Vuelo interrumpido: la ruptura informativa en el Sistema Radiópolis

1 marzo, 2008 § Deja un comentario

  José Carlos Nava  

Sin duda alguna, por ahora  el tema predominante en la agenda informativa  de los medios de comunicación en México, es la terminación del ciclo de la periodista Carmen Aristégui como conductora y, al mismo tiempo, como responsable editorial de la emisión matutina del  noticiero  Hoy por Hoy en W Radio. Su salida del aire se formalizó el  pasado viernes 4 de enero, luego de anunciar  el fin de su participación periodística  al concluir la emisión correspondiente  de dicho espacio. El argumento expuesto por Aristégui consistió en explicar que el modelo  editorial puesto en práctica por ella y su equipo de colaboradores resultaba incompatible con los esquemas de noticiero y  dirección editorial determinados por la empresa. De manera posterior, en declaraciones hechas al semanario Proceso, menciona que la opción para permanecer, era aceptar  un planteamiento en que las decisiones editoriales no estuvieran bajo su control. Cabe mencionar que esta definición bien pudo haberse estado preparando desde hace por lo menos un año, lapso en el cual la señal de  dicho noticiero fue suspendida del sistema Sky.  

A través de un comunicado, Televisa Radio fijó su posición al respecto, considerando como lamentable el hecho de que  luego de un año  de conversaciones  no fuera posible llegar a un  acuerdo entre ambas partes. Para la  empresa, esta   decisión se dio a partir de una estrategia de  de “renovación, actualización y expansión” en la que se encuentra la estación W Radio. En relación al suceso, información difundida por la revista Etcétera en su página Web, revela que fuentes allegadas a la compañía afirmaron que el asunto de la línea editorial no se encontraba a discusión, la diferencia, concluyeron, radicó en la forma de hacer radio. De acuerdo con este medio, las fuentes bajo reserva señalaron que Carmen tenía una concepción diferente a la de ellos, ya que –aseguraron– su tendencia es la de  establecer un modelo unipersonal  de difusión y comentario de  noticias, sin intervención  corporativa alguna.  De acuerdo con  esta versión, el editorial de Etcétera infiere que la pretensión  de Aristégui  era el control absoluto de la línea editorial,  organización y logística  del noticiero.

En un primer plano de percepción es sencillo comprender lo ocurrido. En esta escala estamos hablando de un problema organizacional resuelto a partir del rompimiento de una relación estrictamente  laboral. Televisa y su consejo de administración, en alianza con el grupo español Prisa, tienen todo el derecho  de decidir si se renueva, o no, un contrato de trabajo. Desde la lógica de un  comportamiento empresarial el hecho no amerita mayor ambigüedad. Intereses  no conciliados, rompimiento inminente. Rompimiento seguro y legalmente establecido.

Sin embargo, el hecho de tratarse de un suceso que implica todo un impacto en un proceso social-colectivo  de información masiva en un contexto específico, requiere de un análisis más amplio para comprenderlo. Focalizarlo únicamente  en términos de la interrupción de un vínculo contractual inhibe la posibilidad de entender el alcance de este hecho ya consumado.

La parte puesta a discusión es la dimensión política de lo ocurrido con la salida de Aristégui de W Radio. Para una porción importante de la red de  intereses políticos, económicos y financieros ubicados en el espectro de la centro-derecha de este país, Carmen Aristégui  era una presencia incómoda con un extenso margen de cobertura y de  penetración radiofónica. Dicho sea de paso, una condición insostenible para los proyectos de expansión del  grupo Prisa y la corporación de medios, Televisa. Está documentada la molestia de toda una serie de actores vinculados al sistema de poder formal y factico con respecto al modelo editorial impuesto en W Radio por la periodista. Es en este ámbito, en donde la interpretación, desde una posición de izquierda, concluye que se trató, en esencia,  de  la materialización de un acto de censura. Entre los temas más polémicos manejados en la era Aristégui a través de Radiópolis, y que son considerados por el reportero Jenaro Villamil en la edición número 1627 de la revista Proceso  se encuentran:

1.-Los desencuentros con el entonces candidato presidencial panista Felipe Calderón, a raíz de dos momentos en la campaña de 2006. La difusión de los vínculos de la compañía de su cuñado, Diego Hildebrando Zavala, con los sistemas informáticos y la  base de datos del Instituto Federal Electoral. En otro sentido se encuentra, la entrevista que abruptamente interrumpe Calderón cuando fue cuestionado en torno a los contratos obtenidos en PEMEX por  el mismo Diego Hildebrando durante la gestión del actual presidente  como secretario de energía en el gobierno de Vicente Fox.

2.-La critica sostenida contra el procedimiento de efectivos militares en el caso  Zongólica; presuntamente involucrados en la violación tumultuaria  y asesinato  de una mujer indígena de edad avanzada.

3.-La revelación de la conversación sostenida entre el empresario  Kamel Nacif y el gobernador priista  de Puebla, Mario Marín. Ambos personajes denunciados por la periodista  Lidya Cacho como integrantes de una red de pederastia y de pornografía infantil.

4.-Los casos denunciados de pederastia al interior de la iglesia católica, en particular, el señalamiento dirigido a personajes de alta influencia en esta estructura religiosa, tales como el recién fallecido sacerdote, Marcial Maciel, fundador de la orden de los Legionarios de Cristo. De manera más reciente, la difusión de críticas en contra del cardenal Norberto Rivera, al actuar como presunto protector del  sacerdote mexicano Nicolás Aguilar, acusado de  abuso sexual infantil,  en tiempos en que éste desarrollaba su ministerio en la ciudad de  Los Ángeles, California.

5.-El enfrentamiento con los intereses de expansión del mismo Emilio Azcárraga Jean, luego de que, a través de su noticiero, Carmen Aristégui avalara la discusión critica e impugnación  de la reforma de medios electrónicos denominada Ley Televisa y, posteriormente, su posición a favor de la declaración de inconstitucionalidad de la misma.

La presión implícita sobre la línea editorial de W Radio, al menos bajo este razonamiento y vinculación de hechos y personajes, comprende la presión ejercida por  actores sociopolíticos relacionados  a la Presidencia de la República, la Secretaría de la Defensa, el gobierno del estado de Puebla junto a un amplio espectro de la clase política priista y algunas de sus relaciones empresariales más influyentes. De la misma manera, a la alta jerarquía de la iglesia católica y a la corporación de medios electrónicos más poderosa de México y América Latina: Televisa. En suma, la perspectiva en torno a la salida de Carmen Aristégui de W Radio, mantiene por lo menos tres puntos de vista:

1.-La posición corporativa. El término de una relación contractual en que las diferencias estuvieron por encima del acuerdo, y en tal sentido, la conveniencia legal y legítima de  Radiópolis  de concluir ese   vínculo laboral. Un asunto organizacional definido bajo una  lógica de empresa dirigida a la preservación de sus intereses. Se parte de un supuesto fundamental: la relación de Prisa con el gobierno encabezado por Felipe Calderón. La vertiente editorial de dicho consorcio español concentra la mayor parte de los contratos que la Secretaría de Educación Publica a nivel federal mantiene con respecto a la edición de libros de texto. Un fuerte nivel de compromiso con el régimen de centro-derecha establecido en el país.

2.-Desde la izquierda política, intelectual, académica y periodística, se trata de  un acto de censura dirigido a violentar el ejercicio de la libre expresión y el derecho a la información del público mexicano.

3.- A partir de una percepción más ponderada y neutral de sectores sociales que se encuentran al margen de alguna filiación ideológica-político-partidista, la ausencia de Aristégui en el cuadrante representa la pérdida de un espacio informativo caracterizado  por la apuesta al   equilibrio, la crítica al poder  y la pluralidad; en un país caracterizado por amplias diferencias sociales, políticas, económicas, ideológicas y culturales.

 

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