Repensando un discurso de Sábato

1 febrero, 2011 § Deja un comentario

Juan Manuel Fernández Rodríguez *

En un discurso pronunciado  en el año 2002, Ernesto Sabato[1] plantea su visión del periodista de una forma muy interesante, obliga a su relectura y solicita tiempo para profundizar, pues está llena de matices que dan mucho para reflexionar.  Su disertación está hecha en un solo sentido, considera sólo la acción del periodista y omite, explícitamente, la reacción y capacidad del usuario. Y aunque el  texto, está lleno de contenidos interesantes, con un mensaje de optimismo, sólo plasmo aquí algunas cavilaciones que me dejó.

Inicia su discurso diciendo que “El hombre de este tiempo vive delante de lo que acontecen en el mundo entero y lo hace a través de la mirada de los periodistas… de ellos depende el cariz con que interpretamos los hechos…”. Este arranque me parece una expresión osada, aunque no sé si fue originado por la fe que tiene en la honestidad y capacidad de la mayoría del gremio de periodistas, la manifestación de sus deseos o un discurso motivacional. Pero cualquiera que hubiera sido el origen pone en claro la responsabilidad de quienes ejercen esta función.

Para empezar, este planteamiento me lleva a dos cuestiones en una. La primera es  que supone que el periodista tiene la credibilidad y confianza de la audiencia, como si el ejercer este trabajo le otorgara ese privilegio. Sin embargo en el reducido espacio en que me muevo, con las personas que platico, cuando abordamos temas que son difundidos por los medios, he encontrado una buena medida de desconfianza sobre todo en los temas importantes que afectan directa o indirectamente, destacando en esto los de carácter local.

La segunda, que habla de la mirada de los periodistas… depende el cariz con que interpretamos los hechos ¿implica  que dependemos de una mirada externa para entender el sentido de los sucesos? ¿No podemos encontrar el significado de lo acaecido con nuestro propio razonamiento? Una cosa es conocer los hechos y otra interpretarlos, pues esto implica un análisis y conclusiones. Es cierto que requerimos de otros para conocer los hechos  que están fuera de nuestro alcance pero no para pensarlos. ¿O es que sólo el periodista es el encargado de formar la visión del mundo, el conocimiento de la realidad?

Esta idea la reitera más adelante cuando menciona que “Los revolucionarios avances tecnológicos han acrecentado la enorme influencia  que el periodismo y los medios de comunicación en general, poseen sobre la conciencia de la gente. Sin duda son actualmente uno de los principales formadores[2] ¿De conciencia social? Esto me hace preguntar si las personas no tuviéramos a los periodistas con su influencia ¿Tendríamos una conciencia a medias? ¿O cómo sería?

Plantea también el otro lado de la moneda cuando menciona que “…este poder es a veces utilizado por quienes pretenden perpetuar la hegemonía de un modelo único, sin alternativa… justifica el sufrimiento de millones de hombres y mujeres, a la vez que nos relegan en una sensación de impotencia perpetua e inevitable”. ¿A veces? Para hacer este señalamiento de la manipulación periodística sólo utiliza dos párrafos. Y en este caso no habla explícitamente de de lo que sucede con la influencia en la conciencia de la gente, aunque si menciona ciertos efectos cuando hace mención que “La sociedad está a tal punto golpeada por la injusticia y el dolor, su espíritu ha sido corroído tan a menudo por la impunidad, que se vuelve casi imposible la transmisión de valores…”

En esta situación contrastante de los dos lados del periodismo, uno cuya influencia  favorece la formación de conciencia y otra que favorece la permanencia de un modelo único de sistema social ¿Cuál es el efecto en la ciudadanía? ¿Se neutraliza? ¿Confusión?

La arenga sigue de forma optimista y en términos de destacar la importancia del periodismo en donde se reitera de diferentes maneras el papel preponderante que tiene en la sociedad, en frases como que “El periodismo es formador de opinión pública que da un sentido crítico frente a los hechos de la vida”, o “… quienes trabajamos con la palabra, escritores, filósofos, periodistas, y quienes a través de la imagen hacen oír el clamor de tantas voces silenciadas…”

A estas alturas me parecía que el discurso de Sabato tenía algunas contradicciones planteadas si resolver. Y por otro lado, sólo, planteaba lo que consideraba la responsabilidad y posibilidad de los periodistas, cuando por ejemplo dice que “El periodista habrá de deponer su propia visión de las cosas para abrirse a lo que sucede, comprendiendo que son sus ojos y sus palabras las que deberán llevar a los demás hombres la realidad de la que son parte.”

Tuve que releer varias veces el texto y repasar los párrafos marcados para llegar a mi conclusión acerca del artículo y la posible intención del autor. Primero, está en un foro de periodistas con motivo de una premiación, entonces el discurso es para ellos, no los usuarios. Segundo, el hecho de hacer énfasis a la responsabilidad de decir la verdad como elemento “formador” de conciencia en la población, no se refiere a que la gente por sí misma no pueda hacerlo, sino a que la obligación del periodista es ser objetivo para contar su verdad, sin distorsionarla. Tercero el resaltar este hecho (de ”fomentar” la formación), es en realidad un estímulo para hacer lo mejor posible su trabajo.

Así es que, después de varias leídas y repensadas esa fue mi conclusión. Sólo que al tratar de ver en la realidad de mi contexto el reflejo de esa arenga, y leer las publicaciones locales, ver la televisión y hojear algunas revistas, escuchar la radio,  en diferentes temáticas, lo político, lo social, página roja, deportes o espectáculos y contrastarlo con mi pensamiento o los relatos de las experiencias de quienes han vivido la experiencia que se publica me pregunté ¿Dónde está la mayoría de los periodistas que dice Sabato?

 

 

*Bibliotecario en el Centro de Maestros de San Pedro de las Colonias, Coah. Es integrante del taller Literario del teatro Isauro Martínez, que imparte Saúl Rosales Carrillo.

 

 

 

 


[1] Ver “Hay que nombrar la verdad ”KioSco No. 66

[2] Las negritas son mías

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