Cada Uno, Un Medio De Comunicación

1 junio, 2008 § Deja un comentario

José Lupe González

El avasallamiento informativo que el régimen gubernamental en complicidad con los medios masivos de comunicación, tanto los llamados de cobertura nacional como los de cobertura regional o local; llevó a Andrés Manuel López Obrador a hacer el llamado a que cada uno sea un medio de comunicación.

Al menos en la comarca de la provincia del país del tercer mundo en la que vivimos, no se ha conocido más sobre esa convocatoria de López Obrador, quien estará aquí en la Laguna. Creo que la idea tiene sus orígenes en lo que fue el desarrollo del proceso del desafuero y después la guerra sucia con la publicidad negra, en la campaña electoral presidencial contra el candidato presidencial de la izquierda. Creo que ahí están las raíces de este nuevo llamado para que cada uno sea un medio de comunicación.

En el proceso de desafuero no pasó desapercibido para los consorcios informativos ni para los dueños de esas empresas, que son los que deciden qué se informa y qué no se informa aquí en el país; que México se había convertido en una gran plaza pública. No había lugar en el que no se discutiera sobre lo justo o lo injusto del proceso del desafuero contra López Obrador.

Los últimos dos acontecimientos nacionales que han sido más importantes que cualquier juego de fútbol  Cruz Azul-América o Chivas-América, fueron el ya mencionado proceso de desafuero contra  López Obrador y la campaña electoral presidencial; por la gran orquesta que formaron empresarios-medios-partidos contrarios-iglesia-más todo lo que se podía sumar; por una sola cosa: el país se hizo una gran plaza pública, insisto.

Suena a hipérbole, a exageración Garcíamarquesiana, pero en la mayor parte de México durante esos dos sucesos López Obrador fue habitante obligado, requerido, mencionado, citado; en platicas de cantina, de café, reuniones; y hasta en bodas, bautizos y quinceañeras; en los divorcios y en los funerales no se hablaba del esposo o esposa que se había ido, ni del muerto; se terminaba hablando de López Obrador. De nadie más. Fue más popular que el Chelito Delgado o que Cuauhtémoc Blanco. Qué tal.

Menciono la banalidad de los juegos de rivalidad inmortal por una sola cosa: en esta patria nada iguala a la conmoción que causa el fútbol y nada iguala al engrandecimiento de jugadores que dejan de ser humanos para ser convertidos en ídolos, en inmortales, en dioses por los medios de comunicación. A nada y a nadie engrandecen más los medios que al fútbol y a los futbolistas. Pues de ese tamaño fue la grandeza de López Obrador durante esos dos sucesos históricos: el desafuero y la campaña electoral presidencial. México fue una gran plaza pública. Enorme.

Plaza Pública que los mismos medios deciden si crece, aumenta, se extiende y se desarrolla; o bien, se minimiza, se achica y desaparece. Veamos. Martes 13 de febrero: Ciro Gómez Leyva en Formula de la Tarde: mencionó no más de diez minutos sobre lo que se había dicho en el primer foro de la Reforma Petrolera, donde participaron el dirigente nacional panista, Germán Martínez Cazares; la dirigente priista Beatriz Paredes; el historiador Lorenzo Meyer: José Agustín Ortiz Pinchetti y Carlos Elizondo Mayer Serra.

López Dóriga en el Noticiero, de Televisa igual. Menos de tres minutos sobre el caso. José Cárdenas, en José Cárdenas Informa, de RadioFórmula: menos de cinco minutos después de una hora de transmisión del noticiero.

El miércoles 14 de febrero, Ciro Gómez Leyva, no dijo nada sobre el asunto. José Cárdenas sólo comentó cerca de cinco minutos con el articulista José Cardona después de las 7:20 p.m., un rato antes había informado sobre una nueva iniciativa de Calderón: una reforma fiscal para Pemex. Cárdenas llegó a tal descaro que empezó el noticiero con un comentario del juego del Atlas, sobre el Boca Juniors, allá en Argentina;  juego de la copa Libertadores. Carajo. Qué tal. Esa es la trascendencia de la información. Esas son las bases informativas que violan los medios y los periodistas en este país.

De repente los dueños de los medios y los principales conductores y opinadores, esos comentaristas que tanto daño hacen al periodismo, se dieron cuenta que el narcotráfico seguía existiendo en el país y que la tortilla estaba otra vez por aumentar. Ah, la realidad otra vez. Para no decirle a los mexicanos lo que en teoría se debatiría sobre la Reforma Energética; en teoría, porque en el debate Calderón y sus apoyadores ya estaban perdidos desde antes, pero tenían que decírselos para que lo entendieran, para que lo supieran. Y eso es lo que no quisieron que los mexicanos se enteraran. La dirigente priista Beatriz Paredes se los dijo: “Los planteamientos que hacen las iniciativas en materia de contratos, son oscuros, confusos, y se prestan a interpretaciones discrecionales. Debo ser enfática. No aceptaremos la privatización abierta o encubierta de las refinerías”. El Siglo de Torreón, miércoles 14 de mayo.

Esa es la información que las principales cadenas de medios electrónicos y de medios impresos le escamotean a la población. Hacen un grandioso fraude informativo. Y en materia de fraudes, según se ve, todo les sale bien. Los electorales. Los informativos. No es raro que ninguna cadena nacional de radio o de televisión, no transmitiera los argumentos de los participantes en los foros organizados por el Senado de la república. No es raro. Todo a espaldas de los mexicanos. Para qué darles la información si después López Obrador los convocara a las movilizaciones. Para qué demonios informarle a la gente sobre un tema fundamental, para qué cumplir con un derecho sustantivo contemplado en la Constitución como lo es el derecho a recibir información.

Los medios deciden de qué tamaño es la Plaza Pública que se estaba construyendo después del desafuero y de la campaña electoral presidencial. Por eso López Obrador llama a que cada uno sea un medio de comunicación. Esa es la razón. La construcción de una enorme Plaza Pública a partir del desafuero y la campaña electoral presidencial, y ahora la reforma Energética, serviría para otros asuntos que inciden en la vida diaria, en el quehacer, en el destino y final de los mexicanos, se discutieran de la misma forma. Con la misma intensidad, incluso apasionamiento.

Ante la cerrazón de los medios y del régimen gobernante a escuchar los reclamos de la población, la única alternativa que encontró López Obrador fue llamar a que cada uno se convierta en un medio de comunicación. La experiencia que la población tomó en los multimencionados sucesos del desafuero y la campaña presidencial, donde mucha gente hizo sus propias pancartas, cartulinas, mantas, leyendas en playeras y cachuchas; le dio la razón para que la gente retome esa practica.

Benjamín Fernández Bogado, indica en la Revista Mexicana de Comunicación, número 63, mayo-junio del 2000; “Recuperar el sentido de la plaza pública, escenario donde se discutía, se presentaban opciones, se conversaba y se ponían en tela de juicio las afirmaciones de quien hacía uso de la palabra, es la gran tarea de los comunicadores. La plaza pública debe ser la página de un diario o de una revista, de un programa radial presentado dignamente, y de una televisión responsable, sin temer mostrar la realidad del país al que sirve y no servir a los intereses políticos que tratan de esconder ese país, que busca la política como fuente de inspiración y de trabajo (… )

“La palabra responsabilidad viene de la expresión latina: res (cosa) pondere (valorar). Sólo es responsable aquel que valora, que pondera, que le da un sitio importante a su trabajo o al concepto que lo representa. Ser responsable con la libertad y con la democracia implica para los comunicadores trabajar para exponer los temas ciudadanos en la agenda de la discusión y recuperar a través de ellos el concepto de la plaza pública hoy abandonada, fragmentada y desconocida para muchos.

“Ser periodista en un tiempo de cambios, donde lo conocido no sirve como servía y donde, al tiempo que se destruyen instituciones o conceptos, nacen otros que son también sujetos de cambios y destrucciones, no es una tarea fácil, y resalta peor en sitios donde la ausencia de libertad es asumida con un fatalismo cultural donde acaba en aquello de no se puede. Ante esto cabría de nuevo refundar el concepto de la plaza pública, volver a aglutinar en el debate a las voces que tengan algo que decir y no a las que sólo repiten los slogans políticos que les han dado como tarea proclamarlos.

“Huir de esa polémica estéril que todos los días intenta ahogar la discusión de los temas importantes. Hacer que el escándalo de hoy no sea sepultado por el de mañana sin que medie la acción de la justicia o de otras instituciones para sancionar a los protagonistas de los mismos. No convertirse en meros difusores de la agenda que los políticos oportunistas quieren colocar en el imaginario popular, sino desmenuzar la idea, el concepto y cotejarlo con la realidad, para que el ciudadano tome la decisión de manera informada y pueda crear a través de ello una comunidad sólida que respalde a la democracia y dé sentido a la libertad”.

No es difícil ver que a los medios no les importa la creación o la construcción de la Plaza Pública, mucho menos muestran la responsabilidad informativa: valorar las cosas. Rápido desapareció de la información el tema Pemex, el tema de las elecciones internas del PRD; ya nadie se acuerda que existe Ruth Zavaleta, ni los otros tantos diputados y senadores perredistas opositores a López Obrador, a quienes los llamados medios “nacionales” les dieron espacio para denostar al excandidato presidencial y hoy el principal opositor a la privatización de la petrolera mexicana.

Veamos a ver si esos medios le dan voz a las amas de casa, a los obreros, a los estudiantes para que digan, para que manifiesten su sentir sobre el aumento a la tortilla, a los frijoles, al aceite comestible, al tomate, a la cebolla. Carajo. Hasta ser pobre cuesta mucho en este país que tiene un muy mal gobierno.

Cada uno, un medio de comunicación. ya se hizo una, dos veces. La consigna es cada uno un medio de comunicación una, dos, tres veces… cartulinas, hojas de máquina reciclables, las bardas de las casas sirven y mucho para estos menesteres. La población lo sabe.

Entre las revistas y periódicos que guardo, conservo un pequeño periódico que mi sobrina Flor María con su compañeros de grado escolar, hizo cuando cursaba la instrucción primaria aquí en el ejido El Vergel. Es algo rudimentario, artesanal. Hojas de máquina dobladas a la mitad. Después recolectaron la información y la redactaron. En vez de fotos, hicieron retratos. La información: el resultado de un juego de béisbol dominical del equipo local, ¿???

Recuerdo un capitulo de los Simpson donde el señor Burns compra los medios de comunicación existentes en Springfield. Pero Lisa Simpson en su casa hace un pequeño periódico desde una computadora o máquina de escribir —no recuerdo bien— y desde ahí enfrenta a Burns. El magnate hace todo por comprar el periódico de Lisa Simpson. La niña se niega. Burns emborracha y droga a Homero y el padre de Lisa despotrica contra su hija.

Al día siguiente la noticia principal es lo dicho por Homero contra Lisa. Es el fin para la pequeña periodista. Pero Homero para resarcir el honor de su hija, elabora una edición donde manifiesta las virtudes de Lisa. Reparte la publicación. Lisa renace. Se concilian padre e hija. Burns no puede acabar con ellos. Ese enfrentamiento mediático con Lisa, causa que buena parte de los habitantes de Springfield hagan sus propias publicaciones donde cada quién denuncia los abusos que sufren, donde cada quien manifiesta lo que es su sentir sobre lo que les afecta en la tareas diarias, sobre lo asuntos que ellos quieren comunicar a los demás. Cada uno, un medio de comunicación. No es difícil.

 En la contraportada del libro Ejercicio Periodístico, del periodista Manuel Buendía, se lee un fragmento de la autoría del periodista asesinado el 30 de mayo de 1984: “Los periodistas, como el combatiente sin relevo, quisiéramos vivir y morir con el uniforme de campaña puesto y el fusil humeante entre las manos. Dicho de un modo menos solemne y melodramático, los militantes del periodismo —por vocación y por destino— tenemos que ser,  aquí y ahora. Y para nosotros ser significa publicar, hacernos oír, ya sea desde una gran cadena de periódicos, o desde una modestísima revista provinciana y hasta en una simple hoja volandera.”

Dicho de otro modo menos solemne y mucho menos melodramático, cada uno puede hacer un medio de comunicación. La cita de Buendía va dirigida a los periodistas, pero sirve para entender que cada uno puede hacer un medio de comunicación, por modesto y simple que sea será una forma muy importante de comunicarse con los demás, con su iguales; con sus vecinos, con los habitantes de su colonia, de su calle, de su escuela, de su trabajo.

Existen los casos que conozco. El pequeño periódico escolar que ya señalé de mi sobrina en su escuela primaria, escrito así, a mano, no en máquina de escribir ni mucho menos en computadora; fotocopiado y repartido entre los alumnos de la escuela 18 de Marzo, de El Vergel. Referí el capitulo de los Simpson, y Manuel Buendía agrega que si queremos hacernos oír podemos recurrir hasta una simple hoja volandera (volante). Se puede enfrentar a los grandes medios de comunicación y a los dueños de lo que se dice y se difunde. Podemos. Cada uno, un medio de comunicación. Adelante. Mañana es futuro y es derrota, pero hoy es presente y nos pertenece para la victoria, para nuestra propia historia; para otro futuro donde la patria sea para todos.

Tenemos que construir una gran Plaza Pública. Esa es la tarea. Los medios de comunicación deben de saber que su impunidad termina, que la gente es capaz de construir sus propias formas de comunicarse, de elaborar sus propios medios de comunicación para enfrentar el fraude informativo al que nos someten todos los días.

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