Crisis en el ejercicio periodístico López Dóriga, Ciro Gómez Leyva y Loret de Mola: el fascismo informativo

1 abril, 2008 § Deja un comentario

José Lupe González
joselupe67@yahoo.com.mx

 “Cuando se ven afectados (los medios) se alían en defensa de lo que llaman la libertad de expresión. Muchos grupos mediáticos llaman libertad de expresión a la libertad de empresa. Ellos son una empresa mediática y se sienten con el derecho a decir lo que quieran, pero en un sistema democrático desarrollado, la libertad de expresión no permite decir cualquier cosa: no permite decir mentiras, no permite difamar, no permite deformar ni ocultar información, es decir, todo aquello que va en contra de la deontología de la información que los periodistas defienden.”

Ignacio Ramonet en entrevista a Gloria Ribé, Proceso 1641, abril 13, 2008.

No se recuerda en los últimos años del periodismo mexicano, una actitud antiperiodística  tan encarnizada contra ningún político, funcionario gubernamental o incluso guerrillero (el subcomandante Marcos, por ejemplo) como la que se ha dado hacia Andrés Manuel López Obrador.

Los medios de comunicación fueron endureciendo su postura sobre López Obrador desde mediados del 2005.  A partir de entonces al Peje se le ha dicho de todo. “Fascista Tropical” lo llamó  Francisco Amparán, enseñando su fascismo periodístico, en su colaboración en GREM del lunes 14 de abril, aunque esa misma colaboración se reproduce en el Siglo de Torreón,  titulándola allí “EL FASCISMO TABASQUEÑO”.  Pasó en poco tiempo de ser El Mesías Tropical -denostado así por Enrique Krauze-, a Fascista Tropical según Amparán.  La frase de seguro la envidiará Enrique Krauze.

El día 8 de abril, Carlos Loret de Mola, en el noticiero Primero Noticias, de Televisa, tuvo como invitado a López Obrador. A eso no se le puede llamar entrevista, pues sirve como ejemplo de lo más antiperiodístico que puede darse. Con tal ejemplo los maestros de periodismo de las universidades, mostrarán a los alumnos que una actitud hostigante, con interrupciones a la persona que se pretende entrevistar y aferrándose  a que el supuesto entrevistado dé respuestas al gusto del entrevistador, son actitudes que harán que fracase el intento de entrevista. Lo que resultará de eso es un duelo donde habrá vencido y vencedor y lo que se supone que debería ser el resultado no será otra cosa más que un fraude: nada de información útil para el televidente.

Ese mismo día Ciro Gómez Leyva, en su programa Fórmula de la Tarde; festejó, dijo, que Loret había hecho pomada a López Obrador. Mencionó, celebró al aire, que Loret de Mola hubiera despedazado a López Obrador en la “entrevista”. No entiendo de donde un periodista  aplauda que otro haya hecho “pomada” a un supuesto entrevistado. No entiendo de donde un periodista deba propalar que otro periodista haya triunfado, haya vencido, a su supuesto entrevistado.

Entonces cada entrevista se estará convirtiendo en un desafío en el que tendremos que fungir como los asistentes al coliseo romano. Deberemos esperar un triunfador. Más aún si cada entrevista es hecha por los que enarbolan el fascismo informativo y el supuesto entrevistado es López Obrador. Estaremos viendo a uno de los dos escalpar al otro. Veremos a un de los contrincantes quedarse con la cabellera del vencido.

En el Manual de Periodismo de Vicente Leñero, y de Carlos Marín (compinche y jefe de Gómez Leyva en Milenio), Gabriel García Márquez escribe sus andanzas declarativas y sus experiencias sobre las entrevistas: “En realidad, el género de la entrevista abandonó hace mucho tiempo los predios rigurosos del periodismo para internarse con patente de corso en los manglares de la ficción. Lo malo es que la mayoría de los entrevistadores lo ignoran, y muchos entrevistados cándidos todavía no lo saben. Unos y otros, por otra parte, no han aprendido aún que las entrevistas son como el amor: se necesitan por lo menos dos personas para hacerlas, y sólo salen bien si esas dos personas se quieren. De lo contrario, el resultado será un sartal de preguntas y respuestas de las cuales puede salir un hijo en el peor de los casos, pero jamás saldrá un buen recuerdo…

“Hay entrevistadores de diversas clases pero todos tienen dos cosas en común: piensan que aquélla será la entrevista de su vida, y están asustados. Lo que no saben  —y es muy útil que lo sepan— es que todos los entrevistados con sentido de la responsabilidad están más asustados que ellos. Como en el amor, por supuesto. Los que creen que el susto sólo lo tienen ellos, incurren en uno de los dos extremos: o se vuelven demasiado complacientes, o se vuelven demasiado agresivos. Los primeros no harán nunca nada que en realidad valga la pena. Los segundos no consiguen nada más que irritar al entrevistado. ‘Eso es bueno’, me dijo un excelente entrevistador de radio. ‘Si uno logra irritar al entrevistado, éste terminará por gritar la verdad de pura rabia.’ Otros emplean el método de los malos maestros de escuela, tratando de que el entrevistado caiga en contradicciones, tratando de que diga lo que no quiere decir, y tratando, en el peor de los casos, de que digan lo que no piensan. He tenido que enfrentarme algunas veces a esta clase de entrevistadores, y los resultados han sido siempre los más deplorables. Debo reconocer, sin embargo, que en otro género de entrevistas, el método puede conducir a una explosión deslumbrante. Este fue el caso, hace algunos años, en una conferencia de prensa sobre temas económicos que concedió el presidente de Francia, Valery Giscard D’Estaing. Fue un espectáculo radiante, en el cual los periodistas disparaban con cargas de profundidad, y el entrevistado respondía con una precisión, una inteligencia y un conocimiento asombroso. De pronto, una periodista preguntó con el mayor respeto: ‘¿Sabe usted, señor presidente, cuánto cuesta un boleto de metro?’ El señor presidente, por supuesto, no lo sabía…”

Ese es el riesgo de que el periodismo se haya llenado de opinadores, de supuestos editorialistas en los informativos que en esencia deben ser de eso: información. Si se quieren dar opiniones, entonces están los especialistas de cada tema. Eso de que se hable de todo, nos lleva como en estos casos al fascismo informativo. Hasta el locutor deportivo José Ramón Fernández  azuzado por José Cárdenas, en el noticiero José Cardenas Informa, denostó viernes 11 de abril, a los diputados y senadores del Frente Amplio Progresista por tomar las cámaras y evitar que se discutiera la mal llamada Iniciativa Energética.

 Ahí el locutor deportivo José Ramón Fernández manifestó que esas eran las consecuencias de las decisiones y actitudes de López Obrador. Qué bárbaro. Alguien que sufrió injusticia laboral y censura periodística, que experimentó en carne propia la humillación en Tv Azteca justifica ahora los abusos del gobierno contra la población. Increíble.

A partir de los noventas, con la presión popular sobre los medios de comunicación después del fraude del 88, contra Cuauhtémoc Cárdenas, los medios comenzaron a opinar, a decir, a editorializar. Muchos tenían algo que señalar,  denunciar y hacerle saber a la población, es decir, a sus iguales.

Fue entonces que los géneros de opinión tomaron mayor relevancia para la sociedad, para todos: pueblo y burguesía. Se fueron definiendo las dos tendencias que hoy nos dividen en lo periodístico. A favor y en contra de la población. Carajo. Como si el periodismo debiera servir para eso. Mucha importancia tienen ahora los géneros de opinión porque se ha quedado atrás la práctica de los géneros informativos como la nota, la entrevista y el reportaje. Cómo ejecutar una buena nota, un buen reportaje, una buena entrevista, nos enseña el Manual de Periodismo, y se supone también que la licenciatura en Ciencias de la Comunicación o la de Periodismo.

Así como ahora las tendencias políticas en el país son de derecha y de izquierda, en el ejercicio periodístico parece darse lo mismo: periodistas de derecha o de izquierda. Defender los actos del gobierno es meterse en la clasificación de periodista de derecha, al menor asomo de apoyo a las acciones del pueblo, nos lleva a ser calificados de “periodistas violentos”, “de izquierda”. El periodismo como el sistema político y el gobierno del país, también está en crisis, y es una crisis que los mismos medios deben de resolverla pero parece que no les preocupa. Los medios así como antes idolatraron al PRI, ahora lo hacen con el PAN y muestran su desprecio por el pueblo. Esa es la dimensión de la crisis periodística. Ese es el fascismo informativo.

Vicente Leñero, de los fundadores del semanario Proceso –el mismo semanario al que Ciro Gómez Leyva se dirige con desprecio, igual que al diario La Jornada–, en su discurso pronunciado al recibir el premio de periodismo Manuel Buendía, el 30 de mayo de 1994; discurso publicado en Proceso 918; establece “No está llamado el periodismo a resolver las crisis –qué falacia– esta llamado a decirlas, a registrar qué se esconde, qué se oculta o simula, cómo duele la llaga, porqué y cómo y a qué horas, desde cuando y por dónde se manifiesta el yugo que oprime esta vida social. Más que ir en busca de la verdad, como suele decirse cayendo en el gazapo filosófico, lo que sale a buscar el periodismo, de momento a momento, es la profunda entraña, el desgarrado cuerpo de nuestra realidad. Ese es el objetivo: la realidad a secas… desnudita y completa, lo mejor que podamos fotografiarla a punta de noticias, de indagar lo que saben los que saben, de testimonios y documentos y pareceres sustantivos, de pregunta metiche y cuchillo que punza donde duele porque algo hay si eso sangra. La realidad… que no le pidan, por Dios, al periodista visiones de profeta. El vive el día de hoy, y ese lapso pequeño es su parcela, su religión, su centro, y se acabó…”

Ha hecho mucho daño la improvisación de comentaristas. Demasiado. Una cosa es la libertad de expresión, otra cosa es que alguien tenga un espacio en un medio de comunicación para emitir opiniones o información sin sustento. El mencionado Manual de Periodismo ofrece los fundamentos periodísticos que debe tener cada género. El articulista y el columnista deben tener conocimientos profundos sobre el tema que se trata. Es simple. No cualquiera puede ponerse ha hablar de lo que sea. Para eso están los especialistas. Aparte los conductores o “presentadores”, locutores, analistas, columnistas radiofónicos y articulistas; saben la diferencia de cada una de esas actividades. Los principios elementales del periodismo les salen sobrando.

“Protofascismo” ha llamado Ciro Gómez Leyva, a las actividades de resistencia pacifica de López Obrador y sus seguidores. “Así comenzó Hitler”, “así comenzó el fascismo”, ha dicho Gómez Leyva. Ese es el fascismo periodístico pienso yo. Forzar paralelismos históricos entre uno y otros personajes, nos lleva eso si al periodismo fascista.

Los fundadores de Proceso han explicado porque que en el semanario sólo se publicó un editorial, en el número 1; la razón: la revista ya estaba demasiado editorializada con la información como para cargarla con un editorial. No es necesario que Goméz Leyva, López Dóriga y Loret de Mola, más lo miles y miles de comentaristas, sigan editorializando de más. La cerrazón, el silenciamiento de las voces divergentes a la derecha es ya en sí mismo demasiada editorialización. No hay necesidad de ensuciar la práctica periodística con posiciones, ésas sí fascistas.

Pd.1

El martes 15, en GREM en el programa deportivo Al Dos Por Uno, de Jesús Aranzábal, a las 12 del mediodía, el mencionado Aranzábal y sus locutores deportivos, también denostaron al PRD, al peje y a la izquierda; ¿qué tal?. Cualquiera sin conocimiento sobre el tema dice lo que le da la gana. Al paso que vamos, al rato hasta las señoras que dan recetas de cocina,  se sumaran al linchamiento contra la izquierda y contra López Obrador.

Pd.2

Federico Reyes Heroles publicó el martes 15 de abril en Reforma, un artículo titulado Golpistas. Véase pues que ya las posturas periodísticas rebasaron lo periodístico, incluso lo político, y están pasando lo clasista. Me comenta Gerardo Monroy que en una columna de Leo Zuckerman se llama a crear una fuerza social contraria a los grupos del Peje y de la izquierda. ¿Dónde y quiénes son los radicales? Sólo fíjense donde están los que quieren dirimir los asuntos del país con la fuerza, con la violencia. Carajo.

Pd.3

Ciro Gómez Leyva en su columna de Milenio, más de una ocasión ha mencionado que López Obrador convoca a un movimiento fascista.

Pd.4

Juan Gómez Junco y Raymundo Muñoz, en el programa deportivo Futbol al día, han criticado al Peje y al PRD.  Híjole,  ahora sí que la acabamos de fregar.

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