El 7 de junio los medios celebraran su complicidad con los poderosos

1 junio, 2006 § Deja un comentario

Seguirán usurpando la libertad de expresión

José Lupe González

Los medios de comunicación laguneros igual que los del resto del país siguen arrastrando la marca de su nacimiento, de sus orígenes; que los han llevado a seguir legitimando su quehacer frente a los poderosos y no hacia la sociedad a quien en sus posturas periodísticas dicen servir, defender, incluso, hacer propias las demandas sociales. Qué va. Nada más alejado de la misma realidad que eso. Basta escuchar o ver o leer cualquiera de los medios locales, para darnos cuenta de la medida de la comodidad que se encuentra en la autocensura.

La libertad de expresión sólo les sirve para el discurso mediático que elevan los mismos medios cuando se sienten agredidos; cuando hay que celebrar la fecha de la libertad de expresión, impuesta por el sistema político que les firmó la partida de nacimiento; cuando se intenta hacer del ejercicio periodístico una practica constante y alguno de los poderosos se molesta, existe la libertad de expresión  en la respuesta que se da a ese poderoso, no más. La libertad de expresión no existe después de esos casos. Desparece en la actuación diaria de nuestros medios locales.

Es lugar común decir que a los medios de comunicación nadie les ha regalado el derecho para decir, para señalar, para dar a conocer; han sido espacios autoconquistados, cada centímetro de los diarios, de las revistas; cada segundo de la radio y la televisión, donde se dan a conocer los verdaderos problemas de la población, donde se acusa y se documentan los abusos de los poderosos, han sido ganados por los periodistas que han tenido en la sangre la grandeza de cumplir con uno de los derechos asentados en nuestra Constitución: la libertad de expresión, derecho que no ha sido una dadiva de ningún gobierno, menos del foxista que llego a mofarse de haberle ganado en primera instancia, el juicio que Martha Sahagún interpuso contra proceso; fallo que fue revocado en la apelación que interpuso la revista.

Cada palabra libre que se emite no ha sido autorizada por ninguno de los poderosos, políticos o económicos, entiéndase. Más de un boicot publicitario ha sido instrumentado para silenciar proyectos informativos, más de una persecución fiscal ha sido emprendida para eliminar ideales periodísticos; y en esos boicots han participado igual los poderes políticos y económicos, solo hay que ver la reacción que tuvieron los empresarios de la ultraderecha ligados con los Legionarios de Cristo hacia el CNI-40 y contra Javier Solórzano y Carmen Aristegui que tuvieron que salir del Grupo Imagen comandado por Ferriz de Con.

No. No. El poder y los poderosos han hecho todo lo posible legal o ilegal para eliminar el derecho sustantivo de la libertad de expresión, y los medios han abdicado con una comodidad insultante su obligación de cumplir hacia el derecho que tiene la sociedad de recibir información de calidad; derecho que la población sigue esperando que sea cumplido, ejecutado por los medios; derecho que el pueblo se ha ganado con manifestaciones por problemas sociales por los abusos de los políticos y de empresarios, con protestas, con denuncias; derecho que el pueblo se ha ganado con  actos donde ha puesto sus propios muertos como el caso del envenenamiento de Peñoles, el arsénico en varios municipios de La Laguna, la falta de empleo, el saqueo de los dineros públicos, los planes y proyectos de gobierno mal desarrollados que ocasionan muertos y accidentes como el Distribuidor Vial Revolución.

La población ha ganado el derecho a recibir la información que explique no sólo la realidad que vive, que padece, si no los porqués de esa realidad y a quien favorece esa situación que humilla, que sobaja.  La sociedad ha ganado ese derecho y lo ha depositado en los medios de comunicación, lo ha depositado en los medios como vigilantes precisos e insustituibles del derecho privilegiado de saber que pasa y porque pasa lo que ocurre. Mientras los medios sigan legitimando su actuación hacia los poderosos y no hacia la sociedad, serán usurpadores de la legitimidad que la sociedad les entregó, del privilegio único e insobornable de ser los custodios confiables del derecho a saber porque el presente es el que tenemos.

El pueblo siempre que alza la voz no miente, y siempre ha mostrado su decisión de libertarse de los poderes políticos y económicos, ha ofrecido muestras de independencia,  de soberanía, de firmeza; mientras los medios de comunicación continúan enriqueciéndose con las ganancias que obtienen mediante el derecho que el pueblo les ha entregado, sólo para eso les sirve la libertad de expresión, para eso les ha servido la gente a la que dicen defender y servir.

No puede verse en los medios locales ninguna postura real, cierta, a favor del pueblo; basta ver los medios escritos  con su información de empresarios dirigida al poder político y las respuestas del poder político a los empresarios;  basta escuchar las emisiones de radio con su postura maniquea de denuncia social y con una información vasta de empresarios y políticos para empresarios y políticos; basta ver los supuestos noticieros de la televisión que cuidan más la forma y la imagen de sus conductores-personajes, que el contenido de las notas informativas donde casi siempre la población es exhibida en sus carencias y penurias; la gente que no cabe, que jamás tendrá ni un milímetro en las paginas de sociales de los impresos.

La información cuesta, dicen los que trabajan en los medios locales, de eso los mismos políticos saben y mucho, más aquellos que han atravesado por el pantanal de las campañas políticas donde cualquier segundo o centímetro tiene precio al doble de la tarifa comercial por el solo hecho de ser mensajes políticos.

Por ser mensajes políticos, ir dirigidos a la gente y pagarse con recursos de públicos, debieran ser incluso más baratos. Pesan esos compromisos que se establecen mediante el dinero, y las dependencias, ayuntamientos y gobiernos estatales lo saben bien. Si se firman convenios o contratos de publicidad con los medios de comunicación se tendrá casi asegurado el silencio, se dirá, se señalara lo inevitable; pero los medios cederán en el escrutinio del quehacer de la administración pública y en las denuncias del pueblo.

Se escamotea de manera ofensiva, obscena, el derecho de la sociedad por las monedas de la traición –ya no son las monedas de Judas dice el National Geographic— y después es fácil ver a los medios legitimar todos los hechos de los empresarios y políticos. Véase a Carlos Slim y su empresa de “clase mundial”. Calcúlese el derroche publicitario, calcúlese el monto de los abusos de Telmex y revisemos que han dicho los medios de comunicación. nada. Para eso sirve el dinero. Para eso se paga. Para abusar, para la impunidad, que al cabo los medios son iguales o peores que nosotros, parece que dicen los políticos y empresarios.

Aquí en la región todas las empresas son modelos, honestas, ninguna hace nada que dañe a los consumidores, porque ninguna queja contra ellas aparece en los medios. Lala, Tyson, Cimaco, Soriana, y otras tantas; todas son cumplidoras con su clientes para eso sirven los organismos donde se agrupan los empresarios, como el CLIP y la COPARMEX: para que los medios no digan nada, por eso se les paga y bien la publicidad.

La mayoría de nuestros políticos y burócratas también son eficientes y capaces, por eso nada más son exhibidos aquellos que no han aprendido bien a tapar sus trapacerías y que sirven para que los demás políticos y los medios señalen y digan que cumplen con su labor informativa, unos; y que deben fincarse responsabilidades, los otros.

El pueblo mexicano seguirá esperando que todos sus medios de comunicación, alguna ocasión alcancen la capacidad que la gente ha tenido para libertarse y que entonces dejen de abdicar del justo y legitimo derecho a la libertad de expresión.

Si algo tienen que celebrar la mayoría de los medios nacionales el 7 de junio no será un aniversario más de la libertad de expresión. Podrán celebrar el reforzamiento con el sistema gubernamental de los orígenes que les dio nacimiento.

Los laguneros seguirán esperando que los medios locales alguna ocasión comiencen, de a de veras, a ejercer el derecho que se les ha depositado y que no han ejercido, el derecho a la libertad de expresión a la que han fallado; el derecho que la gente les ha depositado y que han incumplido. Si nuestros medios laguneros tienen algo que festejar el 7 de junio, tampoco será un aniversario más de la libertad de expresión sino su complicidad con la gente de dinero y su desprecio por el pueblo.

Ojalá la gente no tenga que salir a la calle para elevar el vigor de aquella denuncia del movimiento estudiantil y popular del 68 que aun tiene vigencia: prensa vendida.

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