Entre un sueño y una posibilidad

2 octubre, 2011 § Deja un comentario

Juan Manuel Fernández Rodríguez

 De pronto, cuando quiero expresarme por escrito o hablando, me doy cuenta que me faltan palabras para decir lo que quiero. De eso me acabo de dar cuenta. Me puse frente al teclado para intentar una reflexión sobre los medios y por ejemplo, no supe como nombrar a quienes los buscamos para satisfacer nuestros diversos intereses o necesidades. La palabra usuarios se me hizo muy general. Buscaba también un término que abarcara las modalidades de los medios y no encontré. Me di cuenta pues, qué no estoy actualizado en la nomenclatura que requiero para expresarme al respecto. Sin embargo heme aquí tratando de comunicarme.

Empiezo comentando que yo crecí cuando dominaban los medios escritos: cuentos (historietas), revistas, periódicos; en los que mis preferidos eran los cuentos, que fueron los primeros que alimentaron mi imaginación sobre el mundo, las relaciones, el bien y el mal, y mi primer bosquejo de ideología ante todo eso. Seguí con los libros en preparatoria que me llevaron más allá de mi minimundo fantasioso. Descubrí en la literatura otras formas en las que se vivían en otras partes del mundo. Escritores que hablaban de lo que yo sentía y de lo que pasaba sin darme cuenta, y sobre todo la diversidad y contradicción en posturas e ideas que me dieron un sin fin de dudas y cuestionamientos y me obligaron a pensar para hallar respuestas. Gracias a mi papá, entre en contacto con el periódico. Así es que mi formación fue, en ese sentido, llevada a través del papel escrito.

Luego, sin darme cuenta, poco a poco, la televisión empezó a colaborar en mi visión del mundo y sus relaciones. En una primera etapa de mi vida, con programas cómicos mexicanos, como “Cachirulo”, una que otra telenovela; series americanas como “Lassie” y “La ley del revolver”. Ya mayor, en mi segunda etapa, con los deportes y sus notas deportivas y ya al final, no hace mucho, con los noticieros.

Por último y de forma abrupta, me encuentro con la tecnología y todas las posibilidades que ofrece la web: periódicos digitales, videos y mención aparte Wikileaks. Esto me resultó un medio diferente, interesante, en dónde tengo que aprender cosas nuevas para acceder a la información y en el que aún soy novato. También me encontré con un fenómeno por demás relevante: los medios masivos de información van perdiendo su monopolio, pues junto a ellos y en ocasiones, desplazándolos, surgen las redes sociales que portan información más creíble para sus usuarios.

Bueno, después de todo este rollo por no conocer más palabras, en la reflexión llegué a lo siguiente: contamos con diferente formación para conectarnos con el mundo, vía los medios y tal parece que cada forma de hacerlo es por generaciones, tanto personales como por la forma en que se realiza: impresa, audiovisual y/o digital. Cada modalidad exige competencias o incompetencias diferentes, ser activo o pasivo al procesar la información, creer todo lo que dicen o ser crítico, pero a fin de cuentas todos buscamos información que nos ayude a entender el mundo en el que vivimos, a como insertarnos y vivir en él. He aquí el problema.

La oferta informativa es muy extensa e intensa, generalmente de aspectos negativos, como la inseguridad, la corrupción, la impunidad, dramas de la vida cotidiana, injusticias, chismes sobre cosas banales de gente famosa y además información “cortina de humo” que bombardea en forma reiterada e insistente para ocultar o distraer de sucesos muy importantes para toda la sociedad. Los datos y la comunicación sobre los eventos político electorales arrojan pocas esperanzas que nuestros gobernantes vayan a abonarle a la mejora del la situación.

Son esos aspectos promovidos como noticias los que se comentan y circulan en el contexto, lo que genera, cuando menos en los intercambios personales, una sensación de inseguridad vital, pocos atisbos de una vida mejor o cuando menos más tranquila. Por otro lado está la poca credibilidad que hay en lo que informan los medios. Entonces ¿Cómo conocer la realidad? ¿Qué alternativas tenemos como individuos y sociedad? ¿Cuál porvenir nos espera a nosotros y nuestros descendientes? ¿Qué podemos hacer?

Es cierto que hay esfuerzos notables y aún heroicos, en los tres formas mediáticas de información, esfuerzos que parecen aislados, como voz en el desierto, que aún llegan a los oídos que quieren oír, o a los ojos que quieren leer, a las mentes que quieren pensar y a los corazones que quieren actuar. Hay foros de crítica, letras de arenga que movilizan ideologías, pero son pocos los individuos que atienden.

Por otro lado, el acceso a cierta modalidad de la información, la de la web, parece ser elitista, no toda la gente tiene acceso a ella por el costo y en ocasiones por el conocimiento. Aunque esto afecta más a los de la generación pasada como yo.

Y es precisamente en la web en dónde se manifiesta le esperanza, en lo que se refiere a la información que nos permite conocer un poco más de cerca de la realidad. Es en la red, donde el poder económico y político pierde el control y la posibilidad de pintarnos la realidad que le conviene que creamos. Wikileaks y las redes sociales son un ejemplo. Tambalearon al mundo desnudando las vergüenzas de los gobiernos y gestaron las revoluciones y cambios en países árabes, así como manifestaciones de inconformidad con los “indignados” de España.

No sé si los medios masivos de información estén quedando cortos en este nuevo paradigma social que parece que viene. No sé si los cambios que se vislumbran los dejen obsoletos como instrumentos de manipulación (a los que lo son). No sé si se está leyendo el mensaje que hay gente que piensa y no se cree todas las patrañas que nos quieren dar como realidad. No sé si en vez de ser de información necesitamos que sean de comunicación, es decir que promuevan comunidad… de manera permanente

Soñadoramente, veo que en algunos espacios las redes sociales desplazan a los medios oficiales, que apoyan en la lucha por la democracia popular, que es la voz del pueblo en acción. Es el trueno que llega al oído de los gobiernos que no escuchan las palabras. Soñadoramente veo que es la forma de acercarse entre personas, de conocerse en aspectos importantes compartidos, en hermanarse en las injusticias y buscar soluciones como sociedad, comunidad o como hermanos. Soñadoramente veo una esperanza y una posibilidad que recobremos la capacidad de pensar que podemos hacer algo por cambiar el mundo en donde estamos. Sí, sé que es utópico.

Bueno, pues al final me doy cuenta que necesito actualizarme, pues no sólo me falta conocer palabras para expresarme sintéticamente, sino que también necesito distinguir realidad de fantasía, entre sueño y posibilidad.

 

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