Las tecnologías de la información y su impacto social

1 diciembre, 2010 § Deja un comentario

Por: Luis Felipe Rodríguez
luferod@hotmail,com

Jordi Adell   en su texto “Tendencias en educación en la sociedad de las tecnologías de la información”,  nos hace un recuento de la evolución del fenómeno del desarrollo tecnológico y su impacto en la dinámica de la información y de la sociedad, en donde la educación juega un papel relevante.  Adell, nos dice que desde hace aproximadamente veinte años, en diversas oleadas y desde diversas ideologías, numerosos autores anuncian el advenimiento de la sociedad de la información: un conjunto de transformaciones económicas y sociales que cambiarán la base material de nuestra sociedad (véase Bell, 1973; Touraine, 1969; Bangemann, 1994 o Castells, 1997). Tal vez uno de los fenómenos más espectaculares asociados a este conjunto de transformaciones sea la introducción generalizada de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en todos los ámbitos de nuestras vidas. Las tecnologías de la información están cambiando nuestra manera de hacer las cosas: de trabajar, de divertirnos, de  relacionarnos y de  aprender. De modo sutil también están cambiando nuestra forma de pensar.

Los  análisis de Manuel Castells  intentan formular una teoría sistemática de los efectos de la tecnología de la información en el mundo contemporáneo, donde el proceso de globalización amenaza con hacer prescindibles a los pueblos y países excluidos de las redes de la información. Castells nos dice: “La difusión y desarrollo de ese sistema tecnológico ha cambiado la base material de nuestras vidas, por tanto la vida misma, en todos sus aspectos: en cómo producimos, cómo y en qué trabajamos, cómo y qué consumimos, cómo nos educamos, cómo nos informamos-entretenemos, cómo vendemos, cómo nos arruinamos, cómo gobernamos, cómo hacemos la guerra y la paz, cómo nacemos y cómo morimos, y quién manda, quién se enriquece, quién explota, quién sufre y quién se margina. Las nuevas tecnologías de  la información no determinan lo que pasa en la sociedad, pero cambian tan profundamente las reglas del juego que debemos aprender de nuevo, colectivamente, cuál es nuestra nueva realidad, o sufriremos, individualmente, el control de los pocos (países o personas) que conozcan los códigos de acceso a las fuentes de saber y poder”.

Los medios de comunicación y las tecnologías de la información han desempeñado un papel relevante en la historia humana. Las  cuestiones clave que preocupan a los historiadores de la comunicación son, en primer lugar, qué relaciones existen entre las transformaciones de los medios de comunicación y las relaciones sociales y la cultura, entendida en sentido amplio. Y en segundo lugar, qué repercusiones han tenido los medios en los procesos cognitivos humanos a corto y largo plazo. Es decir cómo han afectado las tecnologías de la información al ser humano y a la sociedad. De la historia podemos extraer  valiosas lecciones en estos momentos de cambio e incertidumbre. La cuarta revolución, en la que está inmersa nuestra generación, es la de los medios electrónicos y la digitalización, un nuevo código más abstracto y artificial (necesitamos aparatos para producirlo y descifrarlo) de representación de la información cuyas consecuencias ya hemos comenzando a experimentar.  Bosco (1995) sitúa el origen de esta nueva etapa en una fecha concreta: el 24 de mayo de 1844, cuando Samuel Morse envió el primer mensaje por telégrafo. Por primera vez la información viajaba más rápido que su portador. Hasta ese momento, había permanecido atada a los objetos sobre los que se codificaba. Ahora viajaba a la velocidad de la luz, infinitamente más rápido que los trenes al lado de cuyas vías se hicieron los tendidos de los postes telegráficos.

Manuel Castells, nos señala que la “Era de la Información” es nuestra Era: “Es un periodo histórico caracterizado por una revolución tecnológica centrada en las tecnologías digitales de información y comunicación, concomitante, pero no causante, con la emergencia de una estructura social en red, en todos los ámbitos de la actividad humana, y con la interdependencia global de dicha actividad. Es un proceso de transformación multidimensional que es a la vez incluyente y excluyente en función de los valores e intereses dominantes en cada proceso, en cada país y en cada organización social. Como todo proceso de transformación histórica, la era de la información no determina un curso único de la historia humana. Sus consecuencias, sus características dependen del poder de quienes se benefician en cada una de las múltiples opciones que se presentan a la voluntad humana”. Los avances tecnológicos tienen lugar dentro de un determinado marco socioeconómico que hace posible no solo su desarrollo en los centros de investigación y universidades, sino también su transferencia a la sociedad y su aplicación a la producción. La revolución tecnológica en los medios, canales y soportes de la información que se está produciendo ante nuestros ojos se puede englobar en un conjunto más amplio de cambios en la estructura productiva de nuestra sociedad. La “utopía informativa” de la sociedad de la información es que toda la información esté al alcance de cualquiera, en cualquier momento y en cualquier lugar. Acceder, pues, no será el problema. Aunque habrá que pagar precios de mercado por ella. Puede que el verdadero problema de la sociedad de la información sea la saturación y el ruido en todos los canales, la enorme cantidad de paja entre la que tendremos que encontrar el grano, la sobrecarga cognitiva que implica escoger lo importante de entre la masa de información espuria. Pero la educación es más que poseer información: es también conocimiento y sabiduría, hábitos y valores. Y esto no viaja por las redes informáticas.

La educación en la sociedad de la información ha de ser un factor de igualdad social y de desarrollo personal, un derecho básico y no únicamente un producto de mercado. Los grupos de alto riesgo en términos informacionales, los info-parias, han de ser objeto de acciones positivas por parte de los poderes públicos. Debe evitarse que las nuevas tecnologías acrecienten las diferencias sociales existentes o creen sus propios marginados. Castells aborda el proceso de  globalización que amenaza con hacer prescindibles a los pueblos y países excluidos de las redes de la información, muestra cómo en las economías avanzadas la producción se concentra en un sector de la población educado y relativamente joven, y sugiere que la futura estructura social estará extremadamente fragmentada a consecuencia de la gran flexibilización e individualización del trabajo. Castells también examina los efectos e implicaciones de los cambios tecnológicos sobre la cultura de los medios de comunicación.  Estudia las movilizaciones populares contra la globalización sin freno de la riqueza y el poder, así como la formación de proyectos alternativos de organización social, como los que representan el movimiento ecologista y el feminista.

De acuerdo a Castells en el nuevo modo de desarrollo informacional, la fuente de la productividad radica en la tecnología de la generación del conocimiento, el procesamiento de la información y la comunicación de símbolos. Lo que es específico del modo de desarrollo informacional es la acción del conocimiento sobre sí mismo como principal fuente de productividad. El procesamiento de la información se centra en la superación de la tecnología de este procesamiento como fuente de productividad, en un círculo de interacción de las fuentes del conocimiento de la tecnología y la aplicación de ésta para mejorar la generación del conocimiento. Al referirse a las connotaciones económicas y globales —y sus contradicciones con lo local— Castells afirmaba: “La economía de la sociedad de la información es global. Pero no todo es global, sino las actividades estratégicamente decisivas: el capital que circula sin cesar en los circuitos electrónicos, la información comercial, las tecnologías más avanzadas, las mercancías competitivas en los mercados mundiales, y los altos ejecutivos y tecnólogos. Al mismo tiempo, la mayoría de la gente sigue siendo local, de su país, de su barrio, y esta diferencia fundamental entre la globalidad de la riqueza y el poder y la localidad de la experiencia personal crea un abismo de comprensión entre personas, empresas e instituciones”.

Al referirse a la sociedad en red Castells manifiesta que ésta surge y se expande por todo el planeta como la forma dominante de organización social de nuestra época. La sociedad en  red es una estructura social hecha de redes de información propulsada por las tecnologías de la información, donde una red es un conjunto de  nodos interconectados. Por definición, una red carece de centro y sólo tiene nodos. La relativa importancia de un nodo no deriva de sus rasgos específicos sino de su capacidad para aportar información valiosa a la red. Las redes operan según una lógica binaria de inclusión/exclusión. Castells establece: “Las nuevas tecnologías de información no determinan lo que pasa en la sociedad, pero cambian tan profundamente las reglas del juego que debemos aprender de nuevo, colectivamente, cuál es nuestra nueva realidad, o sufriremos, individualmente, el control de los pocos (países o personas) que conozcan los códigos de acceso a las fuentes de saber y poder”.  Sabemos que la economía de la sociedad de la información es global. Pero no todo es global, sino solo aquellas actividades estratégicamente decisivas. La globalización impacta tanto en el capital financiero que circula sin cesar en los circuitos electrónicos, como a la información comercial, las tecnologías  avanzadas, las mercancías competitivas en los mercados mundiales, y los altos ejecutivos y tecnólogos. Pero al mismo tiempo, la mayoría de la gente sigue siendo local, de su país, de su barrio, y esta diferencia fundamental entre la globalidad de la riqueza y el poder y la localidad de la experiencia personal crea un abismo de comprensión entre personas, empresas e instituciones.

El avance de las tecnologías de la información y la comunicación no está pues exento de contradicciones; la desigualdad en los niveles de desarrollo de los países, así como la desigualdad al interior de los mismos en el ámbito regional nos demuestra que falta mucho por hacer para que el avance en este campo sea más equilibrado. Castells menciona: “Por ello es a la vez la sociedad de las proezas tecnológicas y médicas y de la marginación de amplios sectores de la población, irrelevantes para el nuevo sistema, (…) por ello no podemos desarrollar su dimensión creativa y escapar a sus efectos potencialmente devastadores sin afrontar colectivamente quiénes somos y qué queremos. Lo que (…) debiera plantearse es cómo reequilibrar nuestro superdesarrollo tecnológico y nuestro subdesarrollo social”.

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