Nacho López, fotoensayista

1 mayo, 2008 § Deja un comentario

Javier Rodríguez-Villa
javier.rdzvilla.blogspot.com
javier.rdzvilla@gmail.com

Son los años cincuenta y las revistas ilustradas dominan la escena periodística tanto en Europa como en América. En las calles de México, junto a los grandes autos norteamericanos de la época circulan las publicaciones Hoy, Mañana y Siempre! y en sus páginas incluyen imágenes del fotógrafo documental más importante de la segunda mitad del siglo XX: Nacho López.

Ignacio López Bocanegra, tampiqueño desde 1923 cuando vino al mundo, aspiró en un primer momento a ser director de cine pero por cuestiones sindicales propias de esos años en nuestro país, vio frustrada su intención así que optó por la fotografía mediante la cual, al igual que en el género cinematográfico, se cuenta una historia por medio de imágenes, solo que en este caso de manera estática y no en movimiento.

Cierto que a lo largo de su vida tuvo una extensa carrera profesional que abarcó casi cuatro décadas captando imágenes, pero cabe destacar que laboró apenas unos cuantos años en los medios de comunicación impresos de la capital del país, que fueron suficientes para dejar constancia de su gran calidad como fotógrafo, para luego pasar a instituciones gubernamentales como el Instituto Nacional Indigenista, lo que le permitió recorrer las entidades de la república levantando amplios registros fotográficos de diferentes zonas indígenas.

Como fotoensayista, Nacho López dejó una profunda huella en el periodismo nacional ya que con una rigurosa concepción, planeación y ejecución, a través de las imágenes que nos legó pueden realizarse diversas lecturas de una sociedad que vivía una fuerte transición entre los sexenios alemanista y ruizcortinista, de ahí la importancia de apreciar las secuencias que publicó en las principales revistas de entonces.

Tal vez desde los inicios de la utilización de la fotografía en los medios impresos, el fotoperiodismo puede identificarse más como diarismo, por la urgencia de la utilización de las imágenes del día para preparar la edición que leería el público a la mañana siguiente, pero en el caso de Nacho, al trabajar para revistas ilustradas le permitía contar con una gran libertad creativa. Mediante sus fotos trasciende su originalidad artística así como su filiación política, no precisamente encuadrada en los rígidos esquemas que prevalecían en el México de mediados de la centuria pasada.

Ya en una interesante entrevista a otro gigante del fotoperiodismo, Héctor García, María Victorina Saldaña precisa que “la mirada de Nacho es una mirada profunda que ve al México de las culturas ancestrales, donde se encuentra sus obras magistrales. Él dedicó especial cuidado para captar la luz y sombra del drama, y la tragedia de estos seres. Sin duda, deseó entregar al fotógrafo profesional y/o aficionado –modesto o sofisticado- imágenes fieles al suceso”, y no le falta verdad.

El porqué Nacho López pudo manejar los esquemas de sus ensayos puede encontrarse en su vocación cinematográfica, pues antes de salir al terreno de la acción, tenía en su mente un guión escrito, al cual se ceñía para hacer una serie fotográfica. Claro está que este ejercicio creativo nunca concluía con la toma y procesado de las fotografías, sino que el proceso continuaba con la selección, ordenamiento e integración de las imágenes con los textos que habrían de compaginarse para su publicación.

Puede considerarse que el maestro tampiqueño abrevaba en el trabajo de otros grandes fotoensayistas que brillaban en otras latitudes, ya que la contemporaneidad con publicaciones como la estadounidense Life, la británica Picture Post y la francesa Vu le permitían conocer, y tal vez incluso comparar, su obra con la que aparecía en las páginas de estas históricas revistas.

Y si bien William Eugene Smith es considerado el creador del moderno ensayo fotográfico, cabe recordar que la fotografía periodística cuenta con una larga tradición que se remonta a fines del siglo XIX con los trabajos de Alfred Stiglitz, pasando a lugares tan distantes como la antigua Unión Soviética en sus primeros años donde Alexander Rodchenko con una inteligencia artística soberbia fue capaz de integrar los procesos modernos de impresión rotativa y las técnicas de difusión masiva en su proyecto estético.

Luego, el reportaje gráfico haría eclosión en la República de Weimar a través de publicaciones como la Münchner Illustrierte Presse que con el paso del tiempo contribuiría a hacer de la fotografía un formidable medio de comunicación y cuyo antiguo redactor jefe, Stefan Lorant, continuaría su gran labor en Inglaterra en las revistas Weekly Illustrated y la ya citada Picture Post. En 1936, Life emprendió en Nueva York la última etapa y la más brillante del reportaje fotográfico con el dúo Margaret Bourke-White/Alfred Eisenstaedt, así el centro de los medios de comunicación se situó en Estados Unidos.

Esta pequeña referencia a los años primigenios del fotoperiodismo no es gratuita, ya que se sabe que tal vez indirectamente, Life tuvo que ver en la formación de Nacho López ya que fue por invitación de un fotógrafo de dicha publicación, Víctor de Palma, que López Bocanegra trabajó como asistente y laboratorista en el Estudio Fotográfico D´Palma.

Independientemente de las influencias que debió haber recibido, quien se acerque a su obra notará inmediatamente que en ella no se encuentra la “captura del instante” que tanto señalan muchos fotógrafos de prensa, sino que destaca su dirección o mejor dijo , la puesta en escena, tomas de situaciones provocadas.

De cualquier forma y sobretodo, vale la pena apreciar algunas de sus series más destacadas, como “Mujer guapa, parte plaza por Madero” y “La Venus se fue de juerga”, publicadas en los primeros números de la revista Siempre!

La vida social urbana, los tiempos libres, la noche, los cabarets, la arquitectura y los personajes cotidianos, forman el mundo fotográfico de Nacho; él se asomó a las pulquerías, a los lugares públicos y a los mercados, porque como asegura su viejo amigo Héctor García “Para él, el pueblo es el más rico en imágenes, ya que las clases se vuelven moralistas en algunas circunstancias que obligan a un cierto modo de conducta, de ahí que privilegiara la forma al fotografiar las circunstancias generales de la acción de la gente y en particular de las capas sociales más libres, que son las populares, de la cuales existen expresiones más sinceras”.

Hoy, Nacho López es nuestro patrimonio y el fondo instituido con su nombre se ubica en la Fonoteca Nacional del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

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