La guerra sucia y el triunfo de la incredulidad

1 julio, 2006 § Deja un comentario

Por Daniel Maldonado

A pesar de la guerra sucia de spots con la que nos bombardearon en radio, televisión, prensa e Internet ha ganado López Obrador. La campaña del miedo manifiesta en los promocionales donde se descalificaba al candidato del tsnami amarillo no logró crear la suficiente desconfianza para que los votantes declinaran por el continuismo en un sistema por demás ahogado en la mediocridad y los beneficios para unos cuantos. A pesar del apoyo velado del programa El privilegio de mandar de Televisa (en su penúltimo programa Calderón acudía, con música sacra de fondo, a su arma secreta, la Virgen de Guadalupe, uno de los máximos símbolos del pueblo mexicano, y después el programa cambiaba hacia otro segmento representado en la casa de campaña de un AMLO fumador empedernido, lo que ostenta una imagen inconsciente de un vicioso, que pedía ayuda Jesús “el de arriba” pero con poca motivación teológica), que ahora es cancelado ante la inminente llegada de un nuevo gobernante; a pesar de la descarada promoción presidencial al candidato de la derecha con sus declaraciones, el gobierno por fin paso al mando de una nueva opción. La complacencia y el interés de la empresa Televisa por presentar al señor López como un candidato poco fiable se pueden rastrear desde el compromiso adquirido por la empresa cuando Santiago Creel, el entonces Secretario de Gobernación, otorgó permisos para la instalación de casinos en distintos estados de la republica. La ley Televisa, inconsistente en lo que se refiere a pluralidad y libre competencia, además de creación de opciones en radio educativa, comunitaria y privada, influyó en el desarrollo de un modelo publicitario enfocado más en la ganancia y la descalificación que en las propuestas, las repeticiones y menciones mayoritarias del candidato blanquiazul y su aparición en múltiples y muy vistos programas de la televisora no pudieron contribuir lo suficiente para que Calderón ganara. Por otra parte, los variables resultados en las encuestas que se erigieron como el gran aparato tasador de las preferencias, pecó de “sospechosismo” cuando Obrador cayó vapuleado en las preferencias después del primer debate al que no asistió para luego levantarse, siendo los posdebates los territorios donde se fincaron las verdaderas posibilidades de avance de los presidenciables. Los medios en la pasada elección jugaron un papel primordial al ser para muchos de los votantes el único medio de conocimiento de los candidatos y sus argumentos en la guerra sucia, pues cualquier propuesta de fondo se vio sobrepasada por la cargada a favor de la descalificación y la mentira, siendo oculta por mensajes en los que rara vez se conocía el promotor pues los anuncios ubicaron a los responsables en el corte del spot con letras minúsculas y presentados durante medio segundo. Los grandes beneficiados por la guerra sucia fueron los medios, sin importar su labor informativa y la responsabilidad social inherente que implica su papel, los medios electrónicos ganaron más del 70% del gasto general publicitario durante las elecciones. La estrategia de Obrador de presentarse en los meses finales con mayor fuerza y la incursión del programa que el partido amarelo  presentó diariamente en Tv Azteca contribuyeron para una mejor presencia mediática. El documental seriado ¿Quién es el señor López? de Luis Mandoki repunto la realidad del candidato perredista y desgajo complicidades y el trasfondo de la derecha mexicana.  

A pesar de lo fuerte que se sostuvo la campaña del miedo, los electores optaron por cambiar y apostar  a la voz del pueblo ­–la voz de dios, según la famosa frase–. La guerra sucia, tan patente en la elección, conquistó con su capacidad para modificar la conciencia de la masa, un lugar para próximas experimentaciones del manejo de la ideología de la colectividad. El miedo fue un factor apabullante que auxilió de manera original durante el proceso: Se creó la percepción de un peligro y se comparó al perredista con un dictador, pero las necesidades y la realidad del cambio se impuso y los empadronados escogieron la confianza en las últimas declaraciones de la campaña del PRD y su adhesión al empresariado libre de prebendas y favoritismos.

La divulgación de los beneficios que la empresa Hildebrando del cuñado de Felipe Calderón recibió mientras el candidato blanquiazul fue Secretario de Energía, auxiliaron para asestar un golpe a la campaña de las manos limpias, un argumento que el candidato conservador repitió hasta el hartazgo –cuando menos el mío– y lo que contribuyó a desbaratar la credibilidad del candidato oficial. En las pasadas elecciones se demostró que la realidad puede ser superada y modificada por la instauración de pareceres y repeticiones propagandísticas. Afortunadamente, el desencanto y la realidad se impusieron y el gobierno cambió de manos. Sólo resta esperar cómo se modularán los papeles de la prensa y demás medios en el sexenio que inicia.

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