La Jornada de la Comarca Lagunera es la proclama, es el destino

1 febrero, 2009 § Deja un comentario

En proyecto la formación del diario, también en Monterrey

José Lupe González
joselupe@yahoo.com.mx

En las últimas décadas se ha vuelto recurrente la queja de la ciudadanía sobre los actos de simulación, de desinformación y de ocultamiento de información, de los medios de comunicación masiva en la comarca Lagunera. Ha crecido la exigencia ciudadana para recibir mejor información; que los medios cumplan el ejercicio de la libertad de expresión. Ninguna de las dos se ha cumplido.  La población y sus necesidades no aparecen sino en la sección de la nota roja o son presentadas en las notas de la sección de información “general” despojadas de dignidad, de su esencia de ser seres humanos, individuos que la propia estructura económica y social del país fue destruyendo; eliminando cada atributo que como persona les otorgó la condición humana. Esas exigencias incumplidas deberían de desembocar en la formación de un proyecto periodístico con capital socializado. No se puede seguir en la queja plañidera que no resuelve nada. Se puede intentar formar un nuevo diario o seguir en el lamento, en la indignación que se vuelve rabia, en la impotencia de seguir siendo nosotros mismos una mercancía para los medios de comunicación masiva de la región. No quedan muchas opciones. Seguimos con la impotencia frente a los medios o intentamos fundar otra historia, nuestra historia.

No se han visto reflejadas las luchas sindicales, campesinas, políticas, estudiantiles, políticas, económicas, ambientales y la vida cotidiana de quienes padecen y sufren la vida en la comarca Lagunera. Quien quiera explicar la situación actual a través de las hemerotecas, videotecas o audiotecas; de los medios masivos impresos o electrónicos, verá otro panorama, otro paisaje, y la historia de lo que sucede en la región será muy difícil encontrarla en los medios masivos. Quien quiera buscar algo de la historia lagunera en los medios masivos, primero tendrá que explicarse la actuación de los mismos medios. Los problemas de la Comarca han permanecido soterrados, acallados, silenciados. Con impunidad, con saña.

La estructura mediática lagunera ha impuesto también sus condiciones a los empresarios y a los políticos, quienes han tenido que soportar las altas tarifas publicitarias, sobre todo de El Siglo de Torreón. Son permanentes los enojos de los empresarios, políticos, partidos políticos, funcionarios de las áreas de Comunicación Social y de las agencias de publicidad, por las tarifas y las condiciones que impone el diario de mayor circulación; quienes al no tener la opción de contar con un diario que les ofrezca un mayor o igual alcance ceden a la imposición tarifaria y a las reglas que impone para la difusión de los mensajes publicitarios o propagandísticos.

Pero nadie hasta el momento ha tratado de conformar un proyecto que desemboque en la creación de un medio masivo. La falta de capital es el principal impedimento. Establecer una radiodifusora resulta la opción más económica, después una televisora y la opción más cara es un periódico. Pero los trámites para un medio electrónico vuelven imposible esa posibilidad. Es necesaria la creación de un periódico donde se manifieste la realidad de la región y sus causas, un periódico que dé apertura a las voces empresariales, políticas,  sindicalistas, estudiantiles, gubernamentales; en suma, a los diversos sectores de la sociedad. Puede lograrse con la participación ciudadana. De ejemplo están Proceso y La Jornada. Si alguien no puede aportar capital, tal vez pueda contribuir con maquinaria o equipo. Creo que es posible si las voluntades confluyen y se unen.

Julio Hernández, columnista de La Jornada, en una entrevista (kioSco número 25, febrero 2007);  manifestaba:

—¿Para cuándo La Jornada de la comarca Lagunera?

—Más bien ustedes díganme a mí. Ustedes digan, La Jornada está siempre puesta.

—¿No hay planes todavía?

—No. No, no. Siempre que se abre una Jornada es porque un grupo de gente va y propone y tiene que combinarse el interés informativo, que suele ser muy fuerte en muchos lugares, con la viabilidad empresarial que suele ser muy difícil en la mayoría de los lugares, entonces donde hay la viabilidad empresarial para crear una alternativa periodística se trata de llevarla a cabo.

—Para tirar la botella al mar, ¿de cuánto dinero se estaría hablando?

—No, no tengo idea.

El financiamiento de un medio así, tendría que socializarse; es decir, se tendría que convocar a la gente, a la sociedad, para que quien se interese adquiera acciones de la empresa periodística. La página en internet de La Jornada relata cómo se formó ese diario.

“…Con ese telón de fondo un grupo de periodistas decidió abandonar el Unomásuno por diferencias irreconciliables con la dirección del diario. La salida de la que había sido nuestra casa fue una ruptura dolorosa y nos tomó algunas semanas reagruparnos, reflexionar dialogar y acordar la pertinencia de echar a andar un nuevo periódico que diera cabida a las expresiones de pluralidad y diversidad, aún incipientes, de la sociedad civil, y que contribuyera a la preservación de consensos nacionales históricos que empezaban a correr riesgos por la infiltración en el poder político de jóvenes tecnócratas neoliberales: defensa de la soberanía, respeto a la autodeterminación, función rectora del sector público de la economía, redistribución de la riqueza, educación pública laica, gratuita y obligatoria, obligación del Estado de garantizar la salud, la vivienda y el salario remunerador, entre otros.

“El proyecto no fue bien recibido por el empresariado, para el cual toda propuesta con orientación democrática y social resultaba una conjura comunista, ni por el gobierno de Miguel de la Madrid, en el que confluían las primeras expresiones del credo neoliberal con la más atrasada cultura antidemocrática priísta. En la sociedad, en cambio, la iniciativa generó un desbordamiento entusiasta. La convocatoria a construir un nuevo medio informativo se presentó la noche del 29 de febrero en un salón del Hotel de México, cuando al núcleo original de periodistas se habían sumado ya científicos, académicos, escritores, artistas, cineastas fotógrafos, militantes políticos de varias tendencias y luchadores sociales.

“Esa noche propusimos un diario en el que tuviera cabida el pluralismo de un país que ya no se reconocía en la unanimidad y que veía con alarma las crecientes amenazas a las conquistas sociales logradas durante los regímenes posteriores a la Revolución Mexicana. El entorno político no era la única adversidad. Los convocantes del nuevo proyecto teníamos clara la tarea a realizar, pero no contábamos con los medios económicos para llevarla a cabo. La parte principal de la solución provino de los artistas plásticos, encabezados por Rufino Tamayo y Francisco Toledo, quienes realizaron generosas e insólitas aportaciones en especie para que la iniciativa pudiera prosperar. Rara excepción y circunstancia de privilegio en la conformación de una empresa: La Jornada no tuvo socios capitalistas sino socios artistas y, como aliados y amigos, a figuras destacadas de la cultura.

“En los tiempos iniciales, Francisco de la Vega y Alejandro Gómez Arias nos ofrecieron su consejo y su apoyo, Gabriel García Márquez nos regaló un reportaje salido de su pluma, Vicente Rojo realizó el diseño del diario, Juan Sepúlveda nos rentó el edificio de Balderas 68, Alberto Bitar puso su imprenta a nuestra disposición, Manuel Barbachano Ponce nos dedicó la premier de la película Frida, producida por él, dirigida por Paul Leduc y con Ofelia Medina en el papel estelar. La enumeración es obligadamente incompleta y necesariamente injusta, pero los nombres arriba referidos representan con sobrada dignidad a las muchas manos solidarias que ayudaron al nacimiento de La Jornada.

“Debemos lealtad a los artistas, intelectuales, académicos, periodistas, políticos y escritores que participaron en la fundación del diario, así como a los estudiantes, obreros, amas de casa, profesionistas, campesinos, pequeños empresarios, promotores de derechos humanos, comerciantes, poetas y desempleados que decidieron arriesgar lo único que tenían en la bolsa, el equivalente de veinte o treinta dólares de aquel entonces, y convertirse en accionistas de nuestro periódico.

“A partir de esa noche la comunidad de La Jornada vivió en la intensidad y el sobresalto de organizar las formas de trabajo, diseñar la elaboración de las páginas, realizar innumerables trámites legales y, sobre todo, despejar la incertidumbre económica. El gobierno nos negó, durante nuestro primer año, la publicidad oficial, y transitamos por ese periodo con la espada de Damocles de un corte en el suministro de papel que, como se ha dicho, estaba controlado por el gobierno. Nuestros únicos activos eran una línea ética y editorial bien definida, un público dispuesto a darnos un anticipo de confianza y algunos recursos materiales para sufragar el arranque del nuevo diario: una gran pinacoteca, dos pisos de oficinas en un edificio rentado, una docena de líneas telefónicas, mobiliario de oficina obtenido a cambio de publicidad, dos docenas de máquinas de escribir, 12 computadoras personales más o menos compatibles con la primera y más elemental PC de IBM y dos fotocomponedoras usadas. Por supuesto, sin imprenta ni red de distribución propias.

“En la madrugada del 19 de septiembre de 1984 asistimos en tropel a los talleres de Alberto Bitar para ver salir de las máquinas los primeros ejemplares de nuestra edición número uno. Hubimos de pasar por el encontronazo entre las expectativas generadas antes de nuestra salida y nuestros primeros números, escasos de páginas, vacilantes en la edición y periodísticamente débiles, aunque apegados a los principios de nuestra línea editorial. Por esos días algunos se refirieron al diario naciente como panfleto, hoja parroquial, ‘La Mejor-nada’, sin embargo, unos meses después ya estábamos tirando veinte o treinta mil ejemplares. La razón era que desde la primera edición, nos dimos a la tarea de contar no sólo las versiones, sino también los sucesos de un país que no existía para el resto de los medios. También fue que se dio cabida a voces ajenas a las corporaciones oficiales, a los grupos económicos y financieros, a la industria del espectáculo, a los designios de los grandes poderes y a la moral social hegemónica que no podía concebir ‘malas palabras’, y ni siquiera giros coloquiales, en el papel impreso”.

Gerardo Albarrán, encargado de proyectos especiales del semanario Proceso; en una entrevista con quien esto escribe en  octubre del 2000, (Demócrata Norte de México, octubre del 2000; kioSco número 11, noviembre del 2005); señalaba: “Proceso Sur nace por iniciativa de nuestros corresponsales de los estados del Sur. Ellos, los propios corresponsales, quieren hacer una revista, creen que tienen, ahora sí, los argumentos periodísticos para crear una gran revista catorcenal regional que atienda precisamente toda la información que se pierde y que sí es importante para su región; entonces ellos proponen a Proceso un proyecto editorial que resulta viable y que Proceso apoya; así nace Proceso Sur. Del mismo modo que nace en Acapulco La Jornada, que no es la Jornada en sí, si no una asociación de periodistas locales que se asocia con un medio nacional, lo mismo pasa en San Luis Potosí con un periódico que tiene vínculos con La Jornada.

“Si se contara aquí en la Comarca con un proyecto periodístico se podría fundar Proceso Norte. Si se cuenta con claridad empresarial, con capacidad profesional y siendo viable el proyecto ¿por qué no? A mí me llamó la atención cómo surgió Proceso Sur, queramos o no, el Sur ha estado olvidado para el resto del país. Cuando empezamos Proceso éramos tres corresponsales: uno en Guadalajara, otro en Monterrey y yo en Tijuana y ganábamos lo mismo que los reporteros de la revista; pero fueron los corresponsales del Sur los que nos dieron esta lección empresarial y periodística”.

Creo que es posible la fundación de una gran iniciativa periodística, es posible la fundación de otra historia periodística; de otro futuro donde las voces rompan el silencio, donde las palabras derriben los muros sordos; es posible si las voces se unen en una sola proclama: La Jornada de la Comarca Lagunera; es posible si todas las voces elevan esa frase como consigna, es posible llegar a ese destino para la fundación de otra historia donde retumben los gritos apagados de los obreros y campesinos, de los estudiantes y las amas de casa, de los desempleados y de los explotados, de los sin casa y los sin futuro, de los sin esperanza y sin presente. Es posible. Hagámoslo. Ya hay un pequeño grupo formando el proyecto financiero. Ojalá prospere. Bienvenidas las manos que quieran unirse a la utopía que será cierta a fuerza de soñarla y soñarla con manos y ojos despiertos. Bienvenidos. Todos. “Mirad esas estepas que sacuden las manos / Millones de obreros han comprendido al fin / Y levantan al cielo sus banderas de aurora / Venid venid os esperamos porque sos la esperanza / La única esperanza”, escribió Vicente Huidobro. Y en la gente de la comarca existe nuestra gran esperanza. Yo sé que las utopías pueden ser reales. Yo sé que los sueños se deben de soñar para vivirlos en la realidad de nuestra existencia.

De la entrevista con Gerardo Albarrán guardo una anécdota que he referido a mis amigos: le decía yo a Albarrán la falta de medios de comunicación críticos, medios de comunicación que ejercieran en realidad la libertad de expresión y que ofrecieran apertura a voces criticas. Albarrán sólo me dijo fulminante, casi lapidario: ¿Y luego?, el problema de algunos periodistas es que sólo se la pasan quejándose de eso. ¿Qué hacen para resolver esa situación?, nada. Organícense y formen un proyecto. La queja plañidera no resuelve nada”.

Jamás he olvidado esa anécdota. Casi casi regaño. Jamás olvidaré esa frase: la queja plañidera no resuelve nada. Como estudiantes o egresados de Ciencias de la Comunicación o de Periodismo; obreros, amas de casa, campesinos, profesionistas; como integrantes de la sociedad lagunera podemos seguir con la queja plañidera o podemos impulsar este proyecto. Hoy es la hora, aquí es el momento de la decisión. Mañana es futuro y es pasado. La decisión es aquí, es ahora. Si no se concreta el proyecto, quedará el antecedente del intento, no será un fracaso. Debemos de intentarlo. Estoy seguro de que lo lograremos. Ya en Monterrey también un grupo ciudadano eleva su esfuerzo, convoca a la unificación insustituible de la solidaridad que se levanta titánica en una proclama: La Jornada.

Comentarios, preguntas, sugerencias y proposiciones: lajornadalaguna@yahoo.com.mx

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