La oligocracia mediática es un lastre y un riesgo para la democracia

1 enero, 2006 § Deja un comentario

Cecilio Campos Jiménez

 Los únicos intereses sagrados, los únicos que no se pueden tocar, son los de los medios”
Jesús Silva Herzog Márquez

 

La oligocracia mediática se ha convertido en un lastre y un riesgo para nuestra incipiente democracia, a la que abruma y encarece.  Sus privilegios abusivos no pueden ser tocados y está presionando abiertamente para que se le otorgue aún más poder.  En complicidad con grupos políticos reaccionarios ahora auspicia las reformas antidemocráticas a las Leyes Federales de Radio y Televisión, y de Telecomunicaciones, con el evidente objetivo de mantener y potenciar el régimen discrecional que tanto ha beneficiado a los medios electrónicos, especialmente al duopolio TELEVISA-TV AZTECA, corporaciones comerciales que pretenden apropiarse de la casi totalidad del espectro radioeléctrico nacional, apostando a un modelo de comunicaciones oligopólico basado en una visión enteramente mercantil, que excluye el interés público. No reconoce su responsabilidad social ni se compromete fielmente con los valores democráticos, situación que enturbia y entorpece nuestra vida política, social, económica y cultural.

Las modificaciones a las leyes antes mencionadas, cabildeadas y aprobadas sorpresivamente por la Cámara de Diputados el  1°  de Diciembre del 2005, intentaron tomar desprevenida a la ciudadanía pero desataron una intensa y profunda discusión, que sirve como marco para insistir en el cuestionamiento al estatus de privilegio y el papel mediatizador de los grandes consorcios de difusión masiva en la transición democrática, tema que se vuelve recurrente en la medida que éstos adquieren mayor influencia y poder, y por las distorsiones que están ocasionando en contraposición con la función social que deberían ejercer.

La iniciativa aprobada por los legisladores busca transferir la facultad del otorgamiento de las concesiones a la COFETEL, y que el nombramiento de sus comisionados sea ratificado por el Senado, y forma parte de las reformas transexenales fraguadas por el PRI y el PAN en contubernio con grandes grupos económicos, que ante la posibilidad real de que Andrés Manuel López Obrador gane la Presidencia del país en el 2006, tratan de acotarlo restándole facultades,  para mantener su fuero en materia financiera y de comunicaciones más allá de esa fecha,  y seguir conservando el esquema de ventajas y prerrogativas, al que no están dispuestos a renunciar a favor de la democracia.

Una reforma integral e incluyente de la Ley Federal de Radio y Televisión tendría que tomar en cuenta la participación social y considerar temas imprescindibles, como el acceso al espacio radioeléctrico de diversos sectores, que la Radio y la Televisión respondan a los intereses comunitarios, que el ejercicio periodístico sea profesional y responsable, comprometido con la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a estar informados,  restringir la discrecionalidad y los privilegios excesivos de los medios, entre otros muchos puntos sensibles, para sentar nuevas bases que procuren un desempeño equilibrado de su función, y una relación saludable con la sociedad y el gobierno. Los medios son muy importantes para nuestro desarrollo, y pueden ser un factor que lo haga dinámico, o un pesado fardo que lo inhiba.

Esta vital discusión  aún no ha concluido. El Senado de la República dispuso resolverla hasta su próximo período de sesiones que inicia en febrero del 2006, en el que se tendrá la oportunidad de promover una reforma democrática y constructiva, o de que se consume en esencia tal y como fue planteada originalmente por los Diputados, lo cual significaría simple y llanamente consolidar el poderío de la oligocracia mediática, que cada vez interactúa con mayor audacia con los poderes formales, ya que presupone que tiene el derecho a lucrar económica y políticamente con nuestra naciente democracia.

En el actual escenario, que podría agravarse con una ley a la medida de los monopolios televisivos, diseñada para fortalecerlos y proporcionarles todavía mayores ventajas, la sociedad quedaría definitivamente en estado de indefensión, ya que no existen condiciones para ejercer una libertad de expresión plena, ni se garantiza el derecho de los ciudadanos a estar informados objetivamente. Los medios sólo constituyen un instrumento de control que genera dependencia y enajenamiento. En un régimen así, con una democracia acotada y subdesarrollada, sólo los más poderosos pueden pensar, expresarse, decidir y actuar a su antojo, es decir, únicamente ellos pueden gobernar.

Los medios se resisten a reformarse democráticamente. Empujan hacia atrás en la absurda pretensión de que tienen la posibilidad de mantenerse inamovibles, incluso la opción de marcar el ritmo y curso de la transición, y de condicionar quién  gobierna. No aceptan asumir el rol de facilitadotes de la transición, prefieren ser manipuladores.

 

Encuestas y Reformas Transexenales

Durante tres largos años las encuestas daban una amplia ventaja a Andrés Manuel López Obrador en la carrera por la Presidencia de la República, pero en las mediciones realizadas en noviembre del 2005 destacan los resultados discrepantes obtenidos por algunas encuestadoras, particularmente los de COVARRUBIAS y REFORMA, que comparativamente arrojan una diferencia de 11 puntos con respecto a quien encabeza las preferencias electorales rumbo al 2006. (Covarrubias y asociados: 38% para Obrador y 27% Calderón;  El Periódico Reforma: 29% para Obrador y 28% Calderón).  Aunque también hay que resaltar que la mayor parte de los estudios de opinión arrojaron una ventaja de 4.4 a 10 puntos porcentuales para AMLO, con las siguientes diferencias a su favor:

Revista Milenio + 10%,  Periódico El Universal + 6%, Parametría + 6%, Mitofsky + 4.4%, que traducido en votos equivale aproximadamente de 5 a 6 millones.

Esta divergencia repentina llamó poderosamente la atención, con todo y que este tipo de mediciones no son precisas por sus márgenes de error. Sin soslayar el hecho de que efectivamente es normal que las distancias entre los contendientes tiendan a acortarse, en la medida que avance el proceso y que se acerque el 2 de julio, la lectura más inmediata de esta divergencia tan marcada es que las encuestas ya empezaron a ser utilizadas con fines propagandísticos, es decir, para manipular la percepción pública, presentando a un López Obrador a la baja y con reducida ventaja respecto  Felipe Calderón, a quien se ostenta en segundo sitio y en ascenso, prácticamente ubicándolos en empate técnico.

Oportunamente anticipamos a través de Kiosco, en el ejemplar número 8, de agosto del 2005, por medio de una entrevista que se me realizó, que era inminente una estrategia semejante. Como puntualmente señalamos, un cuadro que apareciera  muy cerrado, es conveniente para los medios de comunicación oligopólicos, tan interesados y dispuestos a influir en quién será el nuevo mandatario del país, sobre todo si está en juego un cambio de reglas que modifique su posición acomodaticia.

Parafraseando lo vertido en esa ocasión, se advirtió que las encuestas no tardarían en presentar resultados que reflejaran corta distancia entre los contendientes, con acuse de recibo para el Peje, que dicho sea de paso, no goza de las preferencias del poder mediático y enfrenta un escenario hostil, del que forma parte esta guerra de cifras. Es en una contienda que se proyecte apretada, en la que tales medios pueden gravitar con mayor eficacia y generar desequilibrios. Por eso hay que leer  entre líneas los resultados, que pretenden hacer creer de manera artificiosa que el ganador de la elección presidencial podría ser un candidato que viene de atrás, para con esto polarizar al electorado y promover una especie de voto útil en contra de López Obrador, pero por otro lado, casi de manera simultánea, las cúpulas tradicionales de la economía y la política,  actúan  de  forma  contradictoria.

Respecto a la idea que intentan vender de un escenario electoral parejo e impredecible, exhibiendo su temor ante el inminente triunfo del AMLO en las urnas,  al emprender iniciativas para privarlo desde ahora de facultades financieras, reformas que han sido denominadas transexenales, porque buscan conservar el poder que ahora tienen en esa materia más allá del 2006.

Después de 5 años de no lograr acuerdos para impulsar reformas estructurales, el PRI y el PAN súbitamente coinciden en la autonomía del SAT. (Inicialmente plantearon incluso otros organismos financieros, como la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, y el Sistema de Ahorro para el Retiro)  López Obrador ha sido el único candidato que ha expresado su intención de modificar la política económica, y replantear la relación con los medios, por lo menos en lo que se refiere a la etapa de su campaña presidencial: desde abajo y con la gente, sin limitarse a la mercadotecnia, porque no se trata de introducir un producto al mercado, sino de postular ideas para la transformación del país.

El objetivo de las reformas al Sistema de Administración Tributaria, que implica que el actual Presidente deje en funciones a los directivos del mismo, es impedir un cambio de rumbo en la conducción de la economía, que se sostiene con los ingresos petroleros, las remesas de los migrantes, el comercio informal y el narcotráfico. Si se incapacita al nuevo ejecutivo para manejar la recaudación fiscal, es decir, quitarle la operación financiera, impediría que aplicara un plan económico alternativo, y aseguraría que se diera continuidad al actual modelo, que ha provocado una enorme concentración de la riqueza en unas cuantas manos, y por ende desigualdad social, pobreza, desempleo, salarios de hambre, y expulsión de compatriotas fuera de México.  (Según el Consejo Nacional de Población, tan sólo en este año la miseria y la falta de oportunidades expulsaron a casi 400,000 personas, la mayor parte a Estados Unidos).  Estas reformas de tufo oligárquico intentan burlar premeditadamente la voluntad popular: Los ciudadanos podemos elegir quien será el nuevo Presidente, pero no tenemos derecho a decidir cambiar  las condiciones económicas, siendo que éstas son básicamente las que se desea modificar por la gran mayoría, apoyando un  proyecto de gobierno diferente; si no para qué sirve la democracia. Cuando ésta no es capaz de responder a las expectativas de la gente entonces viene el desencanto, pierde legitimidad y se inhibe la participación.

Habrá quien pueda sacar ventajas en un estado de cosas semejante, pero a la larga es insostenible. Si se aspira a que este país de un gran salto hacia adelante, a que se modernice y se inserte con éxito en el contexto mundial, urge realizar cambios transformadores, progresistas, que revolucionen nuestro desarrollo, mismos que inevitablemente pasan por los medios de difusión masiva,  la economía y la forma cómo se dirige. Sin esto la democracia es pura ficción.

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