Los medios y las “reformas”: un silencio cómplice

1 marzo, 2008 § Deja un comentario

Por Daniel Maldonado
dems64x@yahoo.com.mx

Quizás usted ha escuchado sobre las mal llamadas reformas estructurales que desde hace unos años se han venido fraguando y poniendo en marcha, para perjuicio de los mexicanos. Las leyes del IMSS e ISSSTE, que desbaratan la seguridad social al privatizar los servicios de salud y los proveedores de material médico y medicina, además de dar cabida a menos pensiones de los afiliados, gracias a las Afores, sus altas comisiones y la especulación en la bolsa con dinero de los trabajadores; la “reforma” fiscal: más impuestos para los que menos tienen, mientras prosigue la evasión fiscal de las grandes empresas, nacionales y transnacionales; el capítulo final del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), que elevará la dependencia alimenticia del cuarenta al sesenta por ciento, es decir, lo que consumamos, granos básicos y leche, serán importados mientras los productores nacionales se quedan en la ruina al no poder competir contra los precios extranjeros más baratos; y ahora la “reforma” judicial, mediante la cual podrá cualquier policía o militar entrar a nuestros hogares, a la hora que sea, con el fin de robar, esculcar o arraigar hasta por cuarenta días a cualquier persona; o la “reforma” energética, que no es otra cosa que vender PEMEX a compañías extranjeras para que el dinero que antes iba al pueblo de México mediante obra pública y gasto social, ahora se quede en manos de esas compañías.

Pero los medios no nos informan sobre estas realidades que deben ser de interés para todos los mexicanos, quienes se encuentran, en gran parte, distraídos por los entretenimientos sencillos, por buscar la sobrevivencia del día a día, o por el desinterés y la apatía por el entorno.

La complicidad de los medios en lo que respecta a la desinformación radica en que pocas son las opciones, además de la televisión (mediante la que se informa el 80% o más de la población), que nos muestran la profundidad y la gravedad de las reformas ya mencionadas.

Cuando existen espacios que brindan información completa sobre estos sucesos, por lo general son relegados a los tiempos nocturnos, a la media noche. Dada la gravedad de los temas y la prioridad de la información, esos programas deberían ser transmitidos en el llamado horario triple A (a qué le tiras cuando sueñas Maldonado) o cuando menos deberían ser repetidos una o dos veces al día o a la semana, en lugar de informerciales, o segmentos de adivinos fraudulentos y asociaciones religiosas que por ley está prohibido se transmitan.

Me refiero a programas como Detrás de la Noticia, del periodista Ricardo Rocha; de Solórzano en la Red, de Javier Solórzano y la Red Nacional de Televisoras Públicas; o de programas como el transmitido el pasado 20 de Febrero por canal 13 de Tv Ascote, en donde entrevistado por Sabina Berman y Katia de Artigues, Andrés Manuel López Obrador mencionó los pormenores sobre la venta de PEMEX y la llamada “reforma” energética (aquí si le pido, estimado lector, que deje a un lado si está o no de acuerdo con la postura del perredista, sólo fíjese en la información).

Pero el silencio de los medios, tanto en radio como en  televisión, aunado a la apatía generalizada de buena parte de la población, tapizan la pantalla y las frecuencias sonoras con descalificaciones a la defensa del pueblo, y se someten a los dictámenes del mercado, los beneficios publicitarios y los intereses económicos de sus dueños. Esto no es historia nueva, pero ahora sufrimos una desinformación generalizada y un ocultamiento de sucesos primordiales para todos nosotros.

Por poner un ejemplo y darle un poco de información permítame mencionar algunos detalles sobre la “reforma energética” que el gobierno y los medios nos han hecho creer y que son desmentidos por varios columnistas del periódico La Jornada.

1.- PEMEX está en un punto cercano a la quiebra. Esto es medianamente cierto, pues el gobierno se ha ido encargando, desde hace veinticinco años, de desmantelar la estructura de Petróleos Mexicanos dividiendo departamentos, eliminando refinerías, lo que hace que tengamos que comprar en el extranjero, dos o tres veces más caro, el combustible procesado. ¿Y recuerda el asunto del Pemexgate? Bueno pues en pocas palabras, eso consistió en que de la paraestatal se sacaban recursos para las campañas políticas del PRI. Esto sin olvidar que la perversión del sindicalismo ha parido camadas de líderes que se vuelven millonarios en un santiamén, con recursos de todos los mexicanos. Y no olvidemos, sobre todo esto, que cada año PEMEX entrega a los estados de la república miles de millones de pesos por excedentes por ingresos petroleros y que los precios internacionales del crudo están a la alza. ¿Pos no que no hay lana?

2.- PEMEX tiene sólo reservas para nueve años. Aquí hay otra contradicción. El año pasado se mencionaba que la petrolera sí tenía suficiente petróleo para veinte años, pero que estos yacimientos estaban bajo el mar y la compañía no tiene la tecnología para buscarlos. En primer lugar permítame decirle que hay pozos que se dejaron sin explorar hace años y que ahora pueden ser explotados en las costas mexicanas; que no hay seguridad de encontrar petróleo bajo el mar y que, de asociarse con empresas extranjeras, es decir, al aprobarse la reforma, PEMEX deberá compartir, mitá y mitá, el petróleo que se encuentre. Ese es el negocio.

3.- PEMEX a pesar de la reforma, es y será de los mexicanos. Para la secretaria de Energía, Georgina Kessel, no habría privatización, porque “el petróleo es y seguirá siendo de los mexicanos (…) no estaremos planteando ni aceptaremos ningún cambio que implique que se transfiera la propiedad del crudo a nadie más”. Eso mismo pretextó Plutarco Elías Calles y casi tres lustros después Lázaro Cárdenas expropió el petróleo ante la voracidad del capital trasnacional. Y cito de una columna de la Jornada:

Si de repente se les “ocurre”, como lo han dicho sus heraldos, “democratizar el capital” de Pemex y colocarlo en una proporción de hasta 49 por ciento en el mercado bursátil, ¿no sería privatización? ¿Quién compraría ese 49 por ciento? De entrada, los 50 millones de pobres no. Tampoco los asalariados, menos los desempleados, y en estas tres categorías se resume el 90 por ciento de la población, que dicho sea de paso obtiene un ingreso que va de cero a 15 mil pesos mensuales (los menos en esta última categoría). ¿Se “democratizaría el capital” con el 10 por ciento restante? Difícilmente, no sólo por la proporción, porque sólo uno por ciento de los mexicanos, con ganas de la rebanada sea menor, tendría recursos suficientes para comprar una porción de ese capital “democratizado”. ¿Quién queda? Por la parte nacional, Carlos Slim y unos pocos más, y, desde luego, las trasnacionales. Entonces, ¿se “democratizará el capital” de Pemex a favor de un puñado de poderosos inversionistas? Cuando menos tengan la cortesía de utilizar un término más apropiado, y no el de “democratizar el capital”.

Y dirá usted, bueno y si privatizan o no a PEMEX a mí qué. Bueno, pues le vuelvo a repetir que la privatización encarecerá aún más todos los productos que dependen de la cadena productiva del petróleo, es decir, la vida en México; que para recuperar esos cuarenta centavos de cada peso del presupuesto, que brinda actualmente PEMEX, quizás se traduzca en más impuestos, en crisis social y económica y que sobre todo, PEMEX es de los pocos recursos que le quedan a la nación para lograr su desarrollo, pues con el mismo pretexto que ahora nos presentan, se han vendido al capital privado la telefonía, los ferrocarriles, los bancos, parte del sector eléctrico, las vías carreteras; lo que hace que en México paguemos por la luz, el gas, el teléfono y los servicios bancarios, costos elevadísimos al ya no tener el respaldo del gobierno. Sí no, sólo piense en esto: hace veinte años, antes de que le regalarán a precio bajo, Teléfonos de México a Carlos Slim, uno podía hablar todo el tiempo que quisiera en un teléfono público con una moneda de veinte centavos. Ahora cuesta un peso cada minuto con las tarjetas telefónicas de la compañía. Ante tal abuso, ¿a usted ya le cayó el veinte?

Debemos darnos cuenta que los medios no nos están informando de manera debida, que hay temas prioritarios para el país y que es nuestra obligación no sólo conocer las realidades que nos incumben, sino también participar en los movimientos de protesta ante este manto de ignorancia y ante la oleada de abusos que se están cometiendo mediante las mal llamadas reformas. Tenemos que abrir los ojos antes de que sea demasiado tarde. La “reforma” judicial busca aprobarse con el objetivo de castigar la protesta social. Tenemos que abrir los ojos antes de que sea muy tarde. La situación es grave. Muy grave. Debemos informarnos y actuar en defensa del petróleo y de nuestra libertad antes de que sea demasiado tarde. Insisto. Debemos dudar de lo que nos dice la televisión para conocer lo que nos oculta. Debemos defendernos, debemos unirnos y actuar. El presente y el futuro están en riesgo, y no es alarmismo, es la realidad que los medios ocultan.

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