La Prostituta Triste de los Deportes

1 enero, 2006 § Deja un comentario

Por Daniel Eduardo Raddi

 Este 2006 estará invadido por el fútbol, más de lo acostumbrado, tanto en lo publicitario como en los programas de radio y televisión, sin dejar de lado a la prensa gráfica, tanto la especializada como la que no. Aprovechando la pasión, que las más de las veces raya en el fanatismo, los medios de comunicación darán rienda suelta a toda una gama de sandeces y bajezas con tal de ganar un punto más de rating. Claro, todo ello en pos de una torta publicitaria “que salve el año”, junto con las suculentas cuentas que la campaña electoral federal en México generará para los referidos medios.

Business are Business

Lejos, muy lejos, quedaron aquellas épocas en donde los enfrentamientos deportivos en un rectángulo de 110 por 55 eran la “batalla emotiva” del fin de semana entre los colores de una divisa o entre ciudades. Hoy eso ya no cuenta, salvo que genere divisas. Su majestad “la televisión” es la que decide cómo, cuándo y dónde habrán de realizarse los torneos, aunque para ello haya que estimular el abandono de los lugares de trabajo.

Lejos, muy lejos, quedó el orgullo de ser participante de un torneo ecuménico que le brindara prestigio al equipo ganador. Hoy, el “orgullo” se mide en dólares, y cuántos más verdes haya, mayor será el “orgullo”.

Lejos, muy lejos, quedó el “amor a la camiseta”, que motivaba a que los equipos tuvieran una formación similar durante cuatro o cinco años. Tan así las cosas, que cuando chicos, y a veces no tanto, era fácil recitar de memoria cómo iba a integrase el plantel de la próxima competencia. Hoy, los jugadores son simples esclavos (muy bien pagados por cierto) que se cotizan en una pasarela como si fueran un trozo de carne en cualquier mostrador de carnicería.

Y todo esto, tiene responsables: por un lado, las federaciones nacionales e internacionales, así como también los periodistas deportivos, con las honrosas excepciones de siempre.

 Quienes hoy ejercen la profesión de comentaristas deportivos están más preocupados por promover a tal o cual jugador que hacer un análisis concienzudo de lo que sucedió dentro de un campo de juego. Muchos periodistas se escudan en la profesión, y lo que significa ser integrantes de las grandes cadenas de medios de comunicación, para ofrecer sus buenos oficios en la intermediación de una operación comercial entre clubes. Obvio, no es a cambio de un simple ¡Gracias!.

Sólo para referirme a estos mercaderes del fútbol, mencionaré algunos de los principales “periodistas deportivos” que trafican influencias en las operaciones de compra y venta de jugadores: Marcelo Araujo, Fernando Niembro, Mauro Viale, Ernesto Cherquis Bialo, Alejandro Fabbri, y siguen las firmas.

Y tan bajo ha caído el más maravilloso deporte colectivo que haya inventado el hombre que hasta los nombres de las competencias han cambiado, perdiendo totalmente la esencia por las que fueron creadas.

¿Libertadores o empresarios?

Con excepción de los mundiales cada cuatro años, pocos torneos despiertan tanto interés como aquella que supo ser llamada “Copa Libertadores de América”. Hagamos una rápida revisión histórica.

Los choques por la Copa Río de la Plata, entre los campeones de Argentina y Uruguay, encendieron la idea de organizar una competencia continental, allá por los años ’30. En 1948 se jugó un torneo que fue el antecedente más concreto: la Copa de Campeones que disputaron los vencedores de cada país de la temporada anterior y que ganó el Vasco da Gama, de Brasil. Pero fue en 1958, donde se sentaron las bases de la competencia, que se inició en 1960, y lleva su nombre en homenaje a los héroes de la historia sudamericana.

En la primera edición de “la Libertadores”, que tuvo lugar en 1960, participaron siete equipos: Bahía (Brasil), Jorge Wilstermann (Bolivia), Millonarios (Colombia), Olimpia (Paraguay), Peñarol (Uruguay), San Lorenzo (Argentina) y Univ. de Chile (Chile). Los uruguayos conquistaron el trofeo por primera vez, venciendo a Olimpia en las finales. Se hizo así justicia con sus dirigentes, que fueron los que más trabajaron por la invención de la Copa e insistieron en incluir a los subcampeones, asegurando así la participación de los aurinegros y Nacional, dos grandes del Uruguay.

Pero la Copa Libertadores tuvo proyección internacional recién en su tercera edición, donde arrasó con su fútbol excelso el Santos de Pelé. El ballet blanco, que por esa época deslumbraba en las canchas del mundo, se quedó con el título de 1962, venciendo en tres finales a Peñarol, que defendía el título. Un año después, O Rei y su compadre Coutinho volvieron a regalar su magia en forma de paredes, gambetas, tacos, y goles, como los dos de la final que dieron vuelta el resultado en la Bombonera, para doblegar a Boca por 2 a 1 y quedarse otra vez con el trofeo.

Hoy todo eso es anécdota, hasta el hecho de que Independiente de Argentina (también conocidos como Los Diablos Rojos) haya sido el team que más veces se llevó el trofeo.

Un dato que no es menor. Si bien se la conoció como “Libertadores de América”, para los organizadores la única América era la del Sur, y hasta con cierto límites, ya que hace muy pocos años que participan equipos del Caribe o México, y encima lo hacen como invitados. Ni en el fútbol se honró el deseo de la Patria Grande, de la que hablaban aquellos libertadores que se pretendía homenajear en el referido torneo.

En el mercado actual, los “libertadores” ni siquiera son americanos. Toyota, Nissan, Mitsubishi, Sony, Samsung, y muchos otros nombres comerciales venidos del “lejano oriente” dan nombre a los torneos. Está visto que con billetes en la mano, cualquiera es un señor, aunque para ello haya que aniquilar nuestra riqueza histórica de la América latina.

Argentina, caso típico de prostitución

Antes de entrar en detalles, vale la pena consignar que, en la Argentina, las entidades deportivas de cualquier disciplina no son Sociedades Anónimas, sino Asociaciones Civiles sin Fines de Lucro. Como se verá a continuación, parece una broma de muy mal gusto.

 No hace mucho, en los 90, la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) prohibía la emisión en directo de los partidos de primera división. La TV ahuyentaba al público de la cancha y esa pérdida económica no se podía permitir. Incluso, se llegó a impedir que los canales transmitieran los partidos del fútbol de España y de Italia en horarios en los que se jugaba el campeonato nacional. En aquellos años, los canales de aire tenían un promedio de cuatro horas semanales de transmisión de fútbol.

Hoy que la necesidad obligó a los clubes a tener una dependencia casi exclusiva de la televisión, el último torneo tuvo seis partidos televisados en directo en cada fecha, nada menos que el 60% de la jornada. Y eso sin olvidarse de que la oferta por cable permite ver cada fin de semana, además del fútbol argentino, partidos en vivo de los torneos de Italia, España, Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda y México, entre otros. Aquellas prohibiciones parecen ridículas.

 

Aunque todos los dirigentes prefieren un estadio lleno, la gente ya no es la prioridad, sino la enorme pauta publicitaria que sostiene la programación futbolística, ya sea por aire o por cable.

“Una parte importante del presupuesto de Vélez Sársfield depende de la TV. Como los ingresos son cada vez mayores, se fueron aceptando muchas cosas. Igual, eso de que el partido que se televisa no tiene público no era cierto. Si uno garantiza seguridad en la cancha, la gente va igual”, reconoce Raúl Gámez, titular del club del barrio de Liniers, en la capital argentina.

En una época, era muy común que los equipos pidieran el dinero de la TV por adelantado. Un ejemplo: San Lorenzo, en la presidencia de Fernando Miele, cobró nueve años de los torneos de fútbol de verano (que no son oficiales sino para simple divertimento de quienes veranean en distintas plazas turísticas). Es por eso que hoy, la actual dirigencia acordó cobrar sólo el 50% de su participación en los certámenes amistosos, para hacer más llevadera la ausencia del dinero.

Antes el pago se hacía directamente con documentos de la empresa Torneos y Competencias (TyC), que cubre más de 4 millones de abonados, sólo en Argentina, y los clubes cedían esos anticipos para cubrir otras deudas, por lo que se endeudaban permanentemente. Ahora, los clubes cobran su cuota mensual y anual, en la AFA. Casi todos están al día. Como mucho, en casos de urgencia se piden adelantos de quince días.

Pero hay otros que con eso no se arreglan. “Sé de equipos que para una contratación o para cubrir una deuda, alguna vez cedieron a terceros los derechos de cobro en la AFA”, contó el presidente de un club que prefirió mantener su nombre en reserva. “Es que en esto de la tele, te ponés en contra y podés salir mal parado”, explicó.

Como la mayoría de los clubes está tan comprometida económicamente, para golpear las puertas de los dueños del negocio, cada año tuvieron que entregar algo más. La cobertura fue progresiva. Primero fue un partido, dos, luego tres…, hasta llegar a los seis de hoy. Lo curioso es que este nuevo encuentro se entregó sin todavía negociar el monto que recibirán los equipos.

Un negocio en alza

Los ingresos por derechos televisivos representan cifras muy diferentes a las de los primeros años. Hoy, los clubes de primera división y del Nacional B se reparten 90 millones de pesos (30 millones de dólares) por temporada por derechos de TV. En 1990, River y Boca cobraban 170.000 dólares anuales, hoy, la cifra aumentó a casi 4 millones.

Claro que las cifras son muy lejanas a las que se manejan en Europa. En Francia, donde más se paga por exclusividad de transmisión, a Canal + le costó 2,350 millones de dólares por tres temporadas, superando los 2,135 millones que se pagan en Inglaterra por tres campeonatos.

La televisión codificada con la transmisión en vivo de los partidos de la Argentina llegó en 1991. Por un acuerdo, la AFA cedió la exclusividad a TyC (Torneos y Competencias S.A.) de la explotación de los derechos universales de transmisión. Los nuevos capitales que comenzaban a ingresar en los clubes hicieron que las transferencias y los contratos treparan a cifras impensadas años anteriores. Para adecuarse a ese nuevo mercado, la AFA adelantaba a los clubes su participación en la concesión de los derechos televisivos, lo que llevó a que el vínculo entre la AFA y TyC sea renovado antes de alcanzar cada vencimiento. El contrato se firmó hasta el año 2014.

Una relación que se incrementó año tras año

La llegada de la TV satelital codificada marcó un hito en el fútbol argentino. Un quiebre en la reticencia dirigencial hacia la transmisión en vivo de cada fecha. Fue en 1991 (cuando la Argentina vivía en la fantasía de 1 dólar = 1 peso) TyC adquirió los derechos para transmitir un partido los viernes, a cambio de 1,75 millones de pesos. Dos años después, se acordó en 2,5 millones tras la presión de los clubes por elevar aquel monto.

En 1994 se produjo otra novedad: la transmisión en directo (sólo para el interior), del clásico de la fecha. Por ello, los clubes se repartían el 40% del bruto de lo recaudado por la empresa en ese partido, asegurándose un mínimo de 12 millones. Al año siguiente, se extendió a la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, a cambio del 50% y se elevó aquel piso a 15 millones. Luego se incorporaron el del sábado por la noche (en el interior), y el del lunes, que después se pasó al sábado.

En 1999, TyC pagaba 45 millones por el paquete total. En 2001, cuando se incorporó un quinto partido (Boca o River de visitante), aquel monto llegó a 70 millones. Hoy, devaluación de la moneda argentina mediante, para televisar el fútbol argentino, TyC desembolsa 90 millones de pesos (30 millones de los verdes), que en poco tiempo se incrementará pues aún no se fijó el nuevo precio por incorporar un sexto encuentro televisado. Lejos quedaron los primeros pasos de TyC en 1985, cuando negoció pasar sólo el resumen, los domingos por la noche, en “Fútbol de primera”.

Lejos del mundo

A pesar de las cifras enunciadas, exageradas para un país empobrecido como la Argentina, cabe señalar que las cifras que paga la TV a los clubes europeos son muy superiores a las del medio local. Veamos algunos ejemplos.

  • Francia: 785 millones de dólares paga Canal Plus por los derechos de la Liga de primera y segunda.
  • Inglaterra: 710 millones de dólares pagó B Sky B, la empresa de Rupert Murdoch.
  • Alemania: 391 millones de dólares por la Liga alemana.
  • Italia: 118 millones de dólares le pagará Sky Italia a la Juventus por la temporada 2005/6.
  • España: 93 millones por temporada solo al Real Madrid. Cada club negocia con el canal, en este caso Sogecable (Digital Plus).
  • Argentina: casi 31 millones de dólares anuales por temporada. Y como quedó dicho, el contrato vence en el 2014.

La publicidad, dueña de las conciencias

Está claro que todo lo detallado hasta aquí no hubiese sido posible sin la participación de grandes empresas, que desembolsan millonarias cifras en dólares para alzarse con la exclusividad publicitaria en transmisiones que son seguidas por millones de personas a lo largo y ancho del planeta. Hay un caso de estos días que claramente lo demuestra.

El Sadar, cuartel general del club español Osasuna desde 1967, es conocido desde el lunes 26 de diciembre de 2005, y durante tres años, como Reyno de Navarra, para complacer a patrocinadores, como parte de una campaña turística del gobierno regional.

Los directivos del Osasuna ganarán 5,34 millones de dólares por convertir su estadio en lujosa valla publicitaria, cuyo valor aumenta pues el once dirigido por el mexicano Javier Aguirre marcha bien posicionado en la Liga española, muy cerca del líder Barcelona.

En el ahora Reyno de Navarra caben unos 20 mil espectadores, y estrenó su actual nombre con un partido internacional entre China (hasta en esto los asiáticos coparon el mercado) y una selección navarra.

También podemos mencionar el caso de la publicidad en las playeras y cachuchas. La multinacional Samsung pagará 6,5 millones de dólares por año para patrocinar la camiseta del club brasileño Corinthians, en el mayor contrato de publicidad logrado hasta ahora en Brasil por un equipo de fútbol. El acuerdo fue sellado en julio de 2005, en Londres, por Samsung Electronics y el titular del grupo inversor inglés MSI, Kia Joorabchian, quien gerencia el fútbol de Corinthians.

MSI sacudió este año el mercado del fútbol brasileño al contratar para Corinthians a los argentinos Carlos Tévez, Javier Mascherano y Sebastián Domínguez por unos 40 millones de dólares.

Actualmente, Flamengo es quien más recibe de su anunciante, Petrobrás, unos 5 millones de dólares, seguido por San Pablo, que percibe 3.5 millones de dólares al año del patrocinador LG Electronics. Tras haber conquistado la Copa Libertadores, la dirigencia de San Pablo intenta que el contrato con LG para 2006 alcance los 10 millones de dólares debido a que el equipo consiguió una gran promoción en diciembre, cuando en Japón participó del Mundial de Clubes de la FIFA.

En Europa los logotipos corporativos dominan las camisetas de la mayoría de los equipos de fútbol. El Chelsea de Londres, campeón de la liga superior, firmó un contrato de cinco años y 100 millones de dólares con Samsung Electronics para un auspicio en su camiseta. Es el contrato de ese tipo más cuantioso del fútbol británico, según la consultora Redmandarin.

El FC Barcelona, que no ha tenido un auspicio en su camiseta en sus 106 años de historia, está negociando un contrato de cinco años y 129,5 millones con la ciudad de Pekín, que le daría a esa ciudad anfitriona de los Juegos Olímpicos del 2008 el derecho a hacer publicidad sobre el pecho del jugador del año, Ronaldinho, y de sus compañeros de equipo.

Los periodistas llevan su parte

En definitiva, el fútbol es la mayor y más cara prostituta de los deportes profesionales, si analizamos los montos enunciados en los párrafos anteriores. Y como toda prostituta de lujo, que se precie de tal, tiene sus proxenetas o “padrotes”. Ellos son la inmensa mayoría de los periodistas deportivos “con cartel”. Ellos también se suben a la “ola privatizadora” de las conciencias deportivas. Muchos periodistas “compran y venden” jugadores, llevándose su correspondiente comisión. No es poco habitual ver a periodistas de las grandes cadenas con varios automóviles cero kilómetro, mansiones dignas de un jefe de cartel de la droga, o pasando vacaciones en los lugares más caros del planeta. ¿Quién cree Usted que paga tantos lujos?. Un salario de periodista le puedo asegurar que no.

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