La intocabilidad de La Jornada y de Proceso

1 octubre, 2010 § Deja un comentario

José Lupe González
joselupe67@yahoo.com.mx

 Tanto el semanario Proceso como el diario La Jornada, comparten algunas características que desde su fundación hicieron que la sociedad y el pueblo los sintiera parte fundamental de su vida diaria y sustento —en cierto grado— de  su participación ciudadana. Nadie podría tener la osadía de no reconocer que el mayor trecho de la historia contemporánea del periodismo mexicano, se sostiene en estos dos medios. Es difícil, muy difícil, que haya alguien que niegue que buena parte de la libertad de expresión que ahora muchos ejercemos, se la debemos a quienes tuvieron el coraje y las agallas de enfrentarse a quienes ostentaban el poder político y el poder económico. Eso no fue nada fácil. Se necesitó de mucha valentía, sólo véase que hasta este octubre del 2010, ninguno o casi ningún medio lagunero, se atreve a enfrentar a los gobernantes de la región y de nuestros estados; no se diga a las empresas que día a día expolian de sus dineros, sudor, esperanza, suelo y cielo; a quienes habitamos la que fue Cuna de la Revolución.

A La Jornada y a Proceso, por el respaldo y la querencia social que desde sus orígenes gozan, cimentados en aportaciones económicas y materiales de los sectores académico, social, intelectual, hasta del político y de la iniciativa privada; poco se les ha analizado, cuestionado o denunciado, sobre su quehacer periodístico y empresarial. Las razones pueden ser obvias: esos sectores más el de la prensa progresista que defiende las causas sociales, reaccionaran con cierto enojo a los señalamientos. Otra: los críticos pueden no ser inmaculados y la reacción puede ser el dar a conocer las tropelías de quienes los critican. Una muy vieja: perro no come perro, o: entre gitanos no nos leemos la mano. Otra más: es casi común que el quehacer empresarial de los medios en México, no es el más honesto, justo ni transparente; como para que sus periodistas o directivos se pongan a criticar a otros medios. Lo mismo sucede con el ejercicio periodístico. (Véase el caso recién pasado de Televisa contra el diario Reforma).

Yo estudié Ciencias de la Comunicación leyendo los libros de Granados Chapa, de Vicente Leñero, de Rafael Rodríguez Castañeda, de Ana Cecilia Terrazas, de Manuel Buendía… aprendí de ellos el amor y la pasión periodística, la fidelidad a las causas que se defienden desde el oficio. Entre mis maestros en las aulas tuve a uno del que no he aprendido todo lo que quisiera. Mi entendimiento es limitado y con frecuencia mermado por infecciones bacterianas, como una del estafilococo que me ha deshecho por años. Hubiera querido aprender más, mucho mas de Saúl Rosales Carrillo, quien generoso con muchos, no ha sido capaz de negarme su amistad la que espero llevarme hasta el fin de la eternidad. De ellos aprendí, de ellos sigo aprendiendo, lento y poco; como puedo.

Como se ha publicado en estas páginas, mis inquietudes periodísticas me llevaron a entrevistar como free lance a Enrique Maza, fundador de Proceso; a Gerardo Albarrán de Alba, en ese tiempo Encargado de Proyectos Especiales de Proceso; ya circulaba kioSco cuando entrevisté a Julio Hernández López, columnista de La Jornada. Con Enrique Maza la entrevista fue sobre los señalamientos que le hacían a Proceso en ese tiempo Carlos Marín y Froylàn López Narváez, por la forma como fue elegido el actual director del semanario. Con Albarrán de Alba, sobre la salida de Regino Díaz Redondo de Excélsior, lo que había sido Proceso hasta ese momento y la posibilidad de que alguien fundara Proceso Norte. Con Julio Hernández se conversó de temas periodísticos y de la probabilidad de formar La Jornada Laguna. Ahora voy a otra cosa, intentaré explicar esta taralata personal.

No me ha cegado y espero que jamás suceda, mi admiración por Proceso, La Jornada, Monitor, Carmen Aristegui, Javier Solórzano, el CNI-40 en su momento, Milenio Diario también en los tiempos de Federico Arreola, Sergio Aguayo, Lorenzo Meyer, Granados Chapa a quien ya mencioné. En lo regional en algún tiempo Nomádica, Revista de Coahuila, Brecha, RazonES de SER y Fragua. No, no, ojalá que el resplandor nunca me encandile para que pueda seguir viendo y ejerciendo la crítica y también la autocrítica que un tiempo se hizo en kioSco. Esa autocritica que veo imposible en La Jornada y en Proceso. Por eso cuando alguien les hace algún cuestionamiento, una denuncia, sus lectores y quienes formaron con su dineros y bienes materiales esos medios; sienten una agresión, un ataque, una embestida. Sigo tratando de aclarar este recuento.

Empecé con la utopía de querer formar La Jornada Laguna, de la misma forma en la que se elevó La Jornada: con aportaciones de la sociedad, con el esfuerzo de los que serían los propios trabajadores. Lo dije: nadie de los que conformábamos el proyecto contaba con los millones necesarios o con algunos millones que al menos significaran la mayor parte de la inversión. La Jornada lo supo desde un inicio, se le informó. De inmediato pudo decir: “No, sólo nosotros tenemos la patente de poder convocar a la sociedad para un proyecto así”.

Hubiéramos entendido pues que La Jornada igual que Proceso, se han apropiado de lo que fue el trabajo de creación de todos los que ahí participaron y aportaron; incluso del apoyo que han tenido y siguen teniendo de los lectores, pues nada puede hacer un medio escrito sin los ingresos por la venta del impreso y en la cantidad del tiraje facturado se sustenta la venta publicitaria.

Es necesaria una revisión, un análisis, de cómo estos dos medios surgidos con el apoyo y financiamiento colectivos, han dejado de ser escrutados en la corresponsabilidad que debieran tener con la sociedad. Paso a narrar.

El  sábado 14 de agosto, a la 1:40 más menos; estaba afuera de las oficinas del Teatro Isauro Martínez, por la Galeana, entre Matamoros y Allende; iba pasando el director y propietario o copropietario de la revista Fragua, Julio Ramírez, también ex corresponsal de La Jornada, a decir de él; y entabló una plática conmigo.

Traía yo los ataques certeros en mi columna vertebral, de los dolores reumáticos causados por el estafilococo. Apenas podía caminar. Julio preguntó diestro, como cazador que ha puesto ya el cebo en la trampa:

—¿Qué paso siempre con lo de La Jornada?

—Lo que salió en kioSco. No sé nada más.

—Si leí eso de que un amigo de otro amigo de un amigo…—dijo acompañando las palabras con risas festivas por la indecorosa redacción de la frase y de la información que se ofreció en el número anterior de kioSco.

—Eso es lo que sé, Julio. Lo único que se le pedía a La Jornada era que cuando menos dijera que no, que cuando menos diera una respuesta.

—Pero eso que sacaste fue puro chisme —dijo endureciendo el rostro y recalcando las palabras para que quedaran grabadas.

—¿Por qué Julio?

—Fue puro chisme en serio. La Jornada necesita gente profesional y con capacidad administrativa.

—A mí me confirmaron lo que escribí: Los Moreira quieren La Jornada en Coahuila, de ahí en más no sé nada. Nada más. Es todo lo que sé.

—¿Pero quién te dijo?

—Eso no te lo puedo decir.

—Puro chisme, sacaste ahí tu coraje. La Jornada jamás te iba a dar La Jornada Laguna, ellos quieren gente profesional.

—A ver Julio: ¿profesional en qué sentido?

—En el sentido periodístico. Tú sacaste puro chisme. Eso de que la publicidad del gobierno de Coahuila en La Jornada…

—Esa observación (de la publicidad) me la dijo un amigo. Que los Moreira quieren La Jornada me lo comentó otro amigo y lo confirmó otro amigo más con algunos fundadores de La Jornada.

—¿Quién?

—No te puedo decir mis fuentes, no te puedo decir quien, me pidieron anonimato.

—¿Cómo si pusiste que Carlos Montemayor…

—Carlos Montemayor nunca me pidió anonimato.

—Puro chisme, puro chisme. ¿Te dolió que no te dieran La Jornada verdad?

—Si Julio, claro que me dolió.

—Lo que sacaste de los contratos de publicidad del SIMAS eso sí fue profesional, estuvo muy bien, investigaste bien.

—Qué raro Julio, esa información tampoco tiene fuente. ¿Entonces lo de La Jornada no es profesional y lo otro sí aunque las dos informaciones no tengan fuente? Qué raro.

—Es que es puro chisme, ¿Quién fue?

—No estoy obligado a decirte a ti ni a las autoridades, aunque esté en los tribunales no diré quien me dijo.

—Quieren gente profesional. La Jornada jugó un papel estratégico ahora con lo del Cereso, (el caso de los periodistas secuestrados) no te iban a dar La Jornada así como así.

La cercanía de los compañeros del Taller Literario, que cada sábado después las sesiones compartimos plática y bebida; deshizo el interrogatorio. Nos fuimos a tomar unas ricas y sabrosas cervezas. De rato llegó quien me hizo la observación de la presencia casi permanente de la publicidad del gobierno de Coahuila en la página electrónica de La Jornada. Le comenté la plática con Julio. Algunos de los asistentes dijeron: ¿Julio por qué se enoja?

Por correo electrónico le pedí a Julio Ramírez, que hiciera saber su postura al respecto. No contestó. A la efervescencia siguió el silencio. El vacío. Lástima, tanto apasionamiento, tanta vehemencia desaprovechada.

La responsabilidad social de La Jornada y de Proceso

 La Jornada y Proceso, al ser formados con bienes materiales, aportaciones económicas y trabajo creativo (el diseño de La Jornada por ejemplo), de los que respondieron a la convocatoria que hizo cada uno de los grupos que a su vez formaron esos medios; se han olvidado de la gran responsabilidad también colectiva, social, solidaria; que dejaron atrás, en el olvido. En su línea editorial —la mayor parte— responde a las exigencias informativas de sus consumidores, confluyen dos aspectos fundamentales de esos proyectos periodísticos: las causas que les dieron origen y a su vez los reclamos informativos de sus lectores.

Los dos, pero más Proceso, han hecho de la falta de contratación de la publicidad gubernamental una denuncia constante y hasta llegó a demandar ante la Comisión de Derechos Humanos a la Presidencia de la República, por la discriminación en el trato de la contratación publicitaria. Los dos medios viven de sus lectores, del tiraje que logran vender y es legitimo en una sociedad capitalista aspirar a más ganancias, a la acumulación de la riqueza, aunque no sé y no puedo responder si los que aportaron sus trabajo creativo, bienes o dinero; para la creación de esos medios, persiguieran los fines de tener más ganancias y después la acumulación.

Proceso y La Jornada viven de sus lectores y cualquier medio impreso en el mundo se sentiría indestructible por eso. Para qué más ganancias y acumulación de riqueza. Para qué. Esos medios no están en riesgo de desaparecer ni de ver alterada su periodicidad, y si así fuera estoy seguro de que con una nueva convocatoria social se les rescataría para no dejarlos caer en manos espurias, en los poderes fácticos.  Para qué pues si las diferentes Jornadas que existen en el país son sociedades anónimas y según comentarios de algunos amigos que conocen las ediciones del diario en San Luis, Zacatecas y Guerrero; no dejan de ser las versiones de La Opinión o del Siglo de Torreón, sólo que con el formato y diseño de La Jornada. Es necesario que se revise la actuación empresarial de La Jornada y de Proceso. Lo que salga, estoy seguro, ayudara a entender los por quès de esas actitudes empresariales.

Algunos fundadores que se han ido de La Jornada

La lista de los fundadores que se han ido del diario es larga, muy larga. La revista Etcétera, en la edición de mayo del 2003; da a conocer un análisis sobre lo que hasta ese momento era la situación que guardaba La Jornada y la enumeración completa de los que se han marchado del diario. Reproduzco solo algunos casos.

 Carlos Payán, director fundador de La Jornada, socio de la empresa Argos, director del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista A.C. (Cemos); Carmen Lira, directora general de La Jornada; Héctor Aguilar Camín, escritor, conductor del programa Zona Abierta, de Televisa, y colaborador de nexos; Humberto Musacchio, columnista de Reforma; Juan María Alponte, columnista de El Universal; Guadalupe Loaeza, columnista de Reforma; Francisco Báez, columnista de etcétera y La Crónica.

Cristina Barros, columnista de La Jornada; Roger Bartra, investigador de la UNAM.  Hermann Bellinghausen, reportero de La Jornada; José Joaquín Blanco, escritor y articulista de La Crónica; José Carreño Carlón, director del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, titular de la Cátedra UNESCO/UIA y columnista de etcétera; Daniel Cazés, investigador de la UNAM y ombudsman de Milenio Diario; Rolando Cordera, colaborador de La Jornada y nexos, presidente de la Fundación Carlos Pereyra; Raúl Cremoux, columnista de El Universal y conductor de Otros ángulos, de Canal 40; Rogelio Cuéllar, fotógrafo de Reforma; René Delgado, reportero de Reforma; Federico Fassano Mertens, director del periódico uruguayo La República y del grupo Multimedio Plural; Fátima Fernández Christlieb, funcionaria en la Secretaría de Gobernación; Lourdes Galaz, funcionaria de La Jornada, directora de ASIC; Pablo González Casanova, investigador de la UNAM; Luis González de Alba, columnista de Grupo Multimedios; Sergio González Rodríguez, autor del libro Huesos en el desierto y columnista en el suplemento El Ángel del periódico Reforma; Ángeles Mastretta, escritora y colaboradora de nexos; Carlos Monsiváis, escritor y ensayista, colaborador de El Universal y Televisa; Eduardo Montes, fallecido; Rafael Pérez Gay, escritor, subdirector editorial de La Crónica de Hoy, director de Nexos, S.A de C.V; Federico Reyes Heroles, columnista de Reforma; Vicente Rojo, diseñador y artista gráfico; Jaime Augusto Shelley, poeta; Raúl Trejo Delarbre, profesor-investigador de la UNAM, columnista de La Crónica de Hoy; Arturo Warman, ex secretario de la Reforma Agraria e investigador de la UNAM; José Woldenberg, Consejero presidente del IFE; Benjamín Wong, director del desaparecido semanario Punto.

Dónde están los columnistas

 Miguel Ángel Granados Chapa, Reforma; Alberto Barranco, Reforma; Álvaro Ruiz Abreu, profesor-investigador de la UAM, escritor, nexos; Jean Meyer, director de Istor y colaborador de Reforma; Luis Miguel Aguilar, director de nexos; Fernando Calzada Falcón, secretario de Finanzas de Tabasco; Enrique Provencio, procurador ambiental y del ordenamiento territorial del DF;  Álvaro Cepeda Neri, La Crisis, Siempre! y Contralínea; Ugo Pipitone, académico del CIDE, colaborador de Istor, Fractal; Pablo Gómez, Milenio; Rosa Albina Garavito, El Universal; Emilio Zebadúa, ex secretario general de gobierno de Chiapas y candidato a diputado federal por el PRD; Gonzalo Martínez Corbalá, miembro del Colegio Nacional de Ciencias Políticas y Administración Pública; Guillermo Schavelson, agente literario; Sergio Aguayo Quezada, Reforma, dirigente de México Posible; Bernardo Bátiz, procurador capitalino; Arnoldo Córdova, politólogo; Víctor Roura, coordinador de la sección cultural de El Financiero; Oliver Debroise, escritor e investigador de artes plásticas.

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