El Siglo de Torreón: ¿defensor del periodismo?

1 abril, 2010 § Deja un comentario

Rodolfo Galindo Ramírez

¿Qué terrible enfermedad padece el periodismo que siempre atrae a los charlatanes? ¿Por qué El Siglo de Torreón, nuestra otrora institución periodística más reputada es el mecanismo más eficaz para producir charlatanes en la actualidad? El periodismo suele asociarse a todo, a causas humanistas, a proezas informativas inconmensurables, pero también tiene como reducto favorito el ridículo. No hay duda, entre los medios existentes en La Comarca Lagunera, quien más ha perdido en materia económica, periodística, de credibilidad y como fuente de información confiable, ha sido El Siglo de Torreón. Algo que suena descabellado, si tomamos en cuenta lo poco que ha arriesgado el periódico.

Con frecuencia, el dietario ideológico de la provincia confunde el relevo generacional con el reemplazo cultural. Esto último a propósito del cambio dentro de la directiva de El Siglo de Torreón. El pasado primero de marzo se anunció que Antonio Irazoqui y de Juambelz abandonaba la dirección del diario tras diecisiete años de servicio. Su lugar, según la información publicada por el mismo periódico en su sección de finanzas, fue ocupado por Antonio González-Karg de Juambelz. El acontecimiento es una excelente oportunidad para recapitular sobre el maltrecho devenir histórico del diario con más antigüedad de Torreón.

Antes de emprender un análisis acerca de las vicisitudes del organismo no puedo dejar de comentar la nota donde manifiestan la noticia sobre el cambio de dirección. De chabacanería los acusaría un lector inteligente, de candidez, de inocencia, de cebollazo tal vez. La verdad es que la redacción sobre la marcha de Irazoqui anuncia una debacle que lacera a El Siglo de Torreón desde hace un lustro o más tiempo. Y evidencia al aparato autocrítico del diario como inexistente. Un ejemplo: se menciona la introducción del periódico a Internet ¿pero acaso se advierte lo mal diseñada que está la página y lo difícil que resulta leer la versión digital?

Todos los diarios mienten, es innegable. Pero algunos convierten el acto de la mentira en un deporte. Aquellos que han estado involucrados en la organización de El Siglo de Torreón saben que desde hace años el periódico falsea datos sobre el tiraje. Nadie logra ponerse de acuerdo en cuál es la cantidad de ejemplares que se imprimen diariamente. El oscurantismo desatado por esto puede solo interesar a los compradores de espacios publicitarios, o a la competencia. Debería ser un problema de todos, porque ¿dónde vamos a parar si nuestro máximo diario informativo pretende darnos atole con el dedo, fingir que no atraviesan una profunda crisis periodística?

Un balance oportuno sobre El Siglo de Torreón aborta el mismo resultado que aqueja a todas las dictaduras, el poder le hace daño. Revisemos la relación que el periódico ha sostenido con las últimas alcaldías de Torreón para entender lo referido. La enemistad o la simpatía hacia una figura política valen más que la veracidad. Lo que suele llamarse “la línea”. Está empatía escandalosa ha devenido en trauma para los torreonenses. Una mentira mil veces repetida se convierte en verdad. No deja de asombrar la similitud que guarda la fábula de Pedro y el lobo con el periodismo siglero. El diario fantasea con la idea de que nunca se va a quedar sin lectores.

Hablábamos de lo perdido, es cierto, ha sido mucho, pero lo más lamentable no es eso, lo peor de todo es que en el camino no se ha recobrado nada. Tremenda paradoja, si tomamos en cuenta que aquel que no arriesga tampoco pierde. El Siglo de Torreón nunca se la ha jugado en ningún aspecto. ¿Qué es lo que provoca el hundimiento del diario? ¿De dónde surge tal fenómeno? Si lo único a lo que se ha dedicado ha sido a mantener viejos paradigmas. ¿Acaso no es esa la fórmula exitosa que mantiene a este país? Un cambio en la dirección de un diario no es un proceso inédito. El problema con El Siglo de Torreón es que no han podido trascender su endogamia. Insisto, el relevo generacional no implica un reemplazo cultural. ¿No es lo endogámico lo más nocivo para lo endémico? Ojalá la suma de González-Karg de Juambelz representara una alternativa periodística. Para desamparo del periodismo local, los antecedentes y las circunstancias apuntan a que quizá esta haya sido una decisión errada. Tal vez lo que El Siglo de Torreón necesita para desfallecer por completo sea la presencia de González-Karg de Juambelz.

Por áreas es imposible detectar cuál es la peor flagrancia del diario. El periodismo cultural que ejerce, por poner un ejemplo, no sólo es fallido e irrisorio, es intolerante, narcisista y desapasionado. En materia deportiva la nula crítica persiste. Pero quizá el equívoco más grave de El Siglo de Torreón sea su incapacidad para generar periodistas. Nadie ignora que ninguna universidad tiene el poder de formación profesional con que cuenta un diario. El problema de El Siglo de Torreón es que deja la formación de periodistas por completo en manos de las universidades. Debería ser al contrario. ¿Pero qué sucede en la realidad? Que los alumnos egresados de comunicación salen mal preparados y llegan a trabajar a El Siglo de Torreón y se enfrentan a un aparato reduccionista, mecanizado y sobre todo, lo más intolerable, que no te invita a pensar. Que estimula la pereza mental de sus miembros.

Una de las principales preocupaciones de El Siglo de Torreón en la actualidad debería ser luchar con entusiasmo porque en La Comarca Lagunera se instaure una licenciatura en periodismo. Ellos, como principal órgano de información en la región, deberían impulsar esta moción. Volvemos al cuento de Pedro y el lobo. Algún día La Comarca Lagunera dejará de producir periodistas, todos serán reemplazados por alumnos de comunicación con mala ortografía. Y así como no fabrican periodistas, tampoco producen columnistas, reseñistas, ni editorialistas.

El Siglo de Torreón, como tantos aspectos de la vida pública en el país, necesita renovarse. El torreonense promedio ya no responde a los mecanismos de idiosincrasia que pondera el periódico. El Siglo de Torreón ha dejado de representar la realidad del torreonense. Ha dejado de retratar una colectividad. Y esto es un hecho lamentable, sin precedentes. Seamos honestos, ni el algodón, ni la uva, nadie era el unificador de la identidad torreonense como lo era antes El Siglo de Torreón. Ahora, lo que identifica a la ciudad es el equipo de futbol. Con esto nos crearemos una idea exacta de la magnitud de la crisis que debilita al diario.

El Siglo de Torreón, de ser el escaparate primordial de la noticia, se ha convertido en un proyecto errático, incompetente, inoperante. Se asumen como líderes en el campo de la impresión, pero jamás se han detenido a pensar en lo que es una realidad extraradial inherente al diario, sus competidores son más eficientes. La era de pagar por un nombre, una marca, ha sido profundamente saboteada por la Internet y sus medios de difusión. Lamentablemente para sus dueños, el nombre El Siglo de Torreón no alcanzó la popularidad de Coca-Cola. El Siglo de Torreón debe renovarse. O va a morir.

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