Elecciones otra vez. Una reflexión.

1 octubre, 2008 § Deja un comentario

Por Daniel Maldonado
dems64x@yahoo.com.mx

I. mercadotecnia, publicidad y contaminación.

Al ser un proceso cíclico definido, por mucho que se cambien las leyes electorales (recordemos la pobre aplicación de la ley), las elecciones resultan un bombardeo inútil que intentara ganar la guerra de la indiferencia contra el abstencionismo.

La mercadotecnia política y la publicidad electoral son inefectivas. El candidato no puede seguir siendo un producto pues la realidad optimista y ensoñada presentada en el segundo informe de gobierno de Calderón, contradice la que padecemos los ciudadanos de México en nuestro día a día.

El bombardeo del eslogan, el pendón con la foto sonriente, el reparto callejero de parafernalia, la tonada pegajosa y el aparato publicitario en radio, televisión y prensa pertenecen al ámbito del mundo fincado por el televisor, lo mediático y el mercadeo.

En estos días de campaña electoral es común ver a señoras que promueven partidos sólo por recibir una ayuda económica.

Ante la rapidez de la publicidad y la del consumo instantáneo de imágenes chatarra, la publicidad electoral se funde y se confunde con los productos ofertados en base a crear una insatisfacción que sólo puede ser llenada con el consumo. Sólo que estas insatisfacciones ligadas a lo político, al ser comunes y no formar parte de la realidad utópica y superflua de la publicidad, nos provocan el rechazo y no el alivio habitual, la transformación vital de placer y positiva que toda publicidad ofrece mediante la promesa de perfección, ánimo, euforia y goce instantáneo.

Las interrogantes y propuestas sobre el quehacer de los diputados y políticos padecen el vacío, la materia intrascendente de la oscuridad mediática. No caben en un comercial. No pueden ni deben permanecer más en un espacio construido como maqueta, composición, propaganda. La nueva campaña política debe abandonar el área de la publicidad y regresar al terreno de las ideas y los resultados.

Hemos padecido la guerra sucia en las elecciones del 2006 y pareciera que nada aprendimos. Debemos saber distinguir cuando se nos quiere utilizar. Resulta curioso que cedamos ante un bombardeo de mentiras que fincan miedo y nos resulten poco trascendentes las noticias sobre corrupción y crímenes de estado. Goebbels tenía razón.

Canciones y comerciales que se repiten con sadismo, una campaña mediática publicitaria nos bombardea tratando de inducirnos a votar, como si la baja representatividad y la confianza en los gobernantes lograra estimular el voto utilizando la inducción directa de la música; como si no tuviéramos conocimiento de las altas prebendas y sueldos que perciben mientras el salario mínimo es un gotero de espantos y los programas sociales se basan en el asistencialismo y no en combatir las raíces de los problemas: el desempleo, la falta de oportunidades, los abusos laborales, la desprotección del trabajador, el declive en la educación, la ignorancia, la inseguridad, los monopolios, el sistema económico reinante que da muestras constantes de su ineficacia y perjuicio, la corrupción, la impunidad, el imperio de los medios y sus manipulaciones ideológicas e informativas. Baste ver la mala distribución de la riqueza y todas sus taras.

Se realiza un desperdicio y una contaminación audiovisual y de basura física para presentarnos a los candidatos. Quizás nunca volvamos a ver o a escuchar de ellos. No se duda que por allí existan personas combativas, con propuestas. Pero ante el avasallamiento provocado por la doctrina de la publicidad, lo inútil contribuye al desapego del poco civismo y aumenta la desconfianza, en sí justificada, de las instituciones.

¿De qué nos sirven campañas ociosas, de cancioncitas y rostros sonrientes, cuando lo que el país necesita son políticos que quieran regresar la representación y la participación a los ciudadanos, que comprenda que la ley debe ser un mecanismo funcional que aterrice en la comunidad y no se quede en los meros techos burocráticos, en procesos que no se aplican con igualdad ni son efectivos para castigar abusos; políticos que hablen sobre soluciones y el retorno del dominio del pueblo por el pueblo y para el pueblo, y que sepan comunicarse con él, sacudirlo y dar pie a no quedarse sólo en el ejercicio del voto, la gran farsa en el teatro de la democracia?

 

II. El contacto que tenemos con los diputados. La política poco presente.

¿Por qué no se ha implementado un Canal del Congreso Estatal? ¿Por qué no se busca instalar una repetidora del canal del Congreso Nacional cuando menos?

La política debe ser un terreno de contacto con el ciudadano, debe estar cercana al ciudadano. Entre los efectos que el aculturamiento televisivo fomenta, deben presentarse los espacios televisivos responsables en los que se nos muestre cuáles son las ideas y los pareceres de las distintas bancadas, fuerzas políticas, representantes.

Cuando uno tiene contacto a través de la televisión con la política, atestigua el aparato legislativo y del poder pero también se da cuenta de que existen legisladores que van más allá de la simple toma de línea marcada por sus superiores, la situación nacional muestra sus perspectivas y se puede distinguir la veracidad de los mensajes y lo que representa cada partido y cada miembro de las cámaras, qué intereses, visiones, posturas.

No podemos hablar de una verdadera participación civil mientras el aparato representativo siga marchando lejos del contacto con el ciudadano. La familiaridad que los medios de mayor alcance podrían brindarle a los habitantes del país; combinada con el retorno del civismo fomentado con cápsulas y programas especiales, acercarían a los ciudadanos al ejercicio político disminuyendo el descrédito en el que se encuentra gracias a la corrupción y la impunidad. Todo ello en el mejor de los casos causaría una correcta aplicación de la justicia ante la presión social. De otro modo el parto de un sistema diferente volverá a manar su sangre.

En la actualidad la información política se reduce al autoelogio gubernamental, a la superficialidad del espot, a tratar de crear percepciones falsas ante la ruina nacional, ante la incapacidad del gobierno para resolver el desbarrancadero mexicano.

Los partidos políticos deben crear y ampliar órganos informativos para que el conocimiento de los problemas sociales no se utilice como materia electoral; darle más alcance a los medios de información existentes; evitar que los espacios distribuidos en los medios se queden en lo publicitario; brindar a los ciudadanos información que los involucre y sea pertinente y apoye las acciones políticas; cubrir los terrenos olvidados; ligarse más a la juventud.

Esto sólo será posible cuando se tenga presente que las concesiones de radio y televisión pertenecen al espectro público, que la importancia de los medios masivos en la conformación del ideario político y social debe permanecer alejado del interés empresarial y los compromisos sombríos con los diversos poderes.

Mientras no se nos brinden nuevas formas de hacer política en verdad participativa, es difícil que el desperdicio en el gasto electoral cese y se transforme en un motor de verdadero compromiso y participación de los ciudadanos.

Es un problema complejo en el que intervienen la cultura y la educación, la realidad social de abuso e impunidad, las luchas por el poder y un modelo socioeconómico que impone el individualismo a ultranza y el provecho personal antes que el beneficio público. Nos hace falta voluntad para cambiar. Padecemos un círculo vicioso en el que el teatro electoral carece de volumen y sustancia, pero sobre todo de resultados y confianza.

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