Los medios y el déficit de objetividad

1 junio, 2008 § Deja un comentario

Daniel Maldonado

La teoría. Es en la rutina informativa, donde debe cumplirse puntualmente el ritual democrático; Impedir la fusión de la verdad con el poder, el amarillismo en la información, impeler la participación ciudadana, e informar objetivamente.

Los medios de comunicación en las democracias, al ser actores de primer nivel en la esfera pública, están obligados a reconocer sus deberes minimos de informar, reflejar el estado del debate público y vigilar a favor de los intereses de los ciudadanos.

Los medios, considerados también como espacios neutrales para el intercambio de ideas, ayudan a consolidar una esfera pública ciudadana en donde, en principio, la información confiable circula, lo que contribuye a limitar los usos indiscriminados del poder.

Es menester reconocer, que esta manera de definir el papel de los medios de comunicación en las democracias, no esta libre en lo absoluto de idealización y exageración. Sin embargo, así expuesto,  este supuesto y teórico papel de los medios de comunicación sirve para distinguir un tipo ideal de medios de comunicación en los regímenes democráticos, frente a lo que sucede en otro tipo de regímenes y sistemas políticos no democráticos. 

Lo verdaderamente importante, es que este tipo ideal, resulta útil para contrastar lo que sucede incluso dentro de las propias democracias con los medios de comunicación, y es la base de muchas de las críticas al respecto de los mismos, unas de las cuales se glosan a continuación.

La práctica. Los medios de comunicación, en  nuestro país, gozan de libertades envidiables en contraste con muchos otros países y regímenes, -incluso democráticos- en el hemisferio. Sin embargo, lamentablemente, estos han abusado de su poder, de sus libertades y de su enorme poder controlador, prueba de ello, fue la exitosa campaña política negativa en contra del entonces candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, durante la elección del 2006, la campaña denostativa en contra de figuras como Javier Corral, por su (exitoso) empeño en derribar la perniciosa ley de medios, o mejor conocida como ley Televisa; así mismo, la campaña mediática esgrimida en contra del IFE y de los mismos legisladores que aprobaron la reforma electoral; esto sólo por citar algunos ejemplos, así mismo, otra campaña no menos dañina, pero esta vez en contra de todos los mexicanos, al apoyar, en la medida en que denostan el movimiento de izquierda en contra de la privatización de petróleos mexicanos, llevado a cabo por AMLO, el proyecto de reforma energética impulsado por el gobierno federal.

Así mismo, anteponen lo trivial a lo trascendental, son fieles a la premisa que reza: Pueden llegar cien barcos a un muelle y no es noticia, es noticia aquel que se hunda. Cabe hacer aquí una precisión, no todos los medios presentan las mismas deficiencias, sin embargo, los medios masivos (Televisa y TV Azteca), aquellos que captan la atención de casi el 80% de la población, se encuentran afectados por el mismo mal.

En esta tesitura explicativa, y derivado de lo anterior, los medios de comunicación han transgredido formidablemente los objetivos que deben ser considerados  su razón de ser, y de paso, atentan gravemente contra uno de los pilares fundamentales de la profesión que invento un tal Pietro Aretino hace varias centurias (Periodismo); es decir, la objetividad.

Un ejemplo, y que me parece gravísimo, aunado al problema de los medios masivos, pero que se presenta a nivel local, tiene que ver con uno de los principales medios de la comarca, me refiero al caso concreto del grupo GREM  y su programa Contextos.

En este programa, constantemente se leen y se analizan las columnas de articulista tales como: Federico Reyes Heroles, Jesús Silva Herzog, Francisco Amparan, etc; quienes ostentan claramente su posición personal y su muy subjetiva postura ideológica acerca de los temas importantes del acontecer político-nacional, dándoles a estos columnistas dentro del programa, la razón total en sus argumentos, generalmente neo fascistas, sin embargo, omiten leer los artículos de intelectuales de la talla de Lorenzo Meyer, Luís Rubio, Rene Delgado, Jorge Zepeda, etc. Quienes lejos de manifestar una personal postura ideológica a favor de la izquierda, se remiten a interpretar con datos fidedignos, análisis históricos, y críticas objetivas, la realidad de los problemas actuales, sin linchar a la izquierda, sino contextualizando la misma; No obstante, aun y cuando también, estos últimos se empaparan de subjetividad al igual que los primeros, los analistas del programa Contextos, lo menos que debieran hacer como medio imparcial y objetivo es presentar para su cotejo, las dos vertientes analíticas.

Lamentablemente, esto no sucede, la falta de objetividad es un problema endémico, tanto en medios masivos como en medios locales.

El resultado de este déficit de objetividad, es la formación de una opinión pública alineada con la postura del medio emisor, y dada su capacidad en términos de cobertura,  el resultado, es una sociedad ideológicamente imbuida.

En esta línea, Noam Chomsky, sostiene que los intereses corporativos que se imponen en las decisiones de los contenidos pueden terminar por favorecer solo determinadas versiones de la realidad y esconder otras que, o bien resulten poco vendibles o sean contrarias a dichos intereses.

Al mismo tiempo, Kellner, señala que debido al control de los medios por parte del capital corporativo, aquellos han tendido hacia el conservadurismo, al defender lo que perciben como sus propios intereses económicos.

Esta parece una manera sencilla de explicar la falta de imparcialidad en los medios, pero a la vez, se corre el riego de utilizar el mismo argumento para justificar dicha deficiencia.

Lamentablemente, no existe mecanismo jurídico alguno que regule la objetividad en los medios, y me parece que no sería viable, despertaría seguramente pasiones exacerbadas en aras de la libertad de expresión y de prensa.

Sabemos que la imparcialidad y la neutralidad completas son imposibles de alcanzar simplemente porque el periodista tiene ya un marco valorativo, intereses y preferencias que están, sociologicamente hablando, existencialmente determinadas.

En este sentido, es indispensable entender el tipo de medio y el contexto en el que trabaja el periodista, pues ambos definen y pueden limitar seriamente, su capacidad y su libertad para transmitir información veraz de forma independiente y autónoma. O en otras palabras, la libertad que el medio da al periodista en cuanto a lo que informa, y la forma en que lo hace.

Derivado de esto, el profesionalismo, la objetividad y la imparcialidad del periodismo, es el resultado de una combinación entre una serie de acciones, que respeta el periodista a la hora de obtener y presentar información, así como de las condiciones institucionales que le permitan desempañarse con autonomía y libertad.

Dadas estas circunstancias, el déficit de objetividad, es un mal que difícilmente desaparecerá, a menos que medie una profunda reforma axiológica en los medios; en la cual los mismos asimilen precisamente, que eso es lo que son, un medio, y no un fin en sí mismos, y comprendan, que entre sus objetivos prioritarios, deben privar el ser un espacio para la discusión pública, un medio de control del poder y un vehiculo para el ejercicio del poder político.

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