Educación, cultura y medios de comunicación

1 marzo, 2008 § Deja un comentario

Por José Adrián Valencia García

Los medios masivos de comunicación, es una expresión surgida en los Estados Unidos, cuyo término es maliciosamente impreciso, ya que tales medios no constituyen un verdadero acto de comunicación, pues éstos no admiten un dialogo o intercambio de ideas; es sólo un medio unilateral de información. Es innegable que gracias a su avance tecnológico y su poder de cobertura, la influencia que ejerce en la formación cultural de la población, sobre todo, en niños y jóvenes, es mayor cada día.

A través de la televisión, el Internet y la radio se propagan y reciben grandes cantidades de información, lo que transforma el entorno social, las costumbres, la educación, la cultura y los valores de los mexicanos.

Lo que difunden los medios, por lo regular tiene un objetivo mercadotécnico y está dirigido a los sectores más vulnerables de la sociedad con fines destinados a la manipulación de la conducta y del comportamiento social.

La omnipresencia de los medios masivos e informáticos, asociado al virtual abandono en la que viven muchos niños por parte de sus padres –obligados por las condiciones económicas y la incursión de la mujer en el ámbito laboral– provoca que los niños tengan mayor libertad y acceso ilimitado a información, imágenes y programas que incluyen pornografía y violencia, lo que perjudica su desarrollo psicológico y su integración social.

Es necesario que maestros, padres de familia, hermanos, tíos y abuelos compartan la responsabilidad de supervisar la información que reciben los niños con la finalidad de orientarlos y generar en ellos una capacidad perceptiva, reflexiva y crítica que les permita analizar y comprender los mensajes que reciben.

También es fundamental el papel que la familia desempeña, ya que de la convivencia familiar nace la ética y el buen comportamiento individual, que posteriormente el niño traslada en valores, en normas cívicas y en una convivencia social sana, amable y sin violencia, en pocas palabras, una vida saludable física y emocionalmente.

Desafortunadamente, los medios de comunicación, con sus honrosas excepciones,  son utilizados para explotar el morbo y la violencia, para el entretenimiento y la manipulación, y no para la reflexión o la búsqueda de soluciones a los graves problemas que aquejan al país como son: inseguridad, pobreza, corrupción, adicciones, desempleo, falta de calidad en la educación, entre otros.

No podemos imaginar un mundo sin televisión o sin Internet y debemos reconocer su gran influencia –para bien o para mal– sobre las nuevas generaciones. La televisión, por ser el medio de entretenimientos de mayor preponderancia en México y en el mundo, se le culpa, muchas veces justificado, de generar programas de mala calidad que influyen negativamente en la conciencia individual y colectiva de los televidentes, así como del mal comportamiento y la falta de valores entre jóvenes y niños.

Los medios masivos gravitan determinantemente en la formación cultural y producen constantemente cambios en el comportamiento social, por eso es imperioso que todos, con responsabilidad y compromiso, trabajemos y exijamos que los medios coadyuven al mejoramiento de los procesos educativos, a la transmisión de valores y a fomentar la unidad familiar como parte de una estrategia preventiva contra los grandes males que aquejan a la sociedad.

 La sociedad reclama que no se les siga catalogado como receptores pasivos de los medios de comunicación, al contrario, que se les permita alcanzar una participación activa que los lleve a obtener una vida sana, equitativa, segura, libre, creativa y democrática.

Es fundamental que organismos educativos y de investigación de nuestra región, realicen estudios serios sobre los efectos que genera la exposición prolongadas de los niños frente a la televisión o el Internet, ya que de estas indagaciones dependerá el tipo de orientación que se les pueda brindar a los padres de familia y a los docentes en su tarea de desarrollar entre niños y jóvenes la capacidad de análisis, síntesis, compresión y crítica de contenidos.

La sociedad moderna demanda que sus diversas instituciones (sobre todo los medios masivos de comunicación) asuman el compromiso de coadyuvar en la educación de la niñez mexicana y de fomentar valores cívicos y morales que los haga crecer, desarrollarse y madurar, así como disminuir la brecha y los conflictos generacionales que se suscitan entre padres e hijos.

También es muy desafortunado que la cultura popular mexicana ya no emane del pueblo sino de la imposición de los medios, que haya sido relegada, sometida y transformada, principalmente por la industria de la televisión, convirtiéndola en una cultura de masas, la cual es engañosa, opresiva, arbitraria y limita la capacidad de elección, libertad y creatividad de la población.

Sin duda alguna, los medios de comunicación pueden ser  excelentes alternativas de educación y cultura, sólo se requiere conjuntar esfuerzos, creatividad, trabajo y compromiso social para implementar programas educativos que fortifiquen el quehacer formativo de los padres de familias y maestros. Nunca es tarde para recomponer el camino.

 

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