La crisis del periodismo local

1 julio, 2007 § Deja un comentario

José Lupe González

El periodismo lagunero se encuentra sumido en una grave crisis, de la cual solo su propio desempeño lo podrá hacer salir adelante en una actuación que cada vez mas queda en el desarrollo de señalar lo mismo para no decir nada.

La confirmación de la crisis periodística lagunera, se dio con los sucesos relacionados con el narcotráfico, por si faltara algún componente de riesgo para agudizar aun más la crisis que los propios medios no han sabido resolver desde hace mas de una década.

Ya uno de los fundadores de proceso, Enrique Maza lo anunciaba en 1999, en una entrevista realizada aquí en Torreón con quien escribe estas líneas (kioSco numero 1, diciembre, 2004): “Hay una crisis de la prensa universal no sólo en México, porque son muy pocas las noticias distintas que se publican en los diarios de las que se transmiten la noche anterior por radio o por televisión. Es por eso que los periódicos están tratando de volverse semanarios con sus suplementos dominicales o sabatinos, porque tienen que llegar más allá… la prensa esta en una crisis muy seria y en contagio consigo misma y yo no tengo la solución para eso. La tiene que buscar la prensa misma en su competencia con la televisión y la radio, con todos esos shows de pensamiento que tienen en la televisión y en la radio… la prensa tiene que competir con muchas cosas y todavía no encuentra su lugar en el futuro, la prensa debe buscar su lugar en el futuro; ahí hay una crisis que no está resuelta”

La labor informativa de los medios locales, se ha mantenido en informar los hechos gubernamentales que los mismos funcionarios públicos o que los políticos dan a conocer o generan. Las denuncias ciudadanas son tomadas como tema para la información que los medios, sobretodo electrónicos, reproducen al día siguiente con el formato de “nota informativa”. Así, el perro muerto que una vecina tiro en la casa aledaña, pasa a ser una “noticia” que se transmite en los noticieros locales; las molestias que ocasiona que el camión de la basura no pase por tal o cual colonia, llega a tener el carácter de noticia principal; que el Santos no haya descendido llego a tener primeras planas; como se vera nada de lo anterior necesita investigación ni análisis para dirigir un medio de comunicación, tampoco nada de escrutinio por parte de los reporteros para conseguir la información que repercute en los niveles de vida en una comarca provinciana de un país del tercer mundo.

Tal como lo manifiesta Marco Lara Klahr en la revista Etcétera, de febrero del 2005,

“Muchos periódicos locales son todavía para sus lectores, tal vez, como ciertos rincones provincianos apacibles, los cafés, las suculencias, los personajes o las fiestas cívicas; la vida de la pequeña ciudad, incluidas sus feroces minucias, como les llamaba Verlaine. Forman parte de lo entrañable de su micro universo y es por ello, quizá, que a la mayoría sigan disculpándoles estar mediocremente escritos y tan mal impresos que manchan las manos, o sus distorsiones informativas crónicas, los usos inescrupulosos de sus periodistas y la connivencia de sus dueños con las élites.

“El poeta duranguense José Ángel Leyva aporta una viñeta de lo que puede significar el periódico de la querencia: ‘La parsimonia en los quehaceres cotidianos no se ve alterada por el vértigo de las grandes urbes. Ese carácter tan propio de nuestra provincia mexicana se ve reflejado de manera particular en sus periódicos locales, que no han cambiado en sus formatos ni en sus contenidos como se esperaría en tiempos de Internet.

“Recuerdo mi infancia y mi adolescencia en los sesenta y principios de los setenta, cuando había sólo dos diarios, El Sol de Durango y La Voz de Durango. Muy temprano, los voceadores recorrían las calles entre los escasos automovilistas y repartían las entregas habituales de casa en casa. La información nacional e internacional era y es excesivamente pobre, en cambio la local ocupaba y ocupa espacios generosos con fotografías de la sociedad antigua y de la nueva sociedad que se encumbraba económicamente, pero que requería un cierto brillo urbano, pues provenía en buena medida de los pueblos y rancherías, o de las clases bajas que lograban ascender en la escala social con títulos universitarios. La sección deportiva, la cartelera cinematográfica, hoy de capa caída con el auge del video, y la sección de política local eran abundantes y afanosamente buscadas por los actores y los autores. Los políticos que deseaban ser tomados en cuenta comenzaban a escribir opinando o criticando a los gobernantes en turno. Pronto sus plumas modificaban el tono de sus artículos y en muchos casos abandonaban la escritura para dedicarse a sus nuevas funciones en el gobierno. La cultura no fue, ni es, motivo de interés en ese periodismo. Acaso los versos lacrimógenos de una señora o un señor que dan gracias a dios o defienden los preceptos de las buenas conciencias. Lo local era y es la materia sustantiva de esos periódicos de mi infancia. No puedo olvidar los suplementos de historietas dominicales, con personajes como Mandrake el Mago, Rolando el Rabioso, Flash Gordon y otras figuras que me hacían pasar buenos ratos. Por otro lado, las diferencias entre El Sol y La Voz eran casi inexistentes”.

Los medios locales siguen en una crisis que se ha venido agudizando desde hace varios años atrás y que no han querido remediar, pues sus estructuras se encuentran tan anquilosadas que cualquier intento de cambio es abortado con facilidad.  A lo más que se ha llegado, es a los cambios en el formato y en el diseño de las paginas, a la presentación de notas mas cortas pero igual de irrelevantes; aparte, los directivos de los medios no tienen la intención real de que se de un verdadero cambio en el ejercicio periodístico.

La cobertura de las fuentes informativas se somete nada mas a poner la grabadora para que el funcionario en cuestión diga lo que desea decir, por eso no hay nada que resuelva el interés del consumidor de información para explicarse que pasa con la realidad que lo rodea. En la cobertura a las fuentes informativas en pocas ocasiones se realiza la labor de escrutinio, de investigación, que a diario y en todas las fuentes debiera darse y estar coordinada desde el director hasta el reportero pasando por los diferentes mandos medios que cada empresa tenga.

Una de las constantes para que lo anterior sea algo más que una utopía, es que la mayor parte de los reporteros locales, sale con algunas “ordenes de trabajo”, es decir, las notas, entrevistas, crónicas o reportajes que debe de hacer, y lo demás es “a ver que sale”, por lo cual es común ver a los reporteros llegar con los funcionarios: “¿que me tiene licenciado?”, como si fuera responsabilidad de los funcionarios y en este caso, de los generadores de información, tener alguna “nota” que ofrecer a los reporteros y no la responsabilidad de los reporteros la de ir coordinados por sus jefes para investigar una nota, reportaje, o efectuar alguna entrevista.

El misma Lara Klahr menciona: “Explicando a Luhmann, este autor añade que dicha ‘tematización está generada por la comunicación pública desarrollada por el sistema político, donde los medios funcionan como instituciones destinadas a organizar la opinión pública, actuarán como mecanismos reductores de esta complejidad y como generadores del sentido social compartido públicamente’.

Se infiere el potencial de los medios para decidir, inducidos por el poder o por sus propios intereses, qué, cómo y cuándo publicar qué temas (political issue), y cómo encausar mediáticamente sus efectos en la vida política. Santillán Buelna está convencido, sin embargo, de que esto guarda una enorme posibilidad, de que los political issue ‘Para los miembros de un periódico: jefes de información, directores editoriales, reporteros, articulistas, editorialistas se presentan como una oportunidad, informativamente hablando, que supone una dinámica en su trabajo. En este caso, las funciones de trabajo y la producción informativa que se aplican en los media al seguimiento de un political issue sirven para su contextualización, entendida como una valoración periodística para reconocer los argumentos con que se debate en los medios’.

Su conclusión, en ese sentido, es que más que ‘tematizar’, la función de los medios es contextualizar. El autor no tendría por qué decirlo, pero el retroceso de los diarios en materia de periodismo de investigación y periodismo de precisión entre finales de los 90 y principios de la década presente casi han circunscrito la función de contextualizar al periodismo opinativo, cuyo ejercicio, para mala fortuna, es, en general, anacrónico, reiterativo, homogéneo y, sobre todo, improvisado (por estar casi siempre mal escrito y peor documentado; sustentarse en chismes, ocurrencias y supuestas fuentes confidenciales, y dejarse tiranizar por la coyuntura y la premura).

Podría decirse que al abandonar casi por completo la inversión en periodismo de investigación la industria mediática ha acumulado una deuda social que tendría que afrontar en el camino hacia su profesionalización y su búsqueda de competitividad”.

De acuerdo a lo anterior, la deuda social que acumulan los medios locales con los habitantes de la región, podría llegar a  décadas, ya que desde hace bastante tiempo si el poder económico y el poder político han tenido en la región a un aliado y cómplice lo han sido los mismos medios de comunicación que nunca se han encargado de denunciar las prepotencias y abusos de los que detentan el poder; solo véase el caso por ejemplo, del abatimiento de los mantos acuíferos de toda la comarca.

Lo mas preciado de un medio informativo es la credibilidad, la honestidad, que se gana con cada noticia, con cada renglón escrito, con cada palabra pronunciada y sustentada; pero los medios locales sin credibilidad y sin honestidad alguna, ni siquiera les importa tomar en cuenta a sus consumidores de información ya que la competencia en materia informativa aquí no existe, no se da ninguna competencia por el ejercicio periodístico. Por lo cual es imposible que los medios construyan un prestigio basado en el quehacer diario del manejo de la información. Para los medios locales, el consumidor solo existe como tal: para que adquiera el producto, no como un ser que merece ser escuchado y al que se le deben explicaciones de cómo funciona la empresa periodística y cuales son los objetivos que persigue desde su línea editorial hasta la ejecución de las ordenes de trabajo que se destinan a los reporteros.

El mencionado Lara Klahr señala: “Por su naturaleza sui géneris, los diarios deben considerar variables de carácter objetivo, relacionadas con la empresa editora en sí misma y las tendencias de mercado (en materia de venta de espacios publicitarios, circulación e integración multimedia); y las denominadas intangibles (transparencia, ética, credibilidad y servicio e interlocución eficaz con los lectores), que hoy podrían englobarse en la economía del prestigio, un componente de capital basado en la reputación -y ésta ‘hay que mantenerla claramente en el proceso de creación y gestión de la información’.

Con sus bemoles, los grandes periódicos del mundo, como The New York Times, Washington Post, Le Monde, Corriere della Sera, The Guardian, Asahi Simbun, El País u O Globo, se han cimentado en la economía del prestigio que fueron construyendo durante décadas y que hoy los convierte en referentes mundiales, en tanto que aportaron un acervo, un vasto know how, una cultura mediática que tiene que ver con la independencia editorial conseguida con empresas editoras sólidas y periodistas calificados (para producir en forma sistemática historias donde la investigación, la precisión y la narración son los componentes esenciales); la creación de amplias agendas editoriales con énfasis ciudadano y la función de watch dog; la certificación de tiraje y circulación; los códigos deontológicos, los estatutos de redacción y el reconocimiento público y la rectificación de errores y falsedades; la creación de modelos y unidades eficaces de interlocución con la audiencia; los procedimientos de checking fast (para verificar el rigor periodístico), y el establecimiento de la figura del ombudsman del lector”.

Como se aprecia en la Laguna la modernización que automencionan los propios medios se ha fundado nada más en el uso de una tecnología mas avanzada, ya sea en medios impresos o electrónicos, pero no hay ninguna evolución en lo fundamental que es el respeto a sus consumidores ni al quehacer periodístico.

Si a las cifras se quiere remitir el lector o el investigador de medios lagunero, se encontrara que el tiraje de los medios masivos, así como los raitings de los electrónicos son imposibles de conocer. Fuentes consultadas, mencionan que el aquí el Noticias tiene un tiraje de cerca de 1,200 ejemplares diarios, La Opinión-Milenio cerca de 3,000 y El Siglo alrededor de diez o doce mil ejemplares diarios; sobre los raitings nadie sabe. En suma no mas de 15, 000 ejemplares diarios para una región con mas de un millón de habitantes. Al respecto el ya citado Lar Klahr indica: “En México, el reto sigue vigente y, por ahora, la opacidad de las empresas editoras de diarios sigue siendo uno de los más grandes obstáculos. Un caso: citando al Centro Interamericano de Marketing Aplicado, la revista Merca2.0 presenta un cuadro de ‘Periódicos certificados’ que incluye a sólo 50 de los alrededor de 300 diarios que estarían publicándose diariamente en México. Si se comparan -y toman en serio- estas cifras de tirajes con las de ejemplares vendidos que la Secretaría de Gobernación le reportó a etcétera (y que pudieron haber sido infladas por las empresas editoras), puede concluirse que hay poca claridad aun en un tema tan básico (para efectos de impacto social y publicitarios) como la circulación -sin contar con la patibularia imagen de pacas con decenas de miles de ejemplares marchando al reciclaje, condenados por el desdén del público.

Las cifras más optimistas, las que las propias empresas reportan a la Secretaría de Gobernación por ley, tienen además una implicación mucho más grave, tratándose de los ‘autodenominados’ (para recurrir a un adjetivo que les encanta a los periodistas para describir algo no oficial) diarios nacionales. Tomando en cuenta la lista publicada por etcétera en octubre pasado, los diarios, digamos, más consolidados producidos en la capital, sin contar los deportivos (El Economista, El Financiero, El Universal, La Crónica de Hoy, La Jornada, Reforma y Milenio) completan 557 mil 506 ejemplares vendidos, una cifra en verdad ridícula para un país de casi 105 mil millones de habitantes. Volviendo al tema, en septiembre del año pasado, el diario texano Dallas Morning News desembolsó 23 millones de dólares en compensaciones en favor de sus anunciantes, después de asumir que había afeitado sus cifras de circulación. Esto, en México, ni en sueños. Aparte de las contradicciones en las cifras de circulación, que describen la escasa vocación de transparencia de las empresas periodísticas y su improvisación empresarial, hay una serie de asuntos pendientes.

En diciembre de 2004, Rafael Rodríguez Castañeda, director del semanario Proceso, inició así su respuesta a una carta de Raúl Salinas de Gortari: ‘Proceso no dirime públicamente su política editorial’. Esta visión demuestra la idea tradicional de los dueños y editores, que está desfasada del entorno mundial. En una entrevista, Rosental Calmon Alves, de la Universidad de Texas en Austin, afirmó: ‘La otra cosa que será cada vez más un parámetro [] y que está cobrando fuerza no sólo en el caso de los periódicos, sino de los media en general, es la expectativa del público sobre mayor transparencia; es decir, la necesidad de los lectores de que los medios hagan públicos sus métodos de trabajo y sus criterios editoriales’.

Ocurre, en suma, que la interlocución del medio con su audiencia se limita por ahora a las cartas del lector; los códigos de ética son escasos y eluden el hecho de que una enunciación de principios y reglas de comportamiento profesional y editorial debieran comenzar por el compromiso empresarial de garantizar condiciones laborales dignas para sus periodistas; unos cuanto diarios tienen ombudsman del lector; ni un solo rotativo posee estatutos de redacción, un documento básico para normar la producción de noticias; las empresas multimedia (radio, televisión, prensa, on line) son incipientes”.

Como se vera la prepotencia hacia el consumidor de información es la actuación diaria, constante, de los medios; tanto en la región como en el país la gente no importa, solo existe para justificar su raquítica actuación. Estamos muy lejos de que los medios se transparenten con la misma exigencia y rapidez que ellos se lo piden al poder político.

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