¡Ah, ese Ricardo Flores Magón! Reúne el pasado y el presente

2 octubre, 2011 § Deja un comentario

Juan Manuel Fernández Rodríguez

 Estaba en el trabajo cuando llegó mi amigo Pancho Vázquez, con quien he compartido muy buenos momentos de música y comentarios sobre la vida, simplemente me dijo: “profe aquí le traigo este libro”. Me lo entregó y no recuerdo que comentarios siguieron. En forma distraída y automática, puse el libro en alguna parte, ahí se aburrió sin ser leído por algún tiempo. Pero un día qué lo vi, me sentí incomodo al darme cuenta que mi amigo me lo había prestado para que lo leyera, así es que cargué con él a la casa. Y empecé a leerlo…

“La humanidad se encuentra en estos momentos en uno de esos periodos que se llaman de transición, esto es, el momento histórico en que las sociedades humanas hacen esfuerzos para transformar el medio político y social en que han vivido, por otro que esté mejor, acuerdo con el modo de pensar de la época y satisfaga un poco más las aspiraciones generales de la masa humana”

“Quienquiera que tenga la buena costumbre de informarse lo que ocurre en el mundo habrá notado, de hace unos diez años a esta parte, un aumento de la actividad de los diversos órdenes de la vida política y social. Se nota una especie de fiebre, un ansia parecida a la que se apodera del que siente que le falta aire para respirar…”1

Estas palabras no fueron expresadas para plantear la situación global presente, fueron pronunciadas en un discurso por un periodista mexicano hace 101 años, en Octubre de 1810: Ricardo Flores Magón.

No pude seguir leyendo más. Vino el recuerdo de lo que pasa en los países árabes, en Grecia, en España, los movimientos que se han dado con los gueros vecinos… y tuve que hacer un alto para ordenar las ideas que me revoloteaban al ir pasando los ojos por las palabras. ¡Hace 101 años vivían en estas condiciones! ¿Qué ha cambiado el mundo en 101 años? No fue agradable darme cuenta que a pesar de todo el avance científico y tecnológica, en lo político y social sólo cambian los modos, pero la esencia no.

En la escuela oí mencionar a los hermanos Flores Magón, no recuerdo si en secundaria o preparatoria, un nombre más, semianónimo, confundido en otros que habían participado en nuestra historia, pero nunca con el realce de un Madero, Carranza, Hidalgo, o cualquiera de los que son reconocidos en la historia oficial, sin darle el crédito de su aporte. Me contaron de Madero “para acá”, y hay mucha tinta dedicada a él, pero de Ricardo solo la mención de su nombre, no relatan o describen con justicia el cómo fundamentó y propulsó a la Revolución.

Me da vergüenza decirlo, pero recién empecé a saber más de él. A partir de la promoción del bicentenario, salieron unos pequeños libros titulados “Charlas de café con…” y a raíz de eso fui conociendo un poco más, con otras versiones o puntos de vista, a los personajes que participaron en los movimientos de Independencia y en la Revolución. Este fue un acercamiento interesante a la Historia, aunque no en todos, según yo, se veía reflejada una intención de contar lo más cercano a la verdad. Cuando leí acerca de Ricardo, su historia como ser humano, la fuerza de sus convicciones, la claridad de su ideología, me impresionó. Pero aún más, su aporte como periodista del pueblo. Fue él con su postura de clase muy bien definida, que junto con otros patriotas, abonaron la tierra para que el pueblo se levantara en armas. Fue Ricardo, con su claridad de pensamiento e ideología, quién con sus escritos, llevó la luz del pensamiento a un pueblo analfabeta, abonó en sus corazones y sembró la semilla de la rebeldía, el deseo de luchar por recobrar la libertad y los derechos del pueblo campesino y proletario. Madero llegó cuando las condiciones estaban propicias para la revolución.

Hay frases, ideas y texto que siguen siendo vigentes, que dejan ver la claridad que tenía acerca del sistema político–social que quería cambiar, y que aún en este tiempo no han cambiado, visión que ahora parecen muy oportunas para reflexionar los tiempos que vivimos.

“Lo que parece imposible es que los trabajadores hayan vivido tanto tiempo sin darse cuenta que eran esclavos (…) Pero no ha sido de ellos la culpa, al menos no ha sido de ellos toda la culpa: los culpables han sido los políticos, los que han adormecido a los proletarios con la esperanza de un porvenir risueño conquistado por la sola virtud del voto popular. El tiempo ha demostrado que si algo es verdaderamente imposible, es alcanzar la libertad económica por medio de la boleta electoral (…) cada año es más aguda la miseria por todas partes, cada año quedan sin empleo miles y miles de trabajadores; cada año aumenta la población de los presidios en forma espantosa… cada año aumentan los suicidios; cada año se hace más dura y trágica la lucha por la existencia, la humanidad es más desgraciada cada año, a pesar del voto electoral…”2

Si omitiéramos la fecha de publicación y el nombre del escritor, si se publicara en cualquier periódico de circulación nacional, ¿pensaríamos que fue una denuncia que tiene un siglo de antigüedad?

Cien años después nos encontramos con un México en donde un gran porcentaje conoce las letras y puede leer, también con una infinidad de medios que llevan y traen información, noticias y enajenación, pero entre esta amplia gama de comunicadores, que se preocupan por que el pueblo esté enterado del acontecer, dentro y fuera del país, no veo un Ricardo, cuando menos no veo su fuerza, compromiso y conciencia de clase definida. No digo que no haya, digo que no lo veo. Es posible que la fuerza y el poder de lo político y económico los opaque, no los deje brotar o llegar al pueblo. Es posible que con tanta diversidad en los medios, no sepamos distinguirlos y es más fácil y cómodo acudir a las instancias que nos divierten y entretienen. ¿Será por que los periódicos y los medios no pertenecen a quienes pueden ser un Ricardo, y que sólo tuviera el lugar del empleado que tiene que escribir lo permitido por los propietarios?

Puede haber muchas razones para que la voz de Ricardo no se escuche o lea como antes, puede ser que seamos un pueblo adormecido por tanta y tanta saturación de los medios, que seamos cómodos con sólo irla pasando. Sin embargo ¡cómo haces falta Ricardo!

 

1 Flores Magón, Ricardo, La Revolución Mexicana p. 20 Editores Unidos Mexicanos, 1982, México

2 Idem, p. 18

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