Resistencia del Arado (Poema)

1 julio, 2011 § Deja un comentario

José Lupe González

Nadie muere con nosotros en la muerte
alguien tiene que quedarse a vivir junto al que resiste y avanza
rumbo al triunfo del pan y del agua igualitaria.

No está solo el que limpia la selva Lacandona de injusticia
tampoco el que lucha por el agua en Cuatrociénegas.

El que se muere de hambre en la Tarahumara y en cualquier parte
se muere en cada una de las tortillas tiradas a los cerdos.

Ha muerto sola Ernestina Ascencio violada por el ejército
que muere a toda cobardía
a toda metralla frente al paredón del narcotráfico,
muere el gobierno a toda impunidad cercenado de cabeza y de manos,
de ojos y de sangre,
frente a las balas que ellos mismos alimentaron con pólvora corrupta.

Yo he visto a mi pueblo volverse a levantar al prójimo
he visto a mi pueblo sacudir la hoz y el martillo,
he visto a mi pueblo caminar con los ojos al sol y poner la espalda al poniente encendido
sin más instrumentos para la resistencia que la pujanza del arado
sin más instrumentos que la unidad del pueblo
en columnas de surcos y de obreros de coraje organizado
que saben decidir el futuro de su pasos y de su amor decidido por la mujer
que los espera con el abrazo extendido
como las ramas que tienen la sombra del descanso caminero.

Nadie va solo en la lucha, nadie camina solo en esta lucha.
“Únete pueblo, no nos abandones, únete pueblo. Pueblo, no nos abandones, únete pueblo”,
decían unas mantas en la manifestación estudiantil y popular
del 13 de agosto del 68, según Elena Poniatoswska.
El pueblo se ha unido desde antes y desde entonces
con cicatrices que son tortura
porque el pueblo jamás olvida la impunidad de la muerte.

El pueblo avanza aquí y en cualquier parte
la desgracia jamás apago el fuego afilado de la espada de Bolívar
avanza por nuestra patria como por el continente
el trote revolucionario de Palomo Blanco, su caballo de rebelde conquista libertaria,
avanza junto a los mineros de Pasta de Conchos el minero de Bolivia
camina junto al campesino Lagunero el labrador de Chile
sigue junto al maestro de Oaxaca el profesor de Cuba
va en la unidad de la madre azteca la fuerza de las madres de la Plaza de Mayo
marcha con el estudiante mexicano el alumno brasileño
acompaña al obrero el trabajador uruguayo, guerrillero poético de Benedetti
ríe junto a nuestros niños el pequeño de Ecuador
la victoria de Sandino en Nicaragua alumbra al sol azteca
en la jornada para la custodia del petróleo afana el pueblo venezolano
la fraternidad del sol y de la lumbre.

El pueblo infinito muestra de un horizonte a otro
los territorios donde el maíz proclama su vocación de patria
los lugares donde el martillo golpea con la fuerza incontenible
de los que se levantan sobre los muñones del tiempo
dispuestos para la vida, para la compañía de uno en uno, de dos en dos
en la calle, en los kilómetros de país y tiempo resanados con argamasa
surgida de las manos que saben levantar el machete como se levanta una bandera,
como se eleva y se sostiene al hijo frente a los ojos vivos.

Nadie de nosotros muere solo en la hora de la muerte y del espanto
nos cobija el aire verde y el fuego azul del cielo con la fuerza indestructible del rayo.
Nadie de nosotros muere solo.
cada muerto de nosotros es argamasa para la unidad
cada muerto nos une alrededor de la vida
nos fortalece en la disputa en nuestro derecho a lo imposible,
cada muerto con su último aliento afila el machete.
No morimos solos.

El pueblo sabe defender su causa en la pelea y ahora es la pelea y es la causa
la que se nos vuelve en la sangre por cada campesino encarcelado de Atenco
por cada mujer violada por el ejército en Monclova
por cada torreonense envenenado por Peñoles.
Únete pueblo. No nos abandones. Únete pueblo.

No vamos solos en la causa comunitaria que se nos convierte en destino
vienen los exiliados por el desempleo al otro lado de la frontera.

Vamos juntos y juntos. Es la hora cuando el relámpago inunda con la quemadura
el valor de una mano en otra, el valor de la mano en el machete y en el arado
en el martillo y en la hoz. No estamos solos y lo sabemos
el gobierno está solo y lo sabe, nosotros vamos a fundar la nueva patria
vamos por nuestro derecho a lo posible.
No vamos solos. El pueblo viene a unirse. Escuchen. Óiganlo.

Compañeros del amanecer y de la llama
no hemos venido aquí a llorar ni a pedir a ningún dios muerto por nuestros muertos,
no, no hemos venido aquí a eso.
Nos trae la rectitud de estirpe de pueblo que no se apaga,
a defender el patrimonio del estandarte fundado en cada milpa.

Vengan y vean la inmensidad de la esperanza que renace,
rocio del primer nombre, árbol de intensas ramas disputando el espacio y el viento
como brazos nutridos con coraje y resplandor de un día imbatible.
Este es el vigor del pueblo que derrama su luz más pura
encendida
con la chispa del hacha
con el destello del machete que corta aire y miseria.

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