De poetas, guerras, libros e ingenuidades

1 noviembre, 2010 § Deja un comentario

Por: Luis Felipe Rodríguez
luferod@hotmail.com

Vivimos tiempos violentos, tiempos de crisis y de escepticismo, de desconfianza y de tribulaciones. No hay descanso, las malas noticias inundan los diarios y pantallas. Y lo peor es que esta espiral inhumana parece no tener fin. Nuestros gobernantes continúan empecinados en ganar batallas perdidas de antemano. Mientras nosotros los simples mortales recibimos múltiples ráfagas en todos los planos: económicos (salarios miserables y canastas básicas inalcanzables); políticos (representantes populares a kilómetros luz de las necesidades de la población); culturales (elitismo cultural y atolito popular); seguridad pública (no comments); etcétera. Afortunadamente también son tiempos de definiciones, tiempos de participar y de opinar. Tiempos de mayor acercamiento de los artistas y poetas con su pueblo.

El poeta José Emilio Pacheco, en una conferencia de prensa en Madrid, antes de recibir el Premio Cervantes de Literatura señalo que “la poesía es un vicio como la cocaína; uno tiene que trabajar para encontrar tiempo de escribirla”. También reveló que cree que “su obra nada ha influido en la historia de la literatura mexicana y en la sociedad, seguro que no, aunque me hubiera gustado escribir un poema que sirviera para parar la violencia y la crueldad”. José Emilio Pacheco es uno de los cuatro escritores mexicanos galardonados con el Premio Cervantes de Literatura, reconocido como el Nobel de la literatura en español; los otros fueron Octavio Paz, Carlos Fuentes y Sergio Pitol

El poeta habló sobre el estado desastroso del planeta, en particular la situación de México y la violencia cotidiana que nos invade. “¿Que cómo veo el mundo de hoy? ¡Desastroso! Cuando a finales del año pasado publiqué el libro de poemas Como la lluvia, mucha gente me dijo que era una visión demasiado pesimista, pero si uno mira todo lo que ha pasado en este trimestre –los terremotos de Haití y Chile, la violencia de México– se da cuenta de que todo lo que escribí parece color de rosa, cosas de un optimista absoluto. (…) en el caso de México, con la violencia cotidiana que nos invade. Es algo terrible, y ante eso sí que uno está totalmente desarmado. Qué puedo hacer, escribir un poema sobre los decapitados. Eso en qué va a cambiar la situación; en nada (…)  Cuernavaca, que era el sitio donde la gente iba a descansar, ahora desde la última semana se ha convertido en una urbe tan terrible como Ciudad Juárez. El lema de Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera, ahora va a ser la ciudad de la eterna balacera”. (…) “Lo que llevamos del siglo XXI se resume en los títulos de dos libros, uno de Dickens y otro de Balzac: Entre grandes esperanzas y Las ilusiones perdidas”.  (Armando G. Tejeda, La Jornada, 21/IV/2010).

Mientras que en su gira por México Joaquín Sabina, el cantautor español armó tremendo revuelo cuando dijo, en una conferencia de prensa al iniciar su gira en México, que Calderón “fue muy ingenuo, por decirlo de buena manera, cuando planteó la batalla contra el narcotráfico”. “Parece mentira que no supiera que la policía estaba completamente infiltrada y a sueldo, y parece mentira que no supiera que esa guerra no la podía ganar él y ni la puede ganar nadie”. Muy pronto la voz del aludido Calderón se escuchó respondiéndole a Sabina (obviamente sin nombrarlo) que no había nada de ingenuidad en el combate al crimen organizado. “Lo ingenuo es suponer que si el Estado se repliega, si el Estado desiste de su acción contra los criminales, estos simplemente van a dejar a la gente en paz. Eso no es cierto”. Después del desaguisado, y de casi repetir las históricas escenas de “comes y te vas”; en este caso de “cenas, cantas, te entequilas y te vas”. Previa aplicación de la manita de puerco a Sabina, este salió diciendo irónicamente: “el ingenuo era yo”. “Se va convencido?” -le preguntaron- “¿Convencido de qué?, dijo Sabina. De esta lucha contra el narco le complementaron. No. Yo sigo opinando lo que opinaba. El Presidente también. “Cada uno discutió, mantuvo sus tesis con el mayor grado posible de civilización”. Finalizó Sabina. La cantante peruana Tania Libertad, presente en el convite, narró: “Sabina le repitió (a Calderón) lo que le había dicho y le dijo que no se arrepentía. Dijeron cosas muy bonitas. Muy interesante. Ojalá hubiera sido abierta para que (los periodistas) pudieran captar el buen ambiente que hubo”. (Diario de Yucatán, 20/VI/ 2010)

En el año de 2005 en Nezahualcóyotl, —una de las ciudades más populosas (1’140,528 habitantes)  y conflictivas del país—, el escritor Paco Ignacio Taibo II y su compañera Paloma, iniciaron un programa de promoción de la lectura entre los policías al que denominaron “Literatura Siempre Alerta”; cuya dirección quedo en manos del escritor Juan Hernández Luna. El objetivo de acuerdo a Taibo II era muy simple: “utilizar la literatura para sensibilizar a los policías, abrirles espacio para visiones del mundo más ricas, enfrentarlos al sentido social de su tarea, enriquecerlos con el hábito de la lectura”. (Paco Ignacio Taibo II, Regresa, Cortázar, los polis te necesitamos, La Jornada, 17/ 9/09).  En esta aventura que duro 4 años, desfilaron: Felipe Garrido, Alí Chumacero, Juan Villoro, Humberto Musacchio, Rolo Díez, Jorge Belarmino, Víctor Ronquillo, Bernardo Fernández, Miryam Laurini, Eduardo Monteverde, Carlos Montemayor, Agustín Sánchez y Benito Taibo, entre otros. Imagínese usted mi estimado lector a mil 300 policías y bomberos de “Neza” participando en talleres, sesiones de lectura y análisis de textos; leyendo a Cortázar, García Márquez, Philip K. Dick, Bernal, Benedetti, Rulfo, Paz, Monsiváis, Neruda, Faulkner, Shakespeare, Cervantes, Kafka, Tolstoi, Dostoievski, Paz, Flaubert, etcétera.

Para tal efecto tuvieron que acondicionar las bibliotecas en sus instalaciones, para recibir y organizar los 22 mil libros de antologías, preparadas por el equipo que dirigía el programa. Pronto, nos dice Taibo II: “…los policías pasaron de leer y comentar a escribir e hicieron una versión del capítulo uno del Quijote en lenguaje de clave policiaca, o comenzaron a escribir cuentos sobre sus experiencias que luego fueron editados en dos volúmenes con el título de Parte de novedades. No sólo se crearon bibliotecas, pronto el grupo tuvo un cineclub, con todo y sus debates”. Entre los resultados que se obtuvieron de esta experiencia “sui generis” más allá del ámbito cultural —de acuerdo a Taibo II— sobresalieron  los siguientes: “se redujo sensiblemente el número de quejas por mal comportamiento o abusos de los policías; aumentó sensiblemente la colaboración ciudadana, y esto se reflejó en las encuestas de opinión, (…), Neza pasó de ser el segundo municipio de la República en número de autos robados al duodécimo, con 50 por ciento menos, y descendieron notablemente los robos en casas habitación, y los asaltos a comercios y a transeúntes. El programa fue tan importante que una redición de él se está produciendo en la ciudad de México, con el nombre Letras en Guardia”.

La lectura nos transforma, nos hace más humanos, reconforta nuestro espíritu. Nos hace más solidarios. Refuerza los principios y valores esenciales para poder vivir y convivir en esta jungla de asfalto. El maestro Saúl Rosales nos dice: “El libro de literatura contiene los sueños que no podemos o que no nos atrevemos a tener y nos los entrega en la intimidad propicia o en la convivencia tolerada o procurada. Un libro le da más brillo a las alucinaciones de la soledad. Lo maravilloso del libro de literatura es que letra a letra, palabra tras palabra nos adentra en una realidad distinta de la que está afuera de nuestros sentidos y como lectores podemos detenernos en ella y repasarla y revivirla cuanto queramos”. (Saúl Rosales Carrillo, De la lengua al libro, Acequias Nº 48, UIA Laguna).

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