Los medios locales se victimizaran para eludir aún mas su responsabilidad periodística

1 marzo, 2008 § Deja un comentario

José Lupe González 

Periodistas y medios permanecieron intocados durante muchos años en la región y en buena parte del país. Hoy son, somos, vulnerables, destructibles. Siempre lo fuimos, solo que el ejercicio del periodismo nos confería de facto una aura de intocabilidad y hasta de impunidad.

Trabajar en una actividad que tiene como función básica informar a la sociedad, conlleva derechos sustantivos del ser humano como lo son el derecho a recibir información y la libertad de expresión; razones por las que el periodista cumple con una responsabilidad social en la cual los ciudadanos pueden fundamentar sus decisiones respecto al poder público e incluso económico. El periodista cumple una función social que implica tratar con los poderosos, lo cual lleva implícito el riesgo del peligro o la comodidad de la impunidad según sea el ejercicio que el periodista desempeñe y que a su vez le permita y haga suyo el medio de comunicación para el cual trabaje.

Los medios locales no han hecho de la investigación, de la denuncia y del escrutinio periodísticos; rasgos que lleven impresos, características que los puedan identificar, en cada plana o en cada emisión informativa. Eso indica que a la escaza libertad de expresión y al mínimo escrutinio periodístico, ahora los medios pasarán al silencio total y a la condena de los ataques de que son parte.

No es nueva la persecución por difundir ideas o expresar de manera pública lo que se piensa, pero en la región no se tienen recuerdos de algo que ya parece una asolada sobre los medios y los periodistas. En 1995 desapareció Cuauhtémoc Ornelas, director y propietario de la revista Alcance, mientras que en este 2009 asesinaron al reportero Eliseo Barrón y fueron balaceadas las instalaciones de El Siglo de Torreón.

Eso les conviene. Se victimizarán. Tendrán más argumentos para seguir usurpando el derecho que tienen sus consumidores de recibir información de buena calidad, sustentada, de los temas que agravian y humillan a la población como el desempleo, la sobreexplotación de los mantos acuíferos, la contaminación ambiental, la crisis económica, por ejemplo.

Nunca han puesto los intereses colectivos como baluarte de su trabajo, nunca han hecho suyos los reclamos sociales que se vuelven causas; ahora aprovecharán unos el asesinato de Eliseo Barrón y los otros el ataque a sus instalaciones para no hacer lo que tampoco nunca han hecho, en ninguna de las aéreas informativas a las cuales destinan su cobertura informativa.

Los dos atentados son igual de condenables y de repudiables, como la desaparición de Cuauhtémoc Órnelas; pero es igual de repudiable el atentado periodístico que cometen contra la región entera los medios todos los días. Se victimizarán aunque en su propios trabajadores —personas, seres humanos, no hay que olvidarlo— y en sus bienes materiales, sean donde las balas violentas cumplen su misión asesina; en lugar de exigir que el gobierno, los gobiernos, de todos los niveles; hagan lo que deben de hacer y denuncien los por qués los gobiernos no cumplen.

Condenables son los ataques a los trabajadores de los medios, condenable y repudiable también el fraude informativo sistemático que los medios mantienen contra la sociedad a la que le han impuesto aparte de su comportamiento informativo, conductas y formas de comportamiento social que banalizan la nobleza de los habitantes de La Laguna.

Cada año donan árboles, organizan conciertos, recaudan juguetes en la temporada decembrina para los niños pobres, entre otras actividades con las que los medios nos muestran su bondad. Pero no hacen tarea central de su trabajo periodístico, la denuncia de la extrema pobreza, de la desertificación, del desempleo que sufre el padre que no tiene para el sustento de su familia, menos para juguetes navideños. No. No lo hacen por que el periodismo da impunidad. Y los medios locales practican una impunidad informativa que hasta hoy no tiene límites. Como me dijo alguien hace poco: siempre es posible más. Y es cierto: ahora los medios escamotearan mas la información de cualquier tipo a sus consumidores, por eso las ventas siguen bajando y los anunciantes también.

Los medios locales hace mucho que debieron replantearse la alianza que hicieron con los poderosos. Será difícil que encuentren en la población un respaldo ante un suceso mayor. Han traicionado al pueblo y a sus demandas durante muchos años. A la población le podrá conmover lo que les pase, pero no lograran que la sociedad los apoye con firmeza, con decisión irrestricta. Véase a lo que llega la locura mediática para tratar de unificar a la gente en torno a un medio.

El 6 de enero de este año, arrojaron granadas en las instalaciones de Televisa-Monterrey; el 7 de enero Pablo Hiriart publicó una columna en el diario Excélsior titulada

Todos Somos Televisa, ahí asentó: El título de esta columna puede causar cólicos a más de un colega, y seguramente tendrán sus razones, pero lo ocurrido anoche en Monterrey fue contra todos los medios de comunicación. Fue contra todos los comunicadores del país…

El mensaje es que los medios, por poderosos e influyentes que sean, no están a salvo de la violencia del narcotráfico… El hecho, sin embargo, es que el golpe duro fue contra las instalaciones de Televisa. Un medio de comunicación. El más fuerte del país. El mensaje, pues, es contra todos los comunicadores de México. Nos guste o no, en esta ocasión todos somos Televisa.

La desesperación de Hiriart lo llevo a utilizar la frase con la que los zapatistas y simpatizantes de la izquierda, le respondieron en 1995, al entonces presidente Ernesto Zedillo cuando en un montaje le quitaron el pasamontañas al sub comandante Marcos: Todos Somos Marcos. Hiriart que tanto ha denostado al movimiento zapatista y a la izquierda, ni le dio pudor usar de manera mercenaria la frase que sirvió de defensa para mantener el anonimato del líder zapatista. No tuvo recato en tratar de unificar con esa consigna los ánimos de los mexicanos alrededor de Televisa. Indigno Pablo Hiriat, indigno. Basta leer en internet lo que los lectores le respondieron a Pablo Hiriart: que muchos no se sintieron “televisa”. Aquí puede pasar lo mismo.

A la sociedad no le importara que desaparezcan uno, dos, tres… medios de comunicación. Tampoco el país se paralizara se desaparecen o matan a uno, dos, tres… periodistas. El Estado debe de garantizar la libertad de expresión y la seguridad de los medios, pero los medios no deben de traicionar a quienes en realidad se deben para que cuando necesiten la correspondencia de la población la tengan y en abundancia, como en su momento la tuvo Julio Scherer y su grupo para fundar Proceso, Carlos Payán y tantos más para fundar La Jornada, Carmen Aristegui por su salida de la W radio, José Gutiérrez Vivo por su despojo de Monitor. Cuidado con usar la frase: todos somos… porque las respuestas del pueblo pueden ser de desprecio.

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