Proclama de Patria (Poema)

1 septiembre, 2011 § Deja un comentario

José Lupe González

 

En nuestras mesas y en nuestras manos
deben crecer los frutos y repartirse las espigas
como declaración de patria con un sol rojo caliente y cotidiano.
Debe terminar el manoteo
de las manos martirizadas de los niños
que buscan en el aire el pan y el elote.
No debe seguir el presente torturado
de nuestras mesas y de nuestros campos,
no, no debe seguir largo y lento
como el azar de una adivinación interminable.

 

La nostalgia de patria comunitaria
no es un sueño despedazado
ni una derrota en andrajos.
La nostalgia de una patria caliente es roja y fuerte
como el vapor de la tierra mojada
como el abrazo de la bienvenida
como la fuerza del puño izquierdo en alto.

 

No estamos desarmados ni lo estaremos.
El pueblo, nuestro pueblo,
el que aun tiene árboles y cielo, pájaros y horizonte,
fuerzas y un pasado que es lucha;
sabe arrimar las armas del combate:
sus pies llagados y su manos dolientes
y sus apuros y sus ansias sobrevivientes.
Ese pueblo sabe dónde queda la esperanza, nuestra esperanza,
la última esperanza;
ese pueblo que sabe sobrevivirse sumado como pueblo
conoce donde queda nuestra patria y nuestro suelo.

 

En los surcos con el grano palpitante
en las fabricas con cada movimiento del obrero
en la caricia de un hombre y de una mujer a sus hijos,
está la proclama de patria que nos pertenece.

 

Nuestra sangre y nuestra fuerza
han proseguido con zapatos magullados
sin bandera de tregua y sin descanso
encima del agua del naufragio
y sobre los vestigios del desastre
para sobrevivirnos como armadura del pan
como refugio de la caricia de la mujer enamorada.

 

Los muertos de frío y hambre,
de angustia y enfermedad,
de soledad y desempleo,
de olvido y desamparo,
de anonimato e injusticia;
no deben seguir insepultos en las tinieblas
los llevaremos a cada uno, a cada rostro,
en el grito y en el puño vivirá su fuerza,
para la injusticia tendremos el escudo de su muerte.

 

Adelante, adelante.
Cada obrero sin bienaventuranza
cada labrador sin bonanza
cada estudiante de porvenir incierto
cada hombre y mujer enamorados
amenazados por la desgracia para la unidad de su tiempo
y todos los demás de prosperidad ratificada
que conozcan el sabor del hambre y la investidura del desamparo;
adelante cada uno, con la unidad colectiva
adelante cada uno con la tierra general y segura
para nuestros muertos que no seguirán en el olvido
para los que nacen desnudos de pan y mortaja.
Seguir. Tenemos que seguir.
sabremos marchar sobre el surco y sobre la ciudad
con las armas organizadas. Oaxaca es el ejemplo.

 

Seguir, debemos seguir.
La consigna es hacer uno, dos, tres…Oaxacas.
Adelante ahora en el surco y en el asfalto.
Mañana es futuro y es derrota,
pero el día de hoy es único y nos pertenece.

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