El fotoperiodismo también es periodismo

1 agosto, 2009 § Deja un comentario

Javier Rodríguez-Villa
recolectordeimagenes.blogspot.com
javier.rdzvilla@gmail.com

 El fotoperiodismo es una manera gráfica y sintética de ejercer el periodismo y, según Lorenzo Vilches en su libro “Teoría de la imagen periodística”, es una actividad artística e informativa, de crónica social y de memoria histórica.

A su manera, la fotografía se suma a las herramientas que se utilizan en los medios de comunicación impresos para transmitir información a los lectores, aunque la aplicación que se le de en cada una de las publicaciones depende en relación directamente proporcional al esquema editorial de la revista o periódico, de tal manera que existen espacios donde las imágenes ocupan lugares destacados e incluso la narración es llevada de la mano foto por foto, en tanto que en otros la fotografía servirá únicamente para complementar los trabajos escritos, sin enriquecerlos con la aportación de una visión penetrante del tema.

Tal como establecen los cánones del periodismo y se exige para redactar adecuadamente una nota informativa, la fotografía también puede responder a las preguntas esenciales qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué, y es ahí donde puede articularse con el material escrito, ampliando la visión que los lectores llegan a tener sobre el caso que se aborda.

Más aún, la inclusión de las fotografías adecuadas en cuanto a formato, toma y mensaje, se convierte en un atractivo para los ojos que escudriñan las páginas en busca de información y cual imán, jalan el sentido de la vista hacia este espacio y lo conducen a lo largo del texto.

A la riqueza visual de la imagen, podemos añadir la idea persistente de objetividad de los trabajos emanados de una cámara fotográfica, ya que el grueso de la población aún consideran ciertos los hechos que se capturan en negativos o pixeles, según sea el caso. “La foto aparece como el testimonio fidedigno y transparente del acontecimiento o gesto de un personaje público”, ha escrito Vilches, y no le falta razón.

¿Pero que fundamento tiene lo anterior?, probablemente la tremenda fuerza de objetividad que se le otorga a la fotografía, no obstante que la imagen, que es el punto de vista del fotógrafo, apenas es un segmento de la realidad.

Sin duda alguna, es más factible que un lector mantenga un archivo mental basado en imágenes que en artículos, lo que nos lleva a un proceso de divulgación del tema que sufre un proceso de transmutación –mínimo o amplio– cada vez que la persona recuerda la fotografía y la comenta en público, de donde será asimilada por otros quienes a su vez podrán repetir esta mecánica.

No es ocioso mencionar que la impresión indeleble de un hecho muchas veces queda referida a una imagen fotográfica, y esto es válido para cualquier género informativo: la fotografía del gol que dio el campeonato del mundo a X selección, los restos del vehículo donde expiró tal princesa, el impacto de un avión en neoyorkina torre, la celebración de un extrovertido diputado por la aprobación de un nuevo impuesto, el humoso retrato de encapuchado guerrillero, el geriátrico beso de una pareja de enamorados de viaje por El Vaticano…

Los géneros fotoperiodísticos

En su “Manual de fotoperiodismo”, Ulises Castellanos define con base a su experiencia profesional los géneros periodísticos en seis apartados: la fotonoticia, la fotografía de entrevista, la fotografía deportiva, la fotografía de nota roja, el reportaje y la fotografía documental.

El primero de ellos, la fotonoticia –la que considera como de eventos no previstos– incluye fotografías de política y movimientos sociales y señala que este género es la base que ofrecen los diarios y las revistas como información visual para documentar un hecho y establece que son imágenes que se obtienen gracias a la cobertura periodística de un medio, atendiendo a la oportunidad y las prioridades informativas del mismo, por lo que deben de ser imágenes fundamentalmente informativas que dejen de lado la interpretación, contundentes y claras.

En la fotografía de entrevistas cita que pueden retratarse tanto personajes como figuras anónimas ya que lo trascendente es que se comunique el contexto donde se desenvuelve el sujeto, clarificando de quién se habla y a que se dedica. Destaca que este género permite como pocos el estímulo de la creatividad y, además de informar, permite al fotógrafo expresar su punto de vista respecto del sujeto retratado.

Uno de los géneros más completos, dado que exige una especialización, es la fotografía deportiva, en donde el fotógrafo debe conocer las reglas y los vericuetos del deporte o del juego en cuestión, lo cual le permite anticipar un momento fotográfico y preparase para capturarlo, pero se exige velocidad y capacidad de síntesis.

Tal vez la más común a últimas fechas, la fotografía de nota roja es un género que provoca el morbo y es utilizado por algunos medios como anzuelo de venta, pero a la vez impone habilidades y capacidades al fotógrafo de prensa, ya que este género impone su propia estética y quien lo practique debe apuntalar el hecho, no la situación que lo provocó.

Si para Vicente Leñero el reportaje es “el género mayor del periodismo”, también lo es del fotoperiodismo, ya que el desarrollo del reportaje fotoperiodístico es más complejo que ningún otro género. Aborda una historia de interés general que se cuenta en varias imágenes complementarias, a través de sus cuadros, el reportaje gráfico ofrece varios ángulos de una problemática y permite, como otros géneros examinados, que el fotógrafo informe al tiempo que vierte su punto de vista.

Por último, Castellanos cita la fotografía documental como un género que trasciende la información, y que no es inmediato. En él, el fotógrafo documentalista debe descubrir o seleccionar un tema de su interés para contárnoslo en imágenes a partir de historias de vida. Su desarrollo es pausado, pues requiere de más tiempo; además, el documental se construye con información a profundidad y es un género complejo, pero asimismo es el que más proyecta el estilo personal del fotógrafo.

Sin embargo, una realidad que apabulla es que la gran mayoría de los fotoperiodistas se forman en la calle y no tienden a consultar los textos que sobre su labor escriben sesudamente autores dedicados casi exclusivamente a la academia quienes rara vez incorporan experiencia práctica, así pudiera parecer que son dos entes que ignoran mutuamente su existencia.

La conclusión no es difícil, ya que tal como me lo dijo un fotoperiodista hace más de dos décadas en la sala de redacción de un diario: El fotógrafo que sale a la calle “a ver que encuentra” no va a encontrar nada; debemos ser responsables con nuestros lectores y tener una idea clara de lo que queremos fotografiar en base al tema de actualidad o a las órdenes de trabajo de los compañeros reporteros y cuándo menos debemos leer nuestro propio periódico antes de empezar a disparar.

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