Bautizo de la Pólvora (Poema)

1 noviembre, 2011 § Deja un comentario

José Lupe González

Amor amor
las dos verdades de tus ojos
se te hicieron ríos de agua multiplicada
para la gente sin imperio ni reinado.

Sé pronunciar tu nombre de luchafuerte porque te amo,
porque estas aprendiendo a quererme
conoces los templos del maíz y de la aurora
y la catedral de la espiga y del crepúsculo.

En cada palabra mía
tu nombre tendrá un refugio como una cueva caliente.

Hemos bautizado este amor, amor mío,
con la pólvora y el grito de la gente
para que vaya seguro por el tiempo
coraza de algodón, fortaleza de amapola.

Con el latido firme del pueblo y tu palpito decidido
se forjo la fuerza de nuestro amor
que no se detiene en la angostura de la mesa
que vive con la nobleza proletaria del quelite
aquí donde se fundan los territorios de la hoz vencedora
y del martillo, herramienta invencible,
viviremos sin tregua en la unidad de la caricia
hasta el final con la gente que se yergue en desafío
estaremos con el clarín del combate
que anuncie al enemigo la victoria de un pueblo enamorado
de sus ancianos árboles en descanso
de sus mujeres y hombres
de sus hijos, hermosos como la flor de los amores.

Un hombre y una mujer enamorados
de sus pasos contiguos,
enamorados del amor general de la gente
fecundan los frutos de las semillas
a las que el agua dio su luz.

Cuida para siempre, te lo pido,
mi corazón huérfano de madre y de dicha
lo has recibido ya
protégelo con la extensión valiente de tus brazos
como dos rayos iluminados.
Guarda y lleva mi corazón
gota enferma, trueno cobarde,
quiérelo por siempre, hasta siempre
y hasta el final de todos los tiempos y hasta más allá
mucho más allá
del final de todos los amores del universo entero
te lo suplico
dale la certeza de tu sangre y de tus labios
y vayamos juntos a matar el hambre del pan ansioso
de las bocas unánimes
de los labradores y de los campesinos.

Tu amor huele a tierra mojada porque eres pueblo
a sudor jubiloso de los trabajadores
porque en tus manos de futuro vive la rebeldía.

Eres pueblo y te amo
le haces falta a la voz de mi grito
a la fuerza de mi puño
a la espada que en la empuñadura y en el metal
tiene la forma de tu mano y de tu brazo.

En el vigor del útero difundido de la tierra
crece la fertilidad llameante de un pueblo
que juntó granos de trigo y de maíz,
que recogió la lumbre acumulada del coraje
y sembró fuego y granos.

De cada semilla nace una llama entregada al combate
de un pueblo que arrancó de las raíces hambrientas de los sembradíos
la tormenta de banderas encendidas
que acude a ti y a mí, a todos,
a los que viven donde antes cayeron otros
que el mismo dolor y tormento tuvieron.
Nuestro pueblo está hecho para el amor y para el futuro,
para la victoria del pan y de la tortilla en la mesa.
Nuestro pueblo es la germinación desencadenada
de los frutos titánicos
del agua virgen y de la tierra incorruptible.
Aquí esta nuestra esperanza. Aquí esta nuestra victoria.
Pueblo mío, amor mío,
patria generosa
viva y de pie para siempre,
ciudad nueva donde el hombre es completo
con el pan libre de su destino
mas inmenso que el hambre martirizada,
pueblo mío
déjame tocar la poesía caliente de tus campos
se ha forjado con la verdad dura del arado,
de dignidad invariable en el tiempo del minutero rojo está hecha
todos contaremos la épica de la victoria que no se detuvo en el sufrimiento
y lenta pero precisa supo elaborar
la hoz y el martillo.

Tu y yo inauguremos amor mío
la ruta de la canasta satisfecha
que regresa del mercado
con sus alimentos de frutas y cereales,
cosecha de las manos libertarias
fijas en la unidad como en la fecha del cuerpo deseado.

Es el canto unánime del obrero y del campesino
la noticia de nuestro imperio en formación.
Es la mano de la mujer popular
en la fuerza de su hombre enamorado
espiga de trigo como rayo
maíz de todos los tiempos
agua de cualquier camino
leña para el horno
armadura vencedora
copa del placer
barro para pegar los trozos de la vida.

Aquí es la hora
mañana ya es pasado
que vengan todos los que quieran ver como se levanta
la esperanza general,
que vengan y aquí la toquen
vengan todos y vean el ropaje de mineral y de agua encendida
todos alcanzaremos el pan común
el canto del triunfo de las banderas extendidas.
¡Democracia ya, patria para todos!

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