Estado, violencia y medios

1 agosto, 2010 § Deja un comentario

Por: Luis Felipe Rodríguez
luferod@hotmail.com

Con la llegada de Felipe Calderón al gobierno de la República, la violencia se desató como nunca antes en la historia reciente de nuestro país. Su afán por lograr una legitimación que no logro en el proceso electoral del 2006, lo llevo a diseñar una estrategia de combate al crimen organizado con el fin de obtener reconocimiento social que compensara el descrédito público, resultado de un proceso electoral bastante oscuro y cuestionado. Con el apoyo de las grandes cadenas de televisión y de algunos diarios y revistas de cobertura nacional, se desencadenaron una serie de acciones mediáticas tendientes a legitimar las acciones del gobierno federal en su “guerra”  contra “los malosos”, con su caudal de violencia y de muerte sin fin. La televisión, la prensa y la radio, —con sus escasas excepciones—se pusieron al servicio de este esquema de manipulación y desinformación a la opinión pública.

Emulando a Salinas con su famoso quinazo, Calderón se lanzo como el Borras y removió el “avispero”. Atrás quedaron sus promesas de campaña, dejó de ser el “presidente del empleo”, ahora se puso el holgado uniforme verde olivo y como el Chapulín Colorado se dispuso a luchar contra el crimen organizado. Sus amigos del duopolio televisivo, ordenaron a sus comunicadores favoritos que le dieran otra “manita” a Calderón, un segundo favor no se le niega a nadie, las concesiones y los grandes negocios del duopolio bien valen el apoyo a un presidente desgastado y debilitado. Saben perfectamente que su objetivo principal es el lucro, la ganancia, la acumulación. Dichos medios tienen una línea editorial y no le van a dar “de patadas al pesebre”, a menos que así les convenga a sus intereses. Vivimos en un México virtual, a merced de los poderes fácticos. Cuya fuerza se deriva en buena medida por los favores prestados a las elites políticas; y como en un juego “suma cero”, no hay espacios vacíos, lo que alguien gana otro lo pierde. Aquí el poder ganado por el duopolio televisivo, fue en detrimento del poder de los ciudadanos, que sin remedio nos vemos expuestos al tiroteo continuo y sin pausas de la telecrácia.

A pesar de que las grandes televisoras y radiodifusoras funcionan en México bajo el esquema de concesiones temporales, en las cuales el estado otorga los derechos para operar las señales  de acuerdo a una serie de compromisos que el concesionario tiene que cumplir, y de que en caso de incumplimiento el estado está en su derecho de retirar las concesiones, al igual que en caso de vencimiento, el estado puede renovar o cancelar dichas concesiones, o bien de abrir a la competencia más canales nacionales de señal abierta. Sin embargo el maridaje del gobierno calderonista con las televisoras ha impedido la aplicación estricta de la ley. Así el monopolio o más bien dicho el duopolio televisivo tiene todo el campo libre para desinformar y manipular a la población.

En esta “guerra contra la delincuencia organizada”, usted encontrará innumerables casos de ciudadanos victimas de lo que se ha llamado “daños colaterales”, así como de constantes violaciones de las garantías individuales y de los derechos humanos. Se aduce que las restricciones a la libertad de los ciudadanos es un costo que hay que pagar porque estamos en una situación de emergencia. Sin embargo al paso que vamos no se vislumbra un fin a corto plazo. Se alboroto al “avispero” y ahora no hay forma de pararlo. Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México, en una entrevista reciente presentó el informe alternativo relativo a la participación de niños en los conflictos armados en el país donde señaló: “… de diciembre de 2006 a marzo de 2010 se han registrado 22 mil defunciones en la lucha contra la delincuencia organizada, de las cuales, 900 son de menores de 17 años. Algunas entidades padecen tasas elevadas como es el caso de Sinaloa, con 43.7 fallecimientos por 100 mil habitantes, le sigue Chihuahua con 42.1; Guerrero, 30.2; Durango con 27.8; así como diez estados que tienen tasas hasta cuatro veces más altas que la media nacional.

En Ciudad Juárez se registraron 191 homicidios por cada 100 mil habitantes, confirmando a la ciudad como la más violenta del mundo. En lo que se refiere a niños de 0 hasta 17 años las tasas de defunciones por homicidio aumentó, especialmente en Baja California, Chihuahua, Durango y Sinaloa. Un ejemplo de este incremento es Durango, que en el 2006 registraba una tasa de 0.84 defunciones por homicidio en edades de 0 a 17 años, la cual para 2008 se incrementó en 3.8 por ciento. (…) la categoría de niños más afectados por el incremento en la tasa de homicidios son los adolescentes desde los 15 hasta los 17 años. De 2007 a 2008, en un solo año, la tasa de homicidios de Baja California subió de un 8.33 hasta 24.3 por cada 100 mil personas de ese rango de edad, lo que significa un incremento de 291.7 por ciento. En Chihuahua, donde pasó del 12.6 hasta el 45.95, lo que equivale a un aumento del 364 por ciento. Algo más impresionante, revela el documento de 31 cuartillas, es el aumento de esta tasa en el estado de Sinaloa, donde pasó de 3.13 hasta 17.01, produciéndose así un incremento del 543 por ciento. (El Universal, 7/VI/2010)

El uso político del miedo  como mecanismo de control y de legitimación autoritaria en Estados Unidos, fue documentado por Naomi Klein en su ya clásico libro La doctrina del shock; cuya tesis central consiste en que: “al igual que un individuo en estado de shock acepta acuerdos y condiciones que no le serían aceptables en condiciones normales, el momento después de un momento traumático es el mejor para conseguir que una sociedad asuma cambios que consideraría inadmisibles en un contexto natural. El estado de shock se consigue en el individuo mediante torturas y en la sociedad mediante guerras, ataques terroristas o epidemias”. La “doctrina del shock” parece reproducirse en México usando otros pretextos (el combate contra el crimen organizado).

En el ámbito regional se reproducen igualmente en algunos medios los esquemas nacionales, que repiten sin rubor las opiniones de los “líderes nacionales de opinión”, no hay ni un “céntimo” de análisis objetivo y de espíritu crítico.  Afortunadamente la creciente apertura de diversos medios plurales de comunicación en las diversas regiones y localidades de México, incluida por supuesto nuestra región, sumado al auge de medios alternativos que circulan en el ciberespacio, con cada vez mayor influencia y mayor credibilidad; nos permiten pensar que la necesidad de contar con mayores y mejores fuentes de información, obligará tarde o temprano a que se dé una real transformación de los medios masivos de comunicación. La buena información es también un buen negocio. Son tiempos difíciles, son tiempos de la emergencia de la sociedad civil. Estamos pues presenciando —diría Bob Dylan— como: The times are Changing (Los tiempos están cambiando)

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