Los bastardos de la fotografía

1 diciembre, 2008 § Deja un comentario

Javier Rodríguez-Villa
javier.rdzvilla.blogspot.com
javier.rdzvilla@gmail.com

¿Porqué un fotógrafo puede llegar a perder el respeto que generalmente los hombres de la cámara brindan a cualquier persona?, ¿por qué algunos pasan del trato amable a la más dura persecución y al acoso? La respuesta es sencilla: por dinero, bastante dinero que una sola foto les puede proporcionar.

Hoy en día no hay sección de espectáculos ni revista de la farándula que omita la publicación de información sobre aspectos negativos, bochornosos o morbosos de los artistas, y por supuesto, el impacto es mayor si a la nota se le añade la imagen que muestra los hechos descritos, la foto donde el famoso se cae de borracho, aparece desnudo, besa a quien no es su pareja o el día que simplemente olvidó vestirse y peinarse como manda el buen gusto.

Estas publicaciones se han convertido en un gran nicho de oportunidad para un grupo creciente de fotógrafos que, sin mediar escrúpulos, no buscan la imagen trascendente, sino tratan de provocar la fotografía amarillista que les permita aumentar su cuenta bancaria a costillas de gente que algún talento tiene, ya se como actores o cantantes, incluso como deportistas o socialitès.

¿Pero, a cuánto asciende la motivación para quienes usufructúan éste lado ríspido de la fotografía? Según algunos datos disponibles, la paga pareciera envidiable, ya que por adelantado se están tasando entre 20 y 30 mil dólares las imágenes del primer beso que dé a un hombre la cantante Miley Cyrus, bien conocida en Estados Unidos, Canadá y México por su papel de Hannah Montana en la serie del mismo nombre de la empresa Disney.

Con estos pronósticos de paga, desde hace tiempo sobran los hombres en moto y con cámara fotográfica que siguen a la jovencita de 15 años que ya generó una gran polémica por las fotos que la revista Vanity Fair publicó hace algunas semanas, por lo que se especula que la chica podría convertirse en la nueva Britney Spears o Lindsay Lohan, y así, en una mina para sus perseguidores fotográficos, llamados paparazzi.

De “La dolce vita” al mundo real.

En la Roma de mediados del siglo pasado, Tazio Secchiaroli se fue forjando una fama de fotógrafo duro capaz de conseguir fotos sorpresa de los actores, modelos y aristócratas que se mostraban en los cafés y en las veredas de la Via Veneto. En esa época, Cinecittá era el centro de la industria cinematográfica europea por las grandes coproducciones norteamericanas que allí se filmaban y la ciudad estaba llena de famosos y las revistas del corazón, como siempre, estaban dispuestas a pagar bien por una foto.

Sin proponérselo, cambió las reglas del fotoperiodismo de espectáculos al descubrir que los editores pagaban mejor las fotos sorpresa. Un actor de cine enfurecido, tapando con un diario la cara de una mujer que no era su esposa, valía tres veces más que el mismo personaje sonriendo en un estudio de cine. Junto con algunos amigos, desarrolló tácticas para mostrar a las estrellas como personas vivas, aunque eso a veces significara provocar. Sus herramientas de trabajo eran una motoneta Vespa, una cámara Rolleiflex y un flash de lámpara, así como mucha paciencia.

El mismo Secchiaroli dijo una vez que “La dolce vita” nació en la noche del 14 al 15 de agosto de 1958, cuando él y sus amigos inmortalizaron al destronado rey egipcio Faruk poniendo una mesa patas arriba, al actor Tony Franciosa golpeando a un fotógrafo que lo pescó cenando con Ava Gardner en un club nocturno y a un furioso amante de Anita Ekberg, Anthony Steel, que acecha con los puños apretados a otro fotógrafo. Estas fotos provocaron más de un escándalo y Federico Fellini, que ya soñaba con filmar una película sobre la sociedad romana, los invitó a cenar.

En este encuentro el director los cuestionó sobre su forma de trabajar y de ahí nació el personaje de Paparazzo, el fotógrafo que acompañaba al cronista de la noche representado por Marcello Mastroianni. La cinta se estrenó en 1960 con gran éxito y desde entonces la palabra paparazzi, plural de Paparazzo, entró al vocabulario internacional como sinónimo de los fotógrafos de personajes famosos.

Sin embargo, el hombre que sirvió de modelo para el personaje tal vez nunca ganó tanto dinero como el que logran ahora estos acosadores, ya que murió a los 73 años en su casa ubicada en un barrio romano de clase obrera, donde ya vivía antes de trabar amistad con las estrellas de cine como Sofía Loren.

Acusados por los artistas, los paparazzi tuvieron su nota principal con la muerte de la princesa Diana de Gales, a quien como de costumbre, siguieron esa noche fatídica y por supuesto, realizaron su trabajo una vez que el auto donde la dama viajaba sufrió el accidente que le costó la vida.

Dinero para todos.

No obstante, todo parece indicar que aquellos que se encuentran dentro del círculo de los espectáculos se benefician de esta estigmatizada labor, ya que desde los editores de revistas, los publicistas, los anunciantes y hasta las propias estrellas alcanzan beneficios económicos con la captura de estos momentos fugaces que exhiben a los famosos, y resultado de ello son las altas cotizaciones que se han establecido para las fotografías exclusivas de los hijos de los artistas. Veamos un par de ejemplos que impactan.

Las fotos de los gemelos de Brad Pitt y Angelina Jolie dejaron 14 millones de dólares a los famosos, felices y afortunados padres, y ese pago debe estar más que justificado si sabemos que por las imágenes de la hija anterior les abonaron a su cuenta cuatro millones de dólares, pero el beneficio para la revista People también fue equivalente, ya que esa edición vendió 800 mil copias más que el promedio.

Algo menos fue lo que recibieron Jennifer López y Marc Anthony por las fotos de sus pequeños, ya que la citada publicación les agradeció el gesto con un cheque de seis millones de dólares, en tanto que Matthew Mc Conaughey recibió más de tres millones por la sesión fotográfica. Al parecer, los famosos ya consideran parte del show business tener hijos y permitir que un magazine los retrate en exclusiva.

Pero no todo la gloria del dinero, mencionan los propios fotógrafos acosadores tal vez para limpiar en algo su imagen, enumerando sus problemas como los altos gastos en viajes y traslados, los pagos a los denominados “corredores de estrellas” que les suministran información para localizar a las figuras públicas y la gran competencia que ha traído la fotografía digital.

Además, dicen, cada día es más difícil conseguir fotografías exclusivas de gente como Madona, Britney Spears, Paris Hilton o la realeza europea, a lo que se debe sumar la situación propia de cada fotógrafo, ya sea contratado con empleo fijo en alguna revista  en cuyo caso deberá cubrir una cuota mensual de fotos, o como “free lance” que tiene que comercializar su trabajo en periódicos, revistas o páginas web.

Por sus quince minutos de fama.

Nada más contradictorio podría ocurrir con los paparazzi, y es que hace unos meses la Fundación Helmut Newton dignifica a estos cazadores de famosos con la exposición “Pigozzi and the Paparazzi”, y es obvio que el trabajo de ellos muy poco tiene que ver con el del maestro de la fotografía, quien invertía horas en una foto de estudio, contrario a la inmediatez de las imágenes fuera de control que integran la muestra.

Para darse una idea de la importancia que para las revistas de espectáculos tienen los fotógrafos que frecuentan los lugares visitados por los famosos, podemos citar que entre las 350 imágenes que integran la exposición se cuentan las de la Princesa Diana en traje de baño por Saint-Tropez, Michael Jackson tapándose el rostro en el balcón del Hotel Carlton de Cannes, Franz Sinatra bostezando y Romy Schneider desnuda al sol, Sean Pean asestándole un puñetazo al fotógrafo Ron Galella, Keith Richard durmiendo la mona bajo la mirada complacida de Mick Jagger y también Al Pacino soltando un inútil “no pictures” a la cámara.

El trabajo realizado por los fotógrafos que aportan imágenes a esta exposición les ha ido elevando a un nivel superior a sus compañeros, y con diferentes enfoques es digno de verse el resultado de la labor de gente como Jean Pigozzi, Erich Salomón, Arthur Fellig Weegee, Daniel Angeli, Edward Quinn y el propio Galella, todos ellos ya legendarios en el oficio.

Asimismo, esta claro que hay una gran diferencia en el trabajo clásico que se realizó de 1930 a 1990, principalmente porque los fotoreporteros de antes nunca captaron tan demoledoras imágenes de ídolos del pop en sus momentos de peor ruina física o psíquica como las que se ven ahora de Britney Spears o Amy Winehouse, aunque ello no quita que su presencia no siempre fuera deseada.

La muestra es exponente de la complicidad entre el reportero y la estrella en sus buenos momentos, y también de lo que Jean Pigozzi calificaba de sentido de la oportunidad, no en balde señala que la relación que estos fotógrafos mantienen con los famosos es de cierto coleguismo, para finalmente reconocer que no siempre gusta ser un agresivo perseguidor, pero hay que pagar el alquiler de la casa”.

Pues si, donde pareciera que la fotografía pierde el estilo, ahí es donde hay más dinero; cuando el fotógrafo rompe la línea del respeto, esta cerca de obtener una gran paga. Acosar, molestar, fastidiar, provocar, perseguir y violar la intimidad, si paga. Y en miles de dólares, por cierto.

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