Rufina la Burra

1 febrero, 2009 § Deja un comentario

Samuel Martínez Cepeda

Con todo mi respeto para los periodistas

Rufina era una burra que añoraba ser una regordeta cebra. Se pintó unas rayas en el cuerpo para parecer una de ellas, la historia continúa; sin embargo el final es lo que cuenta: Rufina comprende que haga lo que haga siempre será una burra; y tendrá que vivir con ello perennemente por lo que termina aceptándose tal cual es. Al menos eso me contó mi maestra en la primaria y al menos eso es lo que recuerdo.  La analogía viene al caso por una cuestión referente al trabajo que llevan a cabo algunos periodistas,  quienes transgreden el área de su profesión al sentir y sólo sentir que son aptos para poder hacerlo.

Entiendo que un periodista está y debe estar muy informado, pues ese es su trabajo. Pero de ahí a que piense que está facultado para hacer un análisis completo de determinada situación, media una enorme brecha. La mayoría de los periodistas creen que pueden hacer el papel tanto de informadores como de politólogos. Algunos ejemplos.

El programa Tercer Grado que se transmite por Televisa y que reúne a los dizque mejores periodistas –que al parecer ya trascendieron a especialistas en política y economía– , resulta patéticamente paupérrimo. El análisis no va más allá de la nota y de los comentarios personales y la carga ideológica subjetiva de los participantes. Pero el hecho de ser los titulares de los principales programas noticiosos, no los faculta de ninguna manera para hacer un análisis completo: dan sus puntos de vista pero no hacen un análisis comparativo de lo que sucede en otras latitudes, por ejemplo. No recurren a la historia para revisar el origen de problemáticas sociales y lo peor de todo: no citan ni un solo teórico que refuerce las tonterías que usualmente vociferan. Eso es lo que los politólogos hacen en un análisis.

En el programan Contextos del Grupo Radio Estéreo Mayrán, diariamente Francisco Amparán, emite su comentario político. El detalle es que jamás acierta en uno solo de sus comentarios. Lo escuché diciendo que Barack Obama no tenía posibilidades frente a Hillary Clinton y sucedió todo lo contrario. Dijo estrambóticamente que México le diría “adiós” a la iniciativa Mérida por las condiciones establecidas por los estadounidenses, sucedió todo lo contrario. Algo de mesura no estaría mal señor Amparán. Javier Garza, del mismo programa, no supo jamás decir el nombre de la presidenta de la India (Prathiba Patil). Los politólogos saben el nombre de cualquier presidente del mundo entero así como el partido al que pertenecen, esto como mínimo de conocimientos.

Si el tema será la migración en un programa de análisis como los mencionados, lo que debe de imperar es una revisión histórica del problema; la comparación con otros países que tengan la misma problemática; así como citar a los teóricos y especialistas en el tema: Karl Popper, Samuel Huntintong, etcétera.  Si el tema es la participación ciudadana, se debe de revisar la historia de igual manera; la comparación entre sociedades e igualmente no pueden faltar los clásicos: Sydney, Verba, Merino, Meyer, Camps, etcétera.

Esto no sucede en dichos programas; lo único que los faculta para decir lo que dicen; a dichos periodistas, es el medio que les permite hacerlo.

O tal y como lo mencionó ya en su momento José Lupe González en este mismo medio: “Los conductores de los diferentes segmentos informativos de los medios electrónicos de la comarca Lagunera, han llenado desde tiempo atrás esos espacios de comentarios que buscan llegar a la categoría de análisis editorial, despojando de su esencia a lo que en rigor periodístico es el genero de la nota informativa”.

Y lo que sucede, sin duda alguna, es que tan sólo se quedan en la búsqueda sin poder llegar al análisis editorial.

Sucede lo mismo en la prensa escrita. Hace unas semanas, en una de sus columnas en el Siglo de Torreón, Lucrecia Martínez escribió un artículo que da pena de tan sólo leerlo. Fue sobre los ataques perpetrados en la ciudad de Bombay, en India; sólo que la ex funcionaria llamó a lo largo de su columna “Mombay” a dicha ciudad. No conforme con eso su pobrísima falta de información y desconocimiento del tema en cuestión, le dijeron que había que culpar del ataque a los malos de siempre, es decir a los malos de Al Qaeda, sin entender que esta organización no tiene presencia en Cachemira; sino Lasker e Toiba (ejército de la pureza), quien únicamente busca la independencia de la región en mención y quienes al parecer fueron los autores de los atentados. Aunque lo realmente grave es que El Siglo permitiera que esto se publicara; lo que arroja una conclusión con dos posibles respuestas: o también son iletrados en el tema o simplemente no revisan los textos que les llegan, sino el apellido de quien lo envía.

Por estos y muchos ejemplos más resulta lamentable el que los periodistas transgredan su área de competencia, como cuando un policía municipal quiere detener a un vehículo que circula por una carretera federal en aras de una buena mordida.

Sin embargo no todo es negro en el mundo del periodismo. El único medio masivo que conozco y que cumple a cabalidad con su función periodística, es el servicio mundial de la British Broadcasting Corporation (BBC). La BBC presenta la información a través de sus corresponsales. Por ejemplo, si la nota es el conflicto entre Israel y Palestina, el periodista recopila información, lleva a cabo entrevistas: hace su nota. Sin embargo al final, consulta a un especialista en la materia. En este caso a un experto en el Oriente Medio a sabiendas que su función es informar mas no analizar. De ahí la calidad de la información presentada por la BBC.

No deploro en ningún momento la actividad realizada por los periodistas citados, pero cuando afirman lo que dicen con una seriedad que asusta, convencen de lo que dicen a sus públicos sin el menor problema. Todo derivado de sus percepciones resultado de una incesante indigestión de información y su engrandecimiento producto de estar frente a los micrófonos, cámaras o detrás de una columna de “análisis”. No los deploro, insisto, sin ellos la labor de los politólogos sería más difícil; puesto que la información es indispensable en el mundo del análisis.

Zapatero a tus zapatos, Rufina siempre seguirá siendo una burra, pero al menos no convencerá de manera perniciosa a públicos con sus personales teorías sin sustento teórico sólido e histórico.

Contacto: http://enroqueanalitico.blogspot.com

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