norte y Zapata en el sur intentaron emancipar a su pueblo. El 20 de noviembre, día de fiesta nacional, ¿debemos celebrar que tenemos las mismas carencias, sufrimos las mismas injusticias, que no hay tierra y libertad? O quizá este año sí reivindiquemos a los revolucionarios y nuestra revolución estalle de un momento a otro como en aquel tiempo. Debemos estar convencidos. En México solamente por el camino de la revolución armada se puede llegar a la libertad.

No debe ser el pueblo quien le tema a la revolución después de tantos años de vergüenza. Los mexicanos debemos levantar la cabeza y prepararnos para el combate. Lanzamos esta excitativa con todo el ardor de nuestras rebeldías. Es nuestro momento.

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