Playboy vs Hustler

1 agosto, 2008 § 1 comentario

Por Carlos Velázquez

¿Pepsi o Coca? ¿Barcel o Sabritas? ¿Corona o Carta Blanca? ¿Rock o Corrido? ¿Hugh Hefner o Larry Flint? ¿Playboy o Hustler?

En un sentido estrictamente periodístico es difícil responder a las dos últimas interrogantes. Por un lado esta el hombre que se ha convertido en una leyenda, Hef. En la esquina contraria la polémica figura de Larry, el personaje que se atrevió a desafiar al estado norteamericano en su defensa por la libertad de expresión. Más allá de la arena plenamente periodística, Flint ponderaba un respeto por la individualidad. Además del derecho a los contenidos explícitos de Hustler, la causa Flint incluía dentro de su discurso la libertad de acción y de pensamiento.

La principal diferencia entre ambas revistas, de entretenimiento para caballeros, radica en que Playboy siempre se inclinó por un respeto por la figura femenina como instrumento de ornato. Hustler se dedica a la sobreexposición de los signos. Que puede ser observada como la explotación meticulosa de la imagen de la vulva. Lo que hace de Hustler la primera revista de desnudos totalmente posmoderna. Sin embargo, Playboy significó la edificación de un imperio que no estaba exento de los contenidos periodísticos de calidad dentro de sus páginas. Reclutó entre sus filas a plumas de primer nivel. Entre ellas la del inolvidable Hunter S. Thompson. También Norman Mailer, protagonista incorruptible del mejor periodismo en inglés, colaboró en Playboy.

La lucha de Flint fue única. Y su mito también. Primero se enfrentó a la corte. Después, un reaccionario religioso, en desacuerdo con su ideal pornográfico, le disparó y lo condenó a pasar el resto de su vida en silla de ruedas. Los intensos dolores causados por su invalidez lo arrojaron a la adicción a la heroína. Su mujer contrajo SIDA, debido a su también galopante adicción intravenosa y a su conducta sexual desenfrenada. Paralítico, Larry era incapaz de conseguir una erección. Sin embargo, Flint jamás adoptó el papel de mártir. Nunca se doblegó, ni se inmoló. Con un espíritu cercano al de Henry Miller, luchó por desmitificar el sexo. Convertirlo en un asunto de elección personal. A partir de Hustler, nadie puede condicionarnos sexualmente. Somos libres de reinventar la sexualidad. En pocos años, la imagen de una mujer desnuda colgada de un gancho y en un congelador será lo más erótico posible. Es una imagen desacralizada si se quiere, pero perfectamente correspondiente con la realidad. El mundo necesita dosis de violencia y Hustler las ha proporcionado.

 Para Playboy el asunto ha sido más contenido, pero qué solvencia ha demostrado Hef, por décadas ha mantenido cautivo al imaginario colectivo masculino. No conforme con integrar entre su plantilla a pesos pesados de las letras, Playboy ha hecho de la entrevista una segunda casa. Sin duda Rolling Stone le debe gran parte de su éxito a la formula de Hefner. La influencia en el campo de la entrevista así lo demuestra. En las filas de Playboy han sido cuestionados personajes relevantes de la historia, tan disímbolos unos de otros, como por ejemplo Gary Casparov, ex campeón mundial de ajedrez y candidato a la presidencia de Rusia; Charles Barkley, basquetbolista de la NBA; Matt Groening, creador de los dibujos animados los Simpsons; Mick Jagger, vocalista de los Rolling Stones, etc.

En el rubro de la fotografía, también Playboy fue un escaparate importante. Por sus oficinas han circulado los mejores fotógrafos norteamericanos. El concepto de imagen de Playboy se ve representado por el excesivo cuidado en la captura de imágenes. Ante todo, aunque se han sacrificado algunos preceptos de consumo sexual, las fotografías están por completo entregadas a resaltar un concepto estético incuestionable. La mirada del fotógrafo como único vehículo para capturar la belleza. Y lo más importante ha sido el aparato fotoperiodístico que genera. Los fotógrafos que han desfilado por Playboy se han consagrado en otras áreas como la fotopublicitaria y artística. La plataforma que la revista ha representado para sus colaboradores es insólita dentro de la historia del periodismo.

Los logros de Hustler no son menos impactantes. De entre sus hazañas sobresalen dos primordialmente. En primer lugar el ataque certero y a la cabeza que implica dinamitar el ideal de belleza norteamericano. Al colocar Hustler en portada e interiores a mujeres más terrenales, no tan semejantes como las que muestra Playboy, demostró que para que apareciera una mujer en una revista no debía corresponderse con el esteriotipo de la “playmate”. La representación de la sexualidad no es exclusiva del modelo 90-60-90. Cualquier chica con la actitud podría encender la libido de los consumidores. Esto trajo como consecuencia una reverberación inmediata y efervescente de la escena undergroung. Centenares de revistas subterráneas comenzaron a imitar la formula de Larry Flint. El acontecimiento generó un artefacto periodístico que si bien no iguala en calidad a Playboy, demostró una eficacia sin precedentes. Creo subgéneros sobre subgéneros. Todo aquello que escapaba a Hustler, alguna otra publicación lo absorbía.

En segundo lugar, el otro triunfo de Flint y Hustler fue conseguir lo que pocos alcanzan: derrotar a la censura. El sueño ya había terminado. Flint predicaba que no había nada que preservar. La censura no resguardaba nada valioso para los consumidores. ¿Por qué entonces ocultarles la realidad implícita en si mismo? Tal fue el hit de Flint, además de la libertad de expresión, su tarea fue derribar la barrera de hipocresía que alimentaba el conservadurismo norteamericano. Un conservadurismo que prohibía la sobredemostración de los genitales femeninos, pero que había sometido a la juventud de su país a la guerra de Vietnam y había asesinado a Martín Luther King y a John F. Kennedy.

 Ambas publicaciones cambiaron la historia. Playboy, de ser una revista, se ha convertido en un monopolio que fomenta un estilo de vida. Ropa, hoteles, perfumes, ostentan la marca del conejito. La industrialización de Playboy, excesiva en algunos aspectos, otorga al consorcio una impronta frívola. Un ejemplo es el programa de televisión protagonizado por Hef y sus tres novias, Girl of the Plaboy mansión. Contrario a eso, no podemos dejar de sentir fascinación por Hef. El hombre que se ha mantenido en la cima desde los 50’s. Un desmitificador del espectro romántico. Aquel que asegura para sus practicantes la consagración de una fortuna sólo para perderla. Hef ha demostrado que no siempre los excesos son el camino del hombre con fama.

Hustler abrió un nuevo mercado de divertimento para consumidores de pornografía. Algunos de sus ejercicios pueden ser enjuiciados dentro del marco de la vulgaridad y lo repetitivo. Pero sus riesgos finalmente se impusieron sobre la pequeña moral de los dirigentes de una nación.

¿Hustler o Playboy? El corrido del eterno retorno. ¿Pesadez o liviandad?

La historia cambia. Los tiempos se trasforman. Pero en el fondo el hombre sigue siendo el mismo. Todo adolescente que descubre su sexualidad tendrá en sus manos un ejemplar de Playboy. Lo encontrará entre la colección de su papá o le pedirá a un adulto que se lo compre en un puesto de revistas.

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