La Guerra Sucia en las Campañas: una realidad mediática propagandística

1 junio, 2006 § Deja un comentario

Por Daniel Maldonado

 La discreción al final de los promocionales televisivos en los que se desprestigia a AMLO y a Marcelo Ebrad, dice con un letrero corto y apenas visible PAN D.F., el mensaje tiene prioridad sobre la identidad del emisor, además desaparece el logotipo del partido que formula el mensaje.

Los mails con descalificaciones hacia el candidato del PRD llueven en el correo electrónico: la relación de López Obrador con Hugo Chávez en cuanto a su personalidad y la amenaza de instituirse como dictador, las historias sobre un asesinato en la infancia del candidato y la leyenda sobre un amigo de la escuela dejado en coma durante un juego de béisbol por el candidato, información sobre la deuda pública de la capital por la construcción del segundo piso del periférico, el aumento en el narcomenudeo, la miseria capitalina y la corrupción que se dispararon en oleadas son la letanía en los archivos adjuntos.

Llegan continuamente correos en los que se describe la personalidad y características del sujeto criminal para ser luego relacionadas con el candidato de la izquierda. Y ahora también el PRD le ha entrado a la guerra sucia, es común ver spots televisivos en los que se menciona el autopréstamo que realizó el candidato del PAN Felipe Calderón, incluso a este candidato se le ha llamado El Señor Spot, pues a cada oportunidad aprovecha para reiterar la amenaza que representa el candidato de la alianza Por el Bien de Todos, apoyándose en las declaraciones y la alharaca expresiva del señor López.

Además de iniciar la guerra de descalificaciones, Felipe Calderón y su equipo de campaña han puesto de moda la creación de una visión del miedo como forma de hacer política a la manera de Goebbels, el ministro de propaganda de Adolfo Hitler. Reproduciré aquí los principios de la propaganda Nazi y veremos cómo se adecua a la guerra mediática de descalificaciones que padecemos.

Los principios de la propaganda.

1. Principio de simplificación y del enemigo único.

Adoptar una única idea, un único Símbolo; individualizar al adversario en un único enemigo: No es el partido la amenaza, ni la perdida de las prebendas institucionales o el cambio en el modo de hacer política, la amenaza es única y tiene nombre: Andrés Manuel López Obrador.

2. Principio del método de contagio.

Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; los adversarios han de constituirse en suma individualizada: El apoyo descarado del presidente Fox que en cada acto público respalda al candidato de su partido, las camadas panistas declarando desde el senado y el candidato blanquiazul constituyen el corpus descalificador unificado.

3. Principio de la transposición.

Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”: El desempleo, el aumento en el narcotráfico, la falta de guía del presichente Fox, el nulo crecimiento económico, son endilgados al candidato Perredista pues también fueron problemas presentes en la administración capitalina que dirigió.

4. Principio de la exageración y desfiguración.

Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave: las declaraciones poco atinadas de AMLO, los sucesos narrados en los mails sobre la infancia del candidato, las relaciones de corrupción en el equipo del exjefe de gobierno, su relación con Ponce, Imaz y Bejarano, la emergencia de la izquierda en América Latina, hacen que en cualquier oportunidad se tache de amenaza grave al perredista.

5. Principio de la vulgarización.

Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”: El lenguaje utilizado es sencillo y directo, el énfasis en la palabra AMENAZA, la sencillez y la economía de espacio que exigen los medios hacen del golpeteo directo el medio para lanzar el mensaje.

6. Principio de orquestación.

“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”: la reiteración en la amenaza, en la intolerancia y en los problemas y endeudamiento capitalinos hacen olvidar que dentro de la descalificación expresada también se está jugando con el mismo lance de moneda, lo que se trata de endilgar y repetir es una amenaza por medio de intimidaciones, pero la reiteración anula al lanzador enfocándose en el objeto del escarnio y aunque no se comprenda realmente lo que constituye la amenaza su mención reiterada la valida como verdad única: no sabemos en realidad qué tan malo sea Hugo Chávez o cómo dirija éste a su gobierno, pero la simple referencia y comparación nos hace temer que AMLO se vuelva igual, aunque no sepamos en que consiste tal igualdad; las amenazas repetidas son constantes y no varían en la argumentación.

7. Principio de renovación.

Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones: la repetición de los spots en horarios estelares de televisión y radio crean una capa informativa que se aloja en el subconsciente de los receptores, si ahora lo que se difunde son las relaciones del exjefe de gobierno con la corrupción luego se encontrarán sus declaraciones sobre los linchamientos y se aprovechará cualquier declaración o acto en el que participe, ahora sí que todo lo que diga o haga será usado en su contra.

8. Principio de la verosimilitud.

Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias: el segundo piso del periférico, las declaraciones sobre linchamientos, los videoescándalos, la famosa grabación del “cállate cha-cha-la-ca” son las fuentes en las que se apoya la campaña de desprestigio, en el caso de los perredistas, los nuevos spots en los que se muestra a Felipe Calderón hablando sobre reformas no cumplidas.

9. Principio de la silenciación.

Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines: la relación AMLO- Chávez- Dictadura carece de argumentos, pero la imposición de la amenaza certifica tal enunciación.

10. Principio de la transfusión.

Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas: Los tradicionalismos mexicanos del “mas vale malo conocido que bueno por conocer”, la indefinición de la izquierda en el país y su concepción como broncosa y contestataria ejemplificada en el Subcomandante Marcos, ahora Delegado Zero, los porros del CGH, el frente revolucionario Francisco Villa, los macheteros de San Salvador Atenco y otras fuerzas políticas que enfatizan las marchas y la violencia como único modo de hacer política convierten a la izquierda en el lado siniestro de la política amenazante.

En el caso de los spots perredistas, la mala actuación del gobierno federal panista, la falsedad en las declaraciones sobre la corrupción y la impunidad de la familia Bribiesca, el rescate bancario, las fallas en la institución de un gobierno del cambio, el aumento en la pobreza y la nula capacidad directiva del ejecutivo son los argumentos que se arraigan para constituir los prejuicios tradicionales.

11. Principio de la unanimidad.

Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. La frase “un peligro para México” unifica al receptor: el país, las declaraciones callejeras de personas comunes crean un patrón de identificación emisor-receptor en el que pareciera que todos seremos los que sufriremos descalcificación: la perdida del hueso.

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Así, las aplicaciones de los principios de la propaganda han reducido cualquier posibilidad del manejo de propuestas en perjuicio de las opciones electorales. La descalificación, la imposición del miedo y la innumerable reiteración de la palabra AMENAZA, dejan a un lado la exposición de opciones probables para la solución de problemas y reducen a nada la capacidad argumentativa de los actores políticos en campaña.

La imposición del miedo, la reiteración en el golpeteo, el aprovechamiento de cualquier oportunidad para descalificar al adversario han incrementado en el circo político de espectáculo la lucha en verborrea campal y han anulado cualquier posibilidad de discusión sobre los temas relevantes para el desarrollo del país.

La propaganda rinde tributo a la mala publicidad y los temas primordiales brillan su fantasmagoría. Los candidatos se venden como productos light y desechables en lugar de presentarse como opciones bien pensadas, planeadas y propositivas para sacar del atraso a un país demasiado golpeado por la realidad de unos medios más interesados en el beneficio económico que en su responsabilidad formativa e informativa.

 

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